De más está decir que Donald Trump es un republicano atípico y que ello se está reflejando con fuerza en su accionar como Presidente del país más influyente del mundo occidental. Pero nada bueno resulta de este nivel de incertidumbre.
Publicado el 16.02.2017
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¿Quién se lo habría imaginado?, pero por primera vez en la historia (o al menos en mucho tiempo) estamos siendo testigos de cómo la instalación del gobierno de Estados Unidos está llena de complejidades y exabruptos institucionales.

El Presidente Donald Trump ha ido de un traspié a otro, pasando desde sus decretos administrativos contra la inmigración selectiva, hasta las incertidumbres que instala su equipo económico al no tener claro cómo materializará sus promesas de campaña de bajar impuestos e impulsar el gasto en infraestructura.

De más está decir que Trump es un republicano atípico y que ello se está reflejando con fuerza en su accionar como Presidente del país más influyente del mundo occidental. Pero nada bueno resulta de este nivel de incertidumbre. Recientemente, Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal norteamericana –equivalente a nuestro Banco Central-, le advirtió al Gobierno que se necesitan señales claras de cómo abordará la propuesta de rebaja tributaria que hizo en la campaña, considerando que ha comprometido aumentos de gastos en infraestructura y armamentismo, pudiendo generar un déficit fiscal con el consecuente aumento en la deuda norteamericana.

Esto que parecería alejado de nuestro país, tiene consecuencias importantes para nosotros, ya que si aumenta la deuda de Estados Unidos habrá repercusiones en las tasas de interés a nivel mundial y, además, generará efectos duros sobre el dólar, haciendo subir su cotización. Esto es particularmente preocupante para Chile, ya que un alza en el dólar hará que se consoliden las presiones inflacionarias y ello frena el dinamismo de la economía nacional.

Qué duda cabe que una rebaja tributaria genera un traspaso de recursos desde el sector público al privado. Sin embargo, ello no implica que se materialice una menor recaudación de impuestos, ya que los mayores recursos que quedan disponibles para los privados son gastados y tributan como corresponde, de manera tal que el efecto recaudador de esa transferencia no disminuye en 100% las arcas fiscales. Incluso se podría dar que la recaudación por mayor gasto privado, sumada al mayor dinamismo de la economía y aumento en el empleo, entre otros, pueda terminar siendo mucho mejor en términos de ingreso fiscal.

El otro efecto a considerar sobre lo que hace o no hace Estados Unidos, son las decisiones de nuestro Banco Central, que el martes de esta semana acordó no bajar la tasa de interés y dejar ese ajuste para marzo. De seguro esto no le debe haber gustado nada al ministro de Hacienda, quien necesita usar todo el instrumental disponible para impulsar la economía, sobre todo porque producto del bajo dinamismo y los desequilibrios fiscales de este Gobierno, podríamos estar ad portas de una reclasificación de riesgo a la baja para nuestro país, aumentando el costo de la deuda pública y la privada.

En fin, Estados Unidos nos tendrá como “loro en el alambre” mientras no se decante completamente la instalación de la nueva Casa Blanca y mientras las señales económicas no sean claras y contundentes de que ha llegado una administración fiscal responsable.

 

William Díaz, economista