Para lograr el objetivo de construir una alternativa política que convoque a la mayoría de los chilenos se requiere hacer muchas cosas bien, pero hay cuatro que resultan esenciales.
Publicado el 13.04.2016
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Hace pocos días Chile Vamos dio por superada una serie de desencuentros, producidos principalmente por las diferencias respecto al documento que servirá de base para el trabajo político de la coalición.

Este trabajo no es una tarea sencilla y exige el esfuerzo de todos los que forman parte de ella. El caso de Chile Vamos no es la excepción, muy por el contrario, el historial de diferencias y de controversias internas nos permite prever que la tarea será ardua y no exenta de caídas y derrotas circunstanciales.

Creo que el trabajo de la nueva coalición de centroderecha tiene un gran objetivo: darle una alternativa política al país.

Sabemos que cada vez a más chilenos les cuesta encontrar trabajo, ha aumentado el índice de victimización, el Fondo Monetario Internacional nuevamente disminuyó la expectativa económica de nuestro país a un crecimiento esperado del PIB de solo un 1.5%, cifra menor a la de 2.1% proyectada en enero, entre otras cosas.

Al mismo tiempo, gran parte de América Latina ha ido dando un giro hacia las ideas de centroderecha: tal es el caso de Argentina, Colombia y desde el fin de semana recién pasado también Perú. Al mismo tiempo, en Bolivia y Venezuela los opositores a un proyecto chavista han obtenido importantes triunfos electorales.

En Chile, nuestra coalición demostró en el gobierno pasado que en solo cuatro años se pueden generar más de un millón de empleos, mejorar la educación pública (por ejemplo, a través de la Beca Vocación de Profesor y la creación de los Liceos Bicentenario) sin perjudicar la educación privada o que la economía puede crecer a un ritmo dinámico, solo por nombrar algunas cosas.

Para lograr el objetivo de construir una alternativa política que convoque a la mayoría de los chilenos se requiere hacer muchas cosas bien, pero hay cuatro que resultan esenciales.

Primero, se debe generar el espacio necesario para que se desarrollen todos nuestros liderazgos. A nivel político, es de esperar que surjan varios candidatos presidenciales que estén dispuestos a conducir un proyecto político nuevo con una agenda transformadora del país. Llegado el momento, serán los ciudadanos los que elegirán quién es nuestro mejor candidato en primarias competitivas, de cara a los chilenos. Sea quien sea el ganador, los otros competidores deberán estar a la altura y ser leales acompañantes en la recta final hasta recuperar La Moneda.

A nivel gremial, urge una mayor penetración social de los partidarios con las ideas de la libertad y de la justicia en centros de alumnos, federaciones de estudiantes, sindicatos e instituciones locales.

En segundo lugar, para el éxito de una coalición diversa resulta imprescindible un ambiente de confianza y respeto entre sus integrantes. Nos hemos ido dando cuenta de que una coalición no es muy distinta a un matrimonio. Requiere respeto y preocupación por el otro y, al igual que un matrimonio, es difícil que tenga alguna opción de seguir adelante si sus miembros no confían entre sí, se envían “recados” por los medios de comunicación o se ofenden y caen en descalificaciones personales.

Urge promover una coalición de afines, entre personas con las que compartiremos algunas ideas esenciales, pero sabiendo que nunca pensaremos igual en cada uno de los ámbitos de la política. Si todos pensáramos lo mismo sería más lógico formar un solo partido, lo que claramente no haría justicia al pluralismo de nuestra coalición ni a la diversidad de nuestra sociedad.

Un tercer factor decisivo es la configuración de un objetivo político que oriente el trabajo de la coalición. En ese sentido, la aprobación definitiva de un documento con las convicciones políticas sobre las que se sustenta ese trabajo es, sin duda, una noticia valiosa. Dichas ideas comunes de nuestra coalición son efectivamente mínimos que permiten a cada partido, movimiento o integrante independiente aplicar sus principios e ideas a la realidad nacional.

Por último, fomentar un trabajo territorial que responda a la urgencia de levantar una alternativa política ahora, sin demoras ni entretenciones. Que salga con mucha fuerza y claridad, entre otras cosas, a rechazar un proceso constituyente tendencioso e ideologizado y las nuevas reformas que perjudican a los trabajadores. Con ese mismo convencimiento, proponer al país qué cosas haremos a contar del 2017, por qué revertiremos las reformas injustas y cómo volveremos a poner al país en la senda del progreso que nunca debió dejar. Chile Vamos que se puede.

 

Julio Isamit, Coordinador general Republicanos.

 

 

FOTO: JORGE FUICA/AGENCIAUNO

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