Si el desabrido y embriagador coctel chino se mezcla con el combinado nacional de un gobierno indiferente a la realidad económica, embarcado en un plan de reformas mal diagnosticadas, mal planeadas y mal ejecutadas, entonces la resaca económica podría ir más allá de una pronunciada desaceleración.
Publicado el 29.07.2015
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La economía china ha sorprendido a muchos en los últimos 50 años. Atrás quedaron los nefastos planes de Mao Tse Tung, tanto el Gran Salto Adelante como la Revolución Cultural, que no significaron más que hambre y pobreza para dicho país. Estos planes macabros que los partidos comunistas convenientemente ocultan y que significaron la muerte, según algunos historiadores, de cerca de 30 millones de personas. Sin duda el desarrollo del último medio siglo es mérito de la visión del partido comunista, que contra toda la usanza y creencia de la época, decidió embarcarse en un plan económico que abrazó al mercado para desarrollarse, y no los planes voluntaristas e ideológicos de otras naciones comunistas que terminaron todas en rotundo fracaso. De ahí la célebre frase de Deng Xiaping, responsable del milagro chino, que sostuvo que “daba lo mismo el color del gato mientras cazara ratones”.

Parte del desarrollo de China se explica también por factores como la globalización, que impulsó a empresas de USA y otros lares a producir en China para aprovechar sus evidentes ventajas en el costo de la mano de obra. A principios de los ´60, sólo un 4% de los bienes del mercado americano era producido en el extranjero, y hacia fines de 2008, cerca de 55%. La pregunta que surge a propósito de lo anterior es cuánto más puede producir USA en el exterior como para tener una idea de la capacidad de crecimiento de la economía asiática. En la actualidad es difícil expandir la tercerización por parte de las economías desarrolladas (los textiles en USA alcanzan casi un 100%), es más, en algunos casos la producción está retornando (petroquímicos). Por lo tanto, si la tercerización era lo que explicaba la increíble expansión de las exportaciones chinas, entonces con el estancamiento de la primera es difícil esperar repuntes importantes en la segunda.

Por otra parte, el sector industrial chino exhibe excesos de capacidad instalada, producto, entre otras cosas, de las políticas de expansión industrial del dicho gobierno. El mercado residencial chino es el que presenta la mayor sobre oferta, a tal punto que los pies cuadrados per cápita construidos superan a países desarrollados como Italia, Alemania y Francia. De hecho, sólo USA presenta una capacidad mayor. Así es que cifrar un crecimiento de China por la parte doméstica, a pesar de los ingentes esfuerzos del gobierno por hacerlo, lo único que producirá será una acumulación aún mayor en el futuro, con el riesgo significativo de transformarse en burbuja.

Lo factible, y deseable, es que el crecimiento chino se re-balancee hacia el consumo doméstico, tanto en lo referente a bienes como a servicios. Sin embargo, esto presenta dos problemas. El primero es que los crecimientos son más suaves y bajos, y de concretarse la demanda por bienes básicos (cobre, acero, cemento, etc…) disminuiría. Por último, creer que India podría suplantar a China como motor de crecimiento es incorrecto. El tamaño relativo de India es pequeño comparado con China. En efecto, si China creciera al 7.5% durante dos años, ese crecimiento extra equivaldría a una India completa. India es una gran historia para cualquier inversionista, pero le falta mucho como para alcanzar a China como demandante de bienes básicos. Si India creciera al 10% por año, recién el 2032 alcanzaría a demandar un tercio del cobre que utiliza China en la actualidad.

Con todo lo anterior, el panorama para los productores de bienes básicos, entre ellos el cobre, no enfrentan un panorama muy halagüeño. El mercado lo sabe y por eso ha castigado tan duramente a las monedas y los mercados accionarios de las economías latinas, los mayores productores de este tipo de bienes.

En definitiva, Chile sigue siendo un país exportador de bienes básicos (cobre y celulosa representan alrededor de 70% del total de los envíos al exterior). Esto significa, le guste o no a la autoridad de turno, que tomamos los precios que fija el mercado a nuestros bienes, con lo cual si queremos progresar como país, esto es generar riqueza, debemos mantener una estructura de costos flexible para que cuando los precios caigan, los márgenes se puedan mantener. Como es difícil, por no decir imposible, bajar los costos ambientales, eléctricos y laborales dada su rigidez, el ajuste usualmente lo sobrelleva la variable que sí puede hacerlo: el tipo de cambio.

El ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central saben que la ley laboral es mala para una economía productora de cobre y celulosa como la chilena, pues rigidiza los costos y hace que los ajustes los experimente el tipo de cambio. Por eso su llamado a evitar aún más rigideces, pues eso es lo que hará la reforma laboral (no aumentará la productividad), y como siempre, con la depreciación del peso los que perderán serán los más débiles, que son quienes mantienen sus poco activos en pesos (bien raíz) y están sujetos a salarios fijos: ambos erosionados por el dólar.

Si el desabrido y embriagador coctel chino se mezcla con el combinado nacional de un gobierno indiferente a la realidad económica, embarcado en un plan de reformas mal diagnosticadas, mal planeadas y mal ejecutadas, entonces la resaca económica podría ir más allá de una pronunciada desaceleración. Hoy por hoy, las cifras de crecimiento e inversión exhiben el triste récord de ser lo más malo de los últimos 30 años (con la excepción de los años de contracción: 1999 y 2009). Así es que, si la autoridad no se toma en serio el problema chino y no vuelve a centrar el debate en torno al crecimiento económico, podría ser que por primera vez en los últimos 43 años el gobierno se auto infligiría una recesión. La coincidencia será, que tal como en 1973, el descalabro económico lo causó un gobierno socialista radical que pensó que el capital y la voluntad de los consumidores podían ser moldeados a sus intereses igualitarios.

Curiosa paradoja, China con su gobierno comunista ayudaron a Chile a elevarse por sobre el firmamento de países latinoamericanos, y justo cuando nuestro gobierno aceptó al Partido Comunista, se acaba el impulso chino y nos llega el zarpazo anquilosado del PC chileno, más interesado en el color del gato, de que si caza ratones.  ¿Será porqué el 2015 es el año de la rata en el horóscopo chino?

 

Manuel Bengolea, economista Octogone.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO