El mismo Gobierno cuya Presidenta no viaja a La Araucanía y que invierte menos del 1% del presupuesto en ciencia y tecnología para el 2016… nos viene a decir que la solución son ministerios. Suena hasta insultante.
Publicado el 24.01.2016
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¿Cuántos ministerios necesita un país como Chile? Depende. No hay una sola respuesta. Al retorno a la democracia existían 19 ministerios. La Presidenta Bachelet pretende terminar con 22. Esto sin perjuicio de la gran cantidad de subsecretarías que se han creado en el último tiempo.

La subsidiariedad exige una mirada siempre prudencial respecto del rol del Estado y su legítima influencia para la concreción siempre constante del bien común. De ahí que, en abstracto, negarse a la creación de nuevas carteras “per se”, es una posición ideológica que dista de la concepción que inspira nuestro orden constitucional. De ahí que la necesidad o no de nuevos ministerios -su tamaño y funciones- dependerá siempre del contexto. Por ejemplo, en el inicio de la República el Ministerio de Guerra y Marina tenía una gran preponderancia que dista mucho de la que hoy tiene el denominado Ministerio de Defensa. De la misma manera, tener un Ministerio del Medio Ambiente, que seguro sería visto como una verdadera audacia administrativa en el siglo XIX, hoy parece más que sensato. Recordemos que hasta hace poco tiempo atrás existía sólo la Comisión Nacional de Medio ambiente… con apenas rango de Ministerio.

Sin perjuicio de lo anterior, debemos examinar con mucha detención cada propuesta de nuevas carteras. Crearlas implica un costo enorme para el Estado: altos sueldos, personal, asociación de funcionarios, paros ilegales, viáticos, burocracia, recursos físicos, oficinas… deudas operacionales, auditorías, presentación constante de proyectos de ley que justifiquen a los asesores legislativos: más y más planificación y regulación. Además, y más importante, crear un nuevo ministerio implica, al final del día, “planificar y regular centralmente una actividad”, restando inmediatamente protagonismo a los particulares que pueden desarrollar soluciones privadas a problemas públicos. Por ejemplo, el éxito de la Teletón radica, entre otras cosas, en que el Estado no interviene directamente en la actividad de la rehabilitación de los niños. Funciona.

En el caso concreto: ¿necesitamos un ministerio para los asuntos indígenas? Pareciera ser que una solución al “problema/cuestión mapuche”, cuestión que es de difícil comprensión, donde se cruzan intereses ideológicos y respecto del cual el Gobierno se cierra a la existencia de terrorismo, no pasa por aumentar la burocracia. La creación de un ministerio de asuntos indígenas sólo perpetuará el problema, pues generará una sensación permanente de “algo pendiente” y requerirá justificación constante de su existencia. Una vez que se crea un ministerio nunca más se cierra. De ahí que no parece ser que los problemas que tiene la Conadi tengan solución definitiva a través de un ministerio. Un verdadero voladero de luces del Gobierno para decir “cumplimos. Estamos avanzando en reivindicaciones”.

De manera inédita el presupuesto Conicyt para el 2016 motivó múltiples protestas de parte del mundo científico por su poco aumento. El senador Guido Girardi incluso señaló que: “Chile había elegido la ignorancia”. El Gobierno entonces opta por una solución “típica de izquierda”: en vez de aumentar los recursos para las universidades, sociedades y comisiones científicas, estaremos destinando recursos -siempre escasos- a más burocracia estatal. Justamente lo que no se necesita. Otra “señal potente” al mundo científico. Más bien es otra “señal potente” de dirigismo estatal.

En resumen, estos dos ministerios no tienen justificación. El mismo Gobierno cuya Presidenta no viaja a La Araucanía -y cuando viaja no le dice a nadie-; el mismo gobierno que invierte menos del 1% del presupuesto en ciencia y tecnología para el 2016… nos viene a decir que la solución son ministerios. Suena hasta insultante.

 

Máximo Pavez, director del Área Legislativa de la Fundación Jaime Guzmán.

 

FOTO: PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA