El Museo de la Memoria retrata la violación de los DDHH desde 1973 a 1990, pero para entender eso hay que explicar a los chilenos qué ocurrió desde 1967 a 1973. Existe un vacío de la historia que se ha querido esconder y que es altamente necesario de mostrar para lograr una verdadera reconciliación, porque las heridas aún están abiertas.
Publicado el 23.05.2018
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Cuando uno participa activamente en Twitter, desgraciadamente se da cuenta —por la virulencia de las opiniones y posturas— que aún están lejos de cerrarse las heridas provocadas por el gobierno de la Unidad Popular, el golpe de Estado y a posterior dictadura.

Si bien ha habido variados intentos y avances por dejar el pasado atrás y construir hacia el futuro, ello no ha sido suficiente. Creo que, en gran medida, porque no se ha contado toda la historia; y cuando no se es objetivo es esto, las heridas no cierran.

He estado dos veces afuera del Museo de la Memoria, que retrata la violación de los derechos humanos desde 1973 a 1990, y fue inaugurado por Michelle Bachelet en 2010. No he podido entrar, quizás por mi formación de licenciada en Historia, ya que lo que primero se aprende es que todo hecho, por horrible que sea, tiene causas y las causas crean consecuencias, y así sucesivamente. Si yo entrara con mi hija a este museo estaría siendo injusta, porque le estaría enseñando un período de la historia descontextualizado, que obviamente la haría concluir interpretaciones parciales.

Es lamentable que el Museo de la Memoria se haya construido desmemoriado y no tomara en cuenta el período 1967-1990; porque faltó el lapso de tiempo donde se producen -en gran medida- todos los hechos que llevaron (no por ello justificables) a una posterior violación de los DDHH.

Si yo entrara con mi hija al Museo de la Memoria estaría siendo injusta, porque le estaría enseñando un período de la historia de Chile descontextualizado, que obviamente la haría concluir interpretaciones parciales”.

En 1967, en el congreso socialista de Chillán, el Partido Socialista por unanimidad concluyó que “la violencia revolucionaria es inevitable y legítima. Resulta necesariamente del carácter represivo y armado del Estado de clase. Constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y, a su ulterior defensa y fortalecimiento. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del Estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista”.

Es decir, ese año se anunció que se buscaba la revolución armada, y muchos, demasiados quizás, no le tomaron el peso.

En una entrevista de 2003 en El Mercurio, la premio Nacional de Periodismo Raquel Correa conversa con el político de derecha Sergio Onofre Jarpa, donde éste se arrepiente de no haber participado más en política en esos años… “al ser notificados por el acuerdo del congreso socialista de Chillán, en 1967, que se habría una etapa de lucha armada —conectada con la revolución cubana y la hegemonía de la URSS— todos lo supimos, también el gobierno de Frei Montalva, y no se tomó ninguna medida. Eso era penado por la Ley de Seguridad del Estado. Dar por terminado un período electoral democrático, organizando fuerzas armadas irregulares para tomarse el poder. Y vivíamos ajenos a eso”.

-O sea, su única responsabilidad es no haber hecho algo antes. Pregunta la periodista.

“Pecado de omisión. Omisión del Gobierno de entonces y de todos los chilenos que no nos preocupamos”, responde Jarpa a la fallecida Raquel Correa.

Qué manera de ser relevantes estas frases; cómo se estaba incubando todo y la clase política democrática anestesiada. ¡Claro que se pecó de omisión! ¿O se puede entender que la DC apoyara la asunción de Salvador Allende como Presidente sabiendo del acuerdo de Chillán? Es muy difícil de procesar, mirado desde la óptica de hoy.

Todo el material histórico se debe dar a conocer para entender el golpe de Estado de 1973, ya que los golpes no surgen espontáneos”.

Y bueno, todo ese material y mucho más se debe dar a conocer para entender el golpe de Estado de 1973, ya que los golpes no surgen espontáneos, como tampoco la Revolución Francesa fue producto de que los galos estuvieran aburridos y quisieran experimentar.

Durante el gobierno de la Unidad Popular se pasaron a llevar los derechos constitucionales de los chilenos como la propiedad privada (expropiación de más de 4.500 predios y se llegó a controlar el 80% de las industrias); inflación desmedida, razonamiento de alimentos, economía planificada, y como si nada, Fidel Castro tuvo una larga estadía en el país de 23 días en 1971. ¿Qué jefe de Estado está más de tres semanas de visita en otro país si no es para coordinar una revolución?

El ciudadano de a pie lo estaba pasando mal y debía recurrir al mercado negro o hacer largas filas para conseguir algo de alimento, porque en los supermercados no había nada. Protestas y tomas era el pan de cada día. La ciudadanía pedía a gritos la intervención militar. Chile estaba completamente convulsionado, y agonizante…. ahí viene el golpe, el 11 de septiembre de 1973. Pero qué distinto es contar la historia desde ese año a hacerlo desde 1967… y es eso lo que falta en Chile para ayudar a cerrar un proceso largo y doloroso. Que nos cuenten objetivamente todo el cuento, no sólo un pedazo. Por lo anterior, la invitación está clara: que el Museo de la Memoria se reestructure incluyendo los años “exiliados” o construir un museo de la Unidad Popular para entender el actual museo de la Memoria. La idea está lanzada.

Es de esperar que el gobierno —o personas naturales u ONG valientes— tome el guante y reconstruya esta parte de la historia que se ha querido esconder y que es el factor principal para entender (no justificar) muchos de los actos posteriores.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC

 

 

FOTO: FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO