Los mismos chilenos que critican a los estadounidenses por elegir a Donald Trump, están dispuestos a apostar por una aventura incierta y carente de proyecto político como la del senador Guillier. Nos haría bien una cuota de autocrítica y de mayor análisis respecto a lo que queremos como país, y a quién estamos dispuestos a instalar en La Moneda para que gobierne.
Publicado el 14.11.2016
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El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos ha sido motivo de diversos análisis sobre el fenómeno que está detrás de lo que para muchos ha sido un sorpresivo y lamentable episodio. No son pocos quienes consideran que lo ocurrido es parte de un proceso global que también tiene su propio capítulo en Chile.

Las reiteradas movilizaciones que se vienen sucediendo desde 2011 —cuyo punto de partida fue el movimiento estudiantil, y que hoy se extiende a aquellos que llaman a terminar con el sistema de AFP— pareceN reflejar un cierto “malestar” con la institucionalidad vigente y las elites.

Se trata de demandas tan amplias y heterogéneas que cuesta dimensionar qué es lo que hay detrás y hacia dónde se encaminan. No parece haber un denominador común en todo este barullo que estamos presenciando. Al contrario, existen contradicciones vitales en gran parte de las transformaciones que promueven ciertos grupos —muchos de ellos minoritarios y vocingleros—, ya que la solución que plantean para resolver determinados problemas va en la dirección opuesta a lo que ellos mismos piensan.

A modo de ejemplo, es llamativo que los adherentes al movimiento “No + AFP” exijan terminar con el actual modelo de administración de fondos de pensiones y sustituirlo por un sistema de reparto solidario administrado por el Estado. ¿Dónde está la contradicción, se preguntará usted? Basta observar las encuestas para apreciar el amplio rechazo que muestran los ciudadanos hacia los dirigentes políticos, en quienes dicen no confiar porque o los consideran derechamente corruptos y poco honestos, o porque sólo velan por sus intereses.

Si ese sentimiento de rechazo que reflejan los sondeos es cierto, ¿por qué entonces una parte de esos ciudadanos está dispuesta a entregarle a esos mismos dirigentes políticos que repele (en este caso, a los que controlan el Estado) la posibilidad de manejar los miles de millones de dólares de los fondos de pensiones —que pertenecen a todos los chilenos— para que los administren? ¿Acaso alguien estaría dispuesto a entregarle sus ahorros personales a un individuo o entidad de quien desconfía y considera deshonesto?

Esta incongruencia, además, es alimentada de forma farisea por un puñado de dirigentes políticos, como es el caso del senador Alejandro Guillier, quien hace unos días señaló en la prensa que “el sistema de AFP no va a ofrecer, por más que le agreguemos aderezos, buenas pensiones”. ¿Qué considera el ex lector de noticias una “buena pensión”? Porque para alguien que gana el sueldo mínimo, una buena pensión puede ser un monto muy distinto al de una persona que gana un millonario sueldo, como el que percibe el senador Guillier. Sería oportuno, entonces, que el parlamentario despejara qué asume él como una buena pensión, y cómo el sistema de reparto que promueve podría garantizarla.

Quiero referirme a este mismo dirigente político para dejar en evidencia otra de las incongruencias en que caemos los chilenos respecto a nuestras demandas. En todos los sondeos de opinión, la ciudadanía manifiesta su fuerte rechazo al Gobierno y en particular a la Presidenta Bachelet. Aun cuando este indicador se explica por múltiples causas, es notorio que un gatillador sea la molestia de los chilenos con parte de las reformas que ha impulsado la Mandataria y la forma en que su gobierno las ha implementado. En definitiva, parece que nos dimos cuenta de que el carisma personal y la empatía no son atributos suficientes para concederle a alguien el poder de conducir el Estado, y menos con un cheque en blanco.

Pero vaya inconsistencia. Pese a que rechazamos ese tipo de representantes, un sector no despreciable de la población parece dispuesto a apoyar para la Presidencia a un dirigente político como Guillier, sin importar que no sepamos lo que piensa en los temas relevantes para el país, cuáles son sus propuestas ni cómo pretende implementarlas. O sea, hay quienes están dispuestos a repetir la mala experiencia actual.

Son precisamente esos mismos chilenos que hoy aparecen criticando a los estadounidenses por haber elegido a Donald Trump los que están dispuestos a apostar por una aventura incierta y carente de proyecto político, como la del senador Guillier. Por lo mismo, nos haría bien una cuota de autocrítica y de mayor análisis respecto a lo que queremos como país, y a quién estamos dispuestos a instalar en La Moneda para que gobierne.

 

Carlos Cuadrado, periodista

 

Foto: FRANCISCO FLORES SEGUEL  /AGENCIAUNO