Es inevitable la inversión en infraestructura, aumentando a tres el número de pistas en las autopistas más demandadas.
Publicado el 14.09.2014
Comparte:

Cada 18 de septiembre surge el tema de los tacos en las autopistas interurbanas, especialmente en las salidas de Santiago. Sobre todo después del mega-taco acontecido el año 2012 en esta misma época, en que un viaje entre Santiago y Rancagua tardó hasta siete horas, en lugar de los habituales 80 minutos.

El año 2013, salieron en Fiestas Patrias 253 mil vehículos por la Ruta 5 Sur, seis mil más que en 2012. Sin embargo, si bien existió congestión, los tiempos de viaje fueron menos de la mitad que en 2012.

¿Cuál es la explicación para ello? Básicamente, el año pasado se implementaron medidas de gestión de demanda, y se efectuó una muy intensa campaña a cargo de autoridades del MOP y del MTT incentivando a las personas a planificar su viaje y a tratar, en la medida de lo posible, de modificar sus horarios de salida y de retorno.

Y funcionó bastante bien. Las medidas de gestión implementadas (3×1 para el uso de pistas, restricción a la circulación de camiones, e incentivos tarifarios) lograron aumentar en cerca de un 20% la capacidad de la autopista. Pero más sorprendente fue ver flujos de 2.500 vehículos por hora en horarios muy poco comunes, como las 2 de la madrugada. Es decir, parte importante de los viajeros sí cambió su patrón de viajes para evitar la congestión.

Sin embargo, no podemos pretender que medidas de gestión como las mencionadas, o que el comportamiento esporádico de los viajeros, vayan a resolver el problema de congestión en autopistas interurbanas durante los períodos estivales.

Conforme siga creciendo el ingreso per cápita de los chilenos, la cantidad de autos seguirá aumentando, y además más familias podrán optar a tomar vacaciones durante estas épocas. Luego, y tal como ha sido la tendencia en los últimos años, el flujo interurbano probablemente seguirá aumentando a tasas cercanas al 10% anual.

En este escenario, es inevitable la inversión en mejoras de  infraestructura, específicamente aumentando a tres el número de pistas, especialmente en aquellas autopistas que permiten salir de Santiago y que presentan mayor demanda, como son la Ruta 5 Sur y la Ruta 68 hacia Viña y Valparaíso.

Algunos podrían criticar, legítimamente, que no se justifica invertir importantes sumas de dinero en infraestructura que es utilizada pocas veces en el año. Si bien este argumento es adecuado, no podemos olvidarnos de la proyección futura de los flujos. A un crecimiento de un 10% anual de la demanda, en siete años se duplicarán los flujos. Ello conllevará a que la probabilidad de colapso sea mayor, tenga un impacto más alto en la calidad de servicio, y pueda ocurrir en períodos que hoy en día ni siquiera imaginamos que podrían existir problemas.

Además, si consideramos cuánto tiempo tardan estas infraestructuras en iniciar su funcionamiento desde que se presentan como ideas, son luego estudiadas, definidas, licitadas y finalmente construidas, el plazo podría ser cercano o incluso superior a siete años.

Otros han planteado la posibilidad de usar un TAG interurbano. Si bien este dispositivo ayudaría bastante en épocas normales, no presentaría ayuda en épocas estivales de alta demanda. Esto se debe a que el cuello de botella de las autopistas interurbanas durante estos períodos estivales es el número de pistas, y no la plaza de peajes. Con dos pistas, las carreteras permiten un flujo máximo de 2.800 vehículos por hora y, con la medida 3×1, la capacidad aumenta a 3.600 vehículos por hora. Una plaza de peajes permite atender a más de 4 mil autos por hora.

Complementariamente, existe la posibilidad de utilizar las tarifas como herramienta de gestión de la demanda, para así incentivar un uso más eficiente de la infraestructura durante las distintas épocas del año. Sin embargo, ello conlleva no sólo una renegociación de contratos, sino también una voluntad política por parte de las autoridades.

Nuestro desafío como país es pensar a futuro, aprendiendo del pasado, y entendiendo que la inversión en infraestructura de transporte es probablemente uno de las inversiones más rentables y equitativas que como país podemos efectuar.

 

Louis de Grange, Doctor en Transporte, Universidad Diego Portales.

 

FOTO:GENTILEZA LA TERCERA/AGENCIAUNO