Lo que se requiere es un cambio profundo de actitud y un mayor liderazgo de todos aquellos que ocupan posiciones de responsabilidad. Debemos dejar nuestras trincheras, cruzar a la vereda de al frente y estrecharle la mano a nuestros adversarios.
Publicado el 11.07.2016
Comparte:

Mientras algunos reflexionan sobre si nuestro país se encuentra inmerso en una crisis política, económica y social o bien solo vive una crisis de confianza en sus instituciones, lo cierto es que estamos en una crisis. Las ha habido en Chile en muchas épocas, formas y profundidades. Basta solo recordar aquella de los años 70 que derivó en una profunda crisis institucional y quiebre democrático; luego, la crisis de los 80 que conjugó una severa crisis económica con una falta total de dialogo político entre gobierno y oposición.  A partir de los años 90, el país toma un rumbo en lo institucional, político, económico y social que difícilmente pueda recordarse en nuestra historia reciente. La desconfianza inicial entre los distintos actores del nuevo gobierno democrático fue encarada con determinación, coraje, prudencia y sobre todo voluntad de construir un mejor país, uno que dejara atrás las desconfianzas y diera inicio a un modelo de dialogo público-privado sin precedentes. Se le llamó la democracia de los acuerdos, aquella que algunos quisieron enterrar y que ahora parece que no era tan mala después de todo. Buena o mala, se la ha minimizado por algunos y se la ha extrañado por otros. Pero lo cierto es que quizás debería definirse nuevamente como la democracia del diálogo, una que descansaba en la confianza recíproca entre antiguos adversarios políticos, que supieron dejar atrás sus diferencias y trabajar unidos por un Chile mejor.

La crisis de confianza que hoy experimentamos nuevamente no distingue entre adversarios o partidarios de un determinado gobierno, sino que permea a toda la sociedad. Nadie se salva. Ni los parlamentarios, ni los empresarios, ni la Iglesia Católica, ni los trabajadores. ¡Si hasta las organizaciones de la sociedad civil están empezando a ser cuestionadas! Se ha buscado todo tipo de explicaciones y respuestas a este fenómeno. También a los culpables, bajo diferentes clasificaciones o sectores. Se han mejorado las leyes, como si ese solo hecho fuera suficiente para solucionar la crisis de confianza que vive el país. Sin pretender cuestionar la legitimidad o necesidad de cambios constitucionales, algunos creen ver la solución a todos nuestros problemas en una reforma a la Carta Fundamental, mientras otros, los menos, quieren ir más allá y refundar el país. A este cuadro general podemos sumar a aquellos que asumen con dificultad o lentitud los cambios que ha experimentado nuestra sociedad y que no entienden que, si no se ajustan a estos cambios, simplemente quedarán anclados en un pasado que ya no existe.

Las leyes nunca serán lo suficientemente perfectas para generar aquel espacio fértil que se requiere para recuperar la confianza perdida. Las leyes perfectas no existen. Si a ello sumamos la demagogia y el populismo que promueven algunos sectores minoritarios, pareciera que la solución a esta crisis de confianza está cada vez más lejana. Por ello, no busquemos las soluciones únicamente en el Estado. Tampoco esperemos que sean mágicas. Lo que se requiere es un cambio profundo de actitud y un mayor liderazgo de todos aquellos que ocupan posiciones de responsabilidad. Debemos dejar nuestras trincheras, cruzar a la vereda de al frente y estrecharle la mano a nuestros adversarios. A partir de un diálogo honesto y sincero entre los distintos actores, los acuerdos llegarán solos.

Quienes suscribimos esta columna hemos desempeñado en el pasado o actualmente desempeñamos diferentes posiciones de ejercicio de función pública en el sector público o privado y nos proponemos construir un nuevo espacio de confianza que valorice el diálogo en nuestra sociedad. Aunque hayamos sido parte del problema, estamos convencidos que somos parte de la solución. Como chilenos, nos comprometemos al diálogo y a la recuperación de confianzas. Esa es nuestra invitación. Así de simple. Chile lo merece. Los chilenos lo merecen.

Beatriz Corbo A.

Francisco Orrego B.

Juan Pablo Olmedo B.

Javier Insulza M.