Para el año no es posible descartar un crecimiento inferior a 2%, por debajo del crecimiento de los últimos dos años y bajo el rango entre 2% y 3% estimado por el Banco Central hace pocos días.
Publicado el 07.01.2016
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Noviembre era el mes en que podíamos esperar una buena cifra de crecimiento; sin embargo, la economía volvió a decepcionar. En esta nueva realidad que nos acompaña desde hace un par de años, una buena cifra quiere decir un crecimiento cercano a 2,5% y las expectativas de consenso se habían alineado en torno a esa cifra o incluso sobre ella. Varias condiciones favorables se cumplían en noviembre: un día hábil más que en igual mes del año anterior, la base de comparación era baja y las cifras de coyuntura mostraban un crecimiento relativamente elevado del comercio minorista. No obstante, la economía creció sólo 1,8% interanual y se contrajo 0,5% respecto de octubre. Este resultado es preocupante porque justo cuando habíamos aceptado que era normal que la economía creciera entre 2% y 2,5%, nos encontramos con que en los últimos cuatro meses ha crecido en promedio bajo el piso de ese pobre rango.

Diciembre no habría sido un mejor mes, ya que estimamos que la economía creció 1% o menos y no descartamos una nueva contracción mensual. Así las cosas, el cuarto trimestre de 2015 habría cerrado con un magro 1,4% interanual y el año con un crecimiento de apenas 2%, nada muy distinto de lo ocurrido en 2014 y bajo el 2,1% que el Banco Central proyectó hace pocos días en su informe trimestral, en el cual contempló un mayor dinamismo de la actividad de lo que estamos viendo en las cifras efectivas para la parte final del año pasado.

Considerando la ralentización del gasto público observada en octubre y noviembre, el IMACEC de noviembre deja en evidencia la debilidad que persiste en el componente privado de la demanda. Pensando en 2016, hablar de un crecimiento en torno a 2%-2,5% es optimista sin un impulso fiscal como el observado el año pasado. Cifras de crecimiento en el rango 1%-2% parecen formar parte de la nueva realidad con la que enfrentamos este inicio de año.

No se trata de ser pesimista porque sí, sino que hay una serie de factores que podrían explicar un desempeño aún más débil este año, dentro de los que se cuentan un ambiente externo altamente volátil y con riesgos bajistas; una confianza de consumidores y empresarios que se mantiene deprimida y sin luces de una recuperación inminente; tasas de interés más altas; el ya señalado menor impulso fiscal y el probable aumento del desempleo que mantendrá deprimido el consumo privado de bienes y servicios. El deterioro de las expectativas ha sido clave para explicar la desaceleración económica de los últimos años y, lamentablemente, no podemos esperar una recuperación del ánimo de los agentes económicos al menos durante el primer trimestre del año, toda vez que proyectamos cifras de crecimiento muy bajas en diciembre y enero, al menos.

Para el año no es posible descartar un crecimiento inferior a 2%, por debajo del crecimiento de los últimos dos años y bajo el rango entre 2% y 3% estimado por el Banco Central hace pocos días. En un ambiente en que la inflación se mantiene alta y resiliente, es posible que el Instituto Emisor no ceda en su intención de seguir elevando las tasas de interés, sin embargo, consideramos que subir la TPM mirando de manera unívoca la inflación en un escenario donde la desaceleración continúa con consecuencias desinflacionarias de mediano plazo, podría llevar a acentuar la ralentización del crecimiento.

 

Hermann González, economista principal BBVA Research Chile.

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/AGENCIAUNO