Ahora lo que se está planteando son acuerdos para destruir todo lo bueno que ayer acordamos mantener.
Publicado el 16.11.2014
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A raíz del clima de creciente polarización que se ha generado en el país, principalmente como consecuencia de las reformas impulsadas por el gobierno, se ha destacado el efecto beneficioso que tuvieron los acuerdos que Concertación y Alianza alcanzaron en el pasado en múltiples ámbitos. Es más, varias personas han señalado que en esos acuerdos estuvo la clave de la estabilidad y el progreso del país en las últimas dos décadas.

Esa afirmación es correcta, pero en la medida que lleva implícita una realidad que es bueno explicitar, porque como reza el viejo dicho: “Hay cosas que por sabidas se callan y por calladas se olvidan”. Obviamente aquellos acuerdos fueron virtuosos, pero gracias a que permitieron mantener lo esencial del modelo de desarrollo y generar un clima de paz social que no existió en todo el siglo XX. Lo realmente virtuoso estuvo en el contenido mismo de los llamados consensos.

Quedarnos en los acuerdos, como un valor en si mismos, nos está conduciendo a que la Nueva Mayoría ofrezca y demande de la oposición voluntad para consensuar ahora la reforma educacional, mañana la laboral y después la constitucional.

Pero la diferencia obvia es que ahora lo que se está planteando son acuerdos para destruir todo lo bueno que ayer acordamos mantener. En el caso de la reforma educacional, por ejemplo, cualquiera de los tres pilares en que se funda hace imposible por si mismo un acuerdo, por ello el parlamentario de oposición que le pusiera su firma estaría haciendo abandono formal de la esencia del pensamiento de centroderecha.

La descalificación ética del emprendimiento en educación (eso es la llamada prohibición del “lucro”), la descalificación ética del esfuerzo que hacen los padres de clase media para aportar en la educación de sus hijos (eso es la prohibición del “copago”) y la descalificación ética del esfuerzo individual como base del progreso y de la libertad para crear proyectos educativos con un sello específico (eso es la prohibición de la ”selección”), niega precisamente los fundamentos éticos de una sociedad que se organiza sobre la libertad individual.

La objeción que se hace a cada uno de estos puntos y, por ende, la razón de fondo para cambiarlos no está en una opción de política pública, no es una cuestión de eficacia. La reforma se funda en la afirmación que el emprendimiento, el copago y la selección generan un resultado ilegítimo en las relaciones sociales. Por eso es que para la oposición no es posible el acuerdo sin renunciar a elementos esenciales de su proyecto político.

Por una cuestión de sobrevivencia como pacto la Nueva Mayoría no estará dispuesta a ofrecer un acuerdo sobre la base de renunciar a estos tres puntos. Al contrario, probablemente igual que en la reforma tributaria, a lo más estará dispuesta a conceder mecanismos de aplicación de estos tres cambios fundamentales que los hagan menos violentos para los actuales sostenedores y/o para las familias que hoy tienen a sus hijos en la educación particular subvencionada.

Esto es lo que define también la posición de la DC que, a diferencia de la oposición, estará siempre dispuesta a buscar acuerdos que conservan el fondo y se ajustan en la forma, exactamente como ocurrió en el proyecto tributario. Los partidos de la Alianza no pueden obviar que mientras la DC está incomoda por los efectos de los proyectos, la derecha debiera estarlo primero por las razones en que se fundan y además por sus efectos.

Por todo esto, lo que la Nueva Mayoría ofrece a sus adversarios son verdaderos contratos de adhesión; vale decir, ellos definen los contenidos esenciales y ofrecen a la oposición aceptarlos a cambio de modificaciones menores en su implementación. Exactamente lo contrario de lo que fueron los acuerdos que nos permitieron una transición ejemplar.

Los acuerdos son positivos y fortalecen la democracia, pero no sólo cuando ambas partes los firman, sino cuando ambas partes los escriben y, por lo menos en la reforma educacional, estamos muy lejos de que ello sea posible.

Parece que esta vez la mejor contribución que puede hacer la Alianza a nuestra democracia es ofrecer claramente la alternativa política en que la educación es un campo abierto al emprendimiento, los padres pueden aportar a la educación de sus hijos y cada proyecto educacional privado tiene la libertad de establecer los parámetros para pertenecer a él.

Gonzalo Cordero, miembro del #ForoLíbero

FOTO: CRISTÓBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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