Si el objetivo es brindar seguridad y mejores condiciones laborales a los trabajadores, la mejor receta es un mercado competitivo que les pueda brindar opciones para cambiar de trabajo en caso que el trabajador no se sienta a gusto en su empresa o con su empleador. En otras palabras, la solución consiste en crear empleo productivo y no en establecer monopolios.
Publicado el 27.02.2016
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La Nueva Mayoría continúa firme en su intención de que la reforma laboral sea aprobada en marzo. Los ministros de Hacienda, Rodrigo Valdés, y de Trabajo, Ximena Rincón, tuvieron una reunión para analizar los posibles cambios de la polémica reforma. Entre los puntos en discusión, se destaca el reemplazo en huelga, que es sumamente peligroso en la reforma laboral y en su impacto en una economía que no le espera un buen 2016. Además, la incertidumbre empresarial continúa siendo alta. Prueba de esto es el Índice de Confianza Empresarial, publicado por el Centro de Estudios en Economía y Negocios (CEEN) mostrando en enero un débil desempeño.

Una vez entendido que el escenario no es el más alentador para este año, conviene también comprender que una eventual huelga sin reemplazo podría causar mucho más daño a la economía, sobre todo en las Pymes que no cuentan con la espalda suficiente para soportar por tiempo prolongado estas acciones. Más grave es aún, que la Nueva Mayoría esté tan convencida que este punto no debe alterarse. Mantener la idea de huelga sin reemplazo sólo logra otorgarle un poder monopólico a los sindicatos. De esta manera, un empleador quedaría atado de pies y manos ante cualquier reclamo que se le ocurra a los trabajadores (o a los sindicatos) si es que no se puede reemplazar a los trabajadores que entran en huelga, ni siquiera internamente.

Nadie puede privar a los sindicatos que cumplan su rol en la economía defendiendo a los trabajadores. No obstante, hay límites. De este argumento debe no concluirse que los empleadores se vean obligados a negociar con los sindicatos, y mucho menos que éstos adquieran tanto poder. Una cosa debe quedar clara, del hecho de que no exista una obligación para negociar con los sindicatos, no se desprende una tiranía del empleador. Sin embargo, desde este argumento falaz, el gobierno pretende “equiparar la cancha” entre trabajadores y empleadores, generando una tiranía sindical por medio de la huelga sin reemplazo.

Si el objetivo es brindar seguridad y mejores condiciones laborales a los trabajadores, la mejor receta es un mercado competitivo que les pueda brindar opciones para cambiar de trabajo en caso que el trabajador no se sienta a gusto en su empresa o con su empleador. En otras palabras, la solución consiste en crear empleo productivo y no en establecer monopolios. Una de las ventajas de Chile es que se encuentra abierto al mundo. Es sólo cuestión de generar los incentivos necesarios para que la inversión externa vuelva generando crecimiento y nuevos puestos de trabajo.

 

Iván Cachanosky, investigador Fundación para el Progreso.

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO