Un nuevo espíritu le ha cambiado la cara a Chile en la última semana, nos sentimos optimistas y con renovadas fuerzas. Disfrutamos del más elevado estado de ánimo, aunque aún no haya cambiado concretamente ninguno de los factores externos que sentíamos que influían tan negativamente sobre nuestras vidas.
Publicado el 25.12.2017
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Hace más que un buen rato veníamos sintiéndonos bastante mal en Chile y, desgraciadamente, como consecuencia hemos decaído mucho en lo que respecta a la convivencia entre compatriotas;  tanto cara a cara como virtualmente. Vivimos entre bocinazos, garabatos, insultos, muecas y cuando salimos a la calle y en las redes sociales cunden las descalificaciones, ataques verbales y malos tratos de todo tipo; en suma, violencia y agresividad por doquier.

Cuando nos preguntamos por qué, la respuesta inmediata y fácil suele enfocarse en nuestro entorno, para buscar factores externos a los cuales atribuir el estado de ánimo de la ciudadanía y más fácil aún es, cuan niños, buscar las figuras de autoridad en una actitud infantil, aludiendo a que quienes tienen más poder para tomar decisiones que inciden en nuestras vidas son los culpables.

Pero, cuando le damos más de una vuelta instantánea y circunstancial al asunto, comenzamos a ver que, en primer término, somos parte involucrada, por lo que no podemos atribuir toda la responsabilidad a los actores o factores externos. Sin ir más lejos, venimos saliendo de una lección con la cual quedó demostrado que la acción voluntaria de quienes se levantaron para ir votar decide el futuro del país por los cuatro años siguientes y, en consecuencia, muchos de los actores y factores externos que decimos que afectan nuestra vida y la forma en que nos sentimos dependen en gran medida de nosotros mismos; ya que es nuestra responsabilidad manifestarnos para elegir como autoridad a quien consideramos más idóneo.

Luego, en segundo término, aunque uno no esté satisfecho con el resultado de la elección, tiene siempre la opción de levantarse con la mejor mirada de la vida, con buena cara hacía nosotros mismos y los demás, con disposición a escuchar, destilando respeto e intentando ser siempre el más grande entre las partes. Si cada uno de nosotros se propone avanzar con ese empeño, podríamos hacer de Chile otro lugar donde vivir. Buenos resultados se producen cuando muchos ejercen su voluntad y tiramos hacia adelante para construir.

Un nuevo espíritu le ha cambiado la cara a Chile en la última semana, nos sentimos optimistas y con renovadas fuerzas. Disfrutamos del más elevado estado de ánimo, aunque aún no haya cambiado concretamente ninguno de los factores externos que sentíamos que influían tan negativamente sobre nuestras vidas.

Y por supuesto, es absolutamente gravitante y decisivo para nuestro futuro a quién decidimos será el que gobierne nuestro país, nuestro destino y el de nuestras familias.

 

Mónica Reyes, profesora y máster en Historia

 

 

FOTO: VICTOR PEREZ/AGENCIA UNO