Sostener en el caso de Oscar Landerretche que “los grupos que usan la violencia son terroristas y punto” y no tener la capacidad para condenar a aquellos grupos que han utilizado sistemáticamente la violencia en La Araucanía es un contrasentido. Lamentar el inaceptable ataque a Landerretche y guardar silencio frente a la muerte del trabajador José Retamal es algo difícil de entender.
Publicado el 18.01.2017
Comparte:

En los últimos días Chile ha tenido dos sorpresas vinculadas al estallido de la violencia y la realización de actos “terroristas”. La primera tiene que ver con los hechos: en Santiago, el presidente de CODELCO, Óscar Landerretche, sufrió un atentado con una bomba dentro de su casa, que felizmente no tuvo resultados fatales; en el sur, en Cañete, una vez más fue atacado un fundo, con un ataque incendiario, cuyo resultado fue no sólo el daño material, sino también la muerte del cuidador José Retamal, quien murió calcinado.

La segunda sorpresa se refiere a la interpretación de los hechos por parte de las autoridades de Gobierno. La Presidenta Michelle Bachelet, en un comprensible acto, escribió un tuit pocas horas después del atentado contra Landerretche, quien es militante del Partido Socialista: “Toda mi solidaridad con Óscar Landerretche y su esposa Patricia Medrano. Mi más profundo rechazo al atentado que sufrieron”. Muchos nos quedamos esperando una referencia similar hacia el trabajador asesinado, pero las palabras sobre Retamal no llegaron.

El subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, por su parte, señaló escuetamente a propósito del ataque al presidente de la cuprífera estatal: “Los grupos que usan la violencia son terroristas y punto”. Por otra parte, respecto del asesinato del sur, señaló que podría ser un “delito común”. No cabe duda que las interpretaciones son, al menos, curiosas, como lo ha percibido la ciudadanía después de estos dramáticos sucesos y de las reacciones sobre ellos.

Estamos frente a un tema político de la mayor importancia y no sólo ante asuntos en los que haya que utilizar resquicios jurídicos o interpretaciones curiosas o sesgadas por el doble estándar. En La Araucanía, durante los últimos años, se han desarrollado decenas de atentados contra la vida y propiedad de numerosos habitantes de la región. Condenar esos hechos no significa no comprender los problemas vigentes en la zona, como tampoco nos debe llevar a estigmatizar a los mapuche, porque la inmensa mayoría de ellos trabaja por sus familias, busca servir a la sociedad y tener oportunidades en educación. Los grupos que incitan a la violencia o realizan actos terroristas son minoritarios y merecen una condena unánime.

Por lo mismo, sostener que “los grupos que usan la violencia son terroristas y punto” y no tener la capacidad para condenar a aquellos grupos que han utilizado sistemáticamente la violencia en La Araucanía es un contrasentido. Lamentar el inaceptable ataque a Landerretche y guardar silencio frente a la muerte del señor Retamal es algo difícil de entender. Condenar el terrorismo y defender las garantías para la gente de trabajo debe ser una decisión sin ambigüedades, preservar el Estado de derecho en todo Chile no sólo es una obligación, sino que también representa un legítimo orgullo para los distintos gobiernos y para la sociedad.

Esperamos sinceramente que estos hechos de violencia y terrorismo no se repitan. Pero también exigimos que, si vuelven a ocurrir, la condena de las autoridades sea sin ambigüedades ni incoherencias, y que tampoco estén mediadas por un centralismo inaceptable o por razones de otro tipo que también resultan inaceptables.

 

Julio Isamit, coordinador general Republicanos

 

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Julio Isamit