Chile Vamos se ha entrampado y no ha sido capaz de salir de las peleas chicas. El gran costo es desaprovechar una oportunidad única de ofrecer al país una alternativa política sostenible en el tiempo.
Publicado el 24.06.2018
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Las palabras del senador Francisco Chahuán sobre la Ministra de Cultura no dejaron a nadie indiferente. Ahora bien, las consecuencias que dejó la pelea entre ambos podrían estar revelando problemas de fondo presentes en la coalición gobernante, incluso con anterioridad al 11 de marzo. Desde afuera, se observa una fuerte tensión en el conglomerado, una bomba de tiempo cuya explosión ha sido hábilmente postergada durante más de 100 días y que nadie sabe realmente cuánto tiempo más aguantará sin que aparezcan las primeras esquirlas.

La UDI, Evópoli y RN son partidos con agendas notoriamente diferentes, especialmente en lo “valórico”, algo que han evitado confrontar y cuya discusión dentro del bloque se ha ido postergando, más por razones políticas que por convencimientos surgidos del debate. Pareciera que hoy en la derecha no existen los espacios para abrir discusiones internas, por lo que su supuesta cohesión siempre está peligrando y pendiendo de un hilo. Es cosa de ver lo que ha pasado con la agenda de género, donde Evópoli y la UDI tienen visiones distintas y -a pesar de esas diferencias- no han sido capaces de generar los debates que permitan responder en bloque a las contingencias. Es normal que existan discrepancias, pero lo elemental -más que postergar las disputas- es que puedan encontrar los mecanismos adecuados que permitan resolverlas.

Así las cosas, es muy difícil que, frente a una arremetida más fuerte del “progresismo”, Chile Vamos pueda responder de forma acertada. No existe hoy en la derecha un correlato de ideas que se pueda oponer a la agenda progresista, y da la sensación de que el Ejecutivo está aguantando los embates a través de una concesión progresiva y gradual, cediendo poco a poco, para no quedar mal con nadie, como si faltara el suficiente carácter para discrepar de la opinión de las “mayorías” de Twitter.

Mientras la aprobación siga en alza, las figuras de los partidos se mantendrán alineadas en torno al Presidente. Pero, ¿qué pasará si el Presidente Piñera comete errores y baja su aprobación?

En este mismo sentido, la ausencia de debates internos es caldo de cultivo para personajes díscolos, quienes, frente a los silencios e imposiciones de las cúpulas, prefieren romper con el statu quo y separarse de la coalición. No está de más decir que todo esto depende de la capacidad política del gobierno para mantener la volátil aprobación en la encuesta del lunes. Mientras la aprobación siga en alza, las figuras de los partidos se mantendrán alineadas en torno al Presidente y estarán de acuerdo con todo lo que proponga. Pero, ¿qué pasará si el Presidente Piñera comete errores y baja su aprobación? Aparecerán cada vez más políticos cuyo objetivo principal sea desmarcarse lo más posible de la figura presidencial, buscando ganar réditos que les permitan posicionarse como una alternativa de continuidad para la coalición gobernante. Esto fue precisamente lo que le ocurrió a la Presidenta Bachelet: a medida que disminuía la aprobación de los lunes, más fuego amigo recibía.

Incluso con una aprobación sobre el 50% es notoria la intención de algunos que -pese al escaso tiempo de instalación del gobierno- ya están pensando en transformarse en alternativa presidencial. La ambición no es una buena amiga cuando, frente a las complejidades de la actual agenda política, el 54% obtenido en la elección presidencial no es una cifra que refleje certidumbres inamovibles. La inestabilidad de ese número puede terminar siendo coincidente con la fragilidad de una coalición que rehúsa de los debates internos y cuya lealtad parece afirmarse en las encuestas y no en principios fundacionales comunes.

Las críticas surgidas en las últimas semanas respecto a la lentitud en la instalación tienen que ver con disputas entre el gobierno y autoridades regionales, disputas teñidas por el fantasma de cuoteos y amiguismos.

Por otro lado, es posible notar que la presión de los partidos políticos en la conformación del gobierno ha sido particularmente desgastante para las relaciones entre el Ejecutivo y los cabecillas de los partidos. Si bien esto también es una señal de la fragilidad, hay que tener en cuenta las dificultades que implica instalarse en el gobierno, especialmente con las trabas provocadas por la administración anterior. Las críticas surgidas en las últimas semanas respecto a la lentitud en la instalación tienen que ver con disputas entre el gobierno y autoridades regionales, disputas teñidas por el fantasma de cuoteos y amiguismos, lo mismo que tanto despreciaba la derecha cuando la Concertación era gobierno. Si a las dificultades heredadas del gobierno de la Presidenta Bachelet le sumamos la presión que han ejercido algunos por poner a su gente en cargos de poder regional, terminamos completando una ecuación que sólo resquebraja las relaciones dentro del oficialismo.

Lamentablemente, Chile Vamos se ha entrampado y no ha sido capaz de salir de las peleas chicas. ¿Grave? En principio, no. Pero el gran costo es desaprovechar una oportunidad única de ofrecer al país una alternativa política sostenible en el tiempo. Una visión alternativa que no se deje arrastrar exclusivamente por las contingencias y que instale banderas más allá de las prioridades definidas por otros sectores. La coalición gobernante debe internalizar que hoy es el momento de sentar posiciones frente a una izquierda quebrada. Mañana, quizás, ya será tarde.

Guillermo Pérez Ciudad, Investigador Fundación P!ensa

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO