Mientras muchos peruanos miran el pasado cuando piensan en la relación con Chile, los chilenos ponen la vista en el futuro.
Publicado el 08.09.2014
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Cada vez que escribo sobre nuestras relaciones con Perú no dejo de pensar en cómo dejar atrás ese pasado que nos separa para aprovechar unidos las generosas oportunidades que nos ofrece el futuro. Si países como Alemania y Francia fueron capaces de superar el trauma de dos guerras con decenas de millones de muertos e integrándose posteriormente, cómo no lograr nosotros algo similar, sobre todo si consideramos las varias generaciones que se han sucedido desde el Tratado de Paz de Ancón suscrito en 1883 y el Tratado de Lima firmado en 1929.

Esperaba que la gran oportunidad se presentaría con la dictación de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que, aunque sin razones jurídicas convincentes nos privó de una parte importante de nuestra zona económica exclusiva, la acatamos como habíamos prometido y es nuestra tradición. La reacción peruana, sin embargo, reclamando una extensión de territorio de 37.000 metros cuadrados que ha llamado “triángulo terrestre”, deja enormes dudas acerca de su real voluntad para dejar atrás el pasado.

Ese pedazo de tierra, según Perú, surge del artículo segundo del Tratado de Lima de 1929 puesto que el Hito 1, instalado por la Comisión Mixta en 1930 a unos 180 metros de la línea de más baja marea, no sería el final de la frontera terrestre según lo dispuesto en el tratado que expresa “la frontera entre los territorios del Perú y de Chile, partirá de un punto de la costa que se denominará Concordia”. Dicho punto en consecuencia se encontraría más al sur originándose en consecuencia un triángulo sin derecho a mar entre el hito 1, el punto Concordia  y el comienzo del límite marítimo según el fallo de la CIJ.  El mismo argumento fue también expuesto por Perú en el reciente juicio de delimitación marítima, afirmando que el punto de partida de dicha delimitación era la confluencia del arco de 10 kms. con centro en el Puente del Río Lluta con la más baja mar, punto que llamó 266.  Debe recordarse que la Corte desestimó el planteamiento peruano especialmente al considerar que en 1968 y 1969 ese país había pedido la materialización del límite marítimo por el paralelo geográfico que pasaba por el hito 1.

Nuestra postura ha sido expuesta en diversas oportunidades estas últimas semanas. El triángulo no existe desde el momento en que el hito 1 fue instalado en 1930 por una Comisión Mixta con instrucciones de sus gobiernos que ordenó colocar hitos divisorios en la línea que se determina como sigue: “Hito Concordia, punto inicial de la frontera terrestre …” . Las instrucciones agregaron que debía colocarse “en cualquier parte del arco lo más próximo al mar posible, donde quede cubierto de ser destruido por las aguas del océano”. Así lo hicieron los demarcadores de ambos países, lo ratificaron los gobiernos y, hasta el año 2005, lo entendieron también así los sucesivos gobiernos de nuestro vecino.

Ha quedado claro a través de las diversas declaraciones formuladas en Lima que  mientras para los chilenos la situación deriva de la interpretación de un Tratado, para nuestros vecinos el triángulo pasa por los acontecimientos del pasado. Un ex alto  oficial de ese país declaró la semana pasada que encontraba increíble la actitud chilena pues, luego de haber sumado a su territorio Arica y Tarapacá en la Guerra, ahora querían quedarse con 37.000 kilómetros cuadrados de tierra situada en Arica que no era de ellos. Es así como mientras para muchos peruanos  las relaciones con Chile pasan por  los siglos XIX y comienzos del XX, para los chilenos las relaciones con Perú pasan por el siglo XXI. 

Hoy, más que nunca, debemos aprovechar la coyuntura. Se ha ido avanzando en la inversión chilena en ese país, la cuarta en el exterior, y la peruana en el nuestro que podría sobrepasar los 10.000 millones de dólares el año pasado; contamos con mucho más de cien mil peruanos viviendo mayoritariamente en Santiago;  el turismo chileno a Perú representó en el 2013 alrededor del 30% del total de los visitantes a ese país; constituimos el 50% de la Alianza del Pacífico, el más interesante, promisorio y efectivo acuerdo de integración intentado en la región. Pero, por sobre ello, veo las posibilidades actuando juntos en la Alianza o con la Alianza en mercados externos; otro tanto  en APEC y presentándonos unidos  con el pisco, la fruta, el cobre y la cultura andina entre otros asuntos.

Hace algunos años nos visitó en Santiago el entonces Presidente del Perú, Alan García invitado oficial de su colega chileno Sebastián Piñera. En su discurso expresó que esperaba competir en buena lid con Chile y llegar en el futuro a superar las marcas económicas y sociales que mostraba nuestro país. Recordando esta importante ceremonia en honor de quien había decidido presentar en La Haya su demanda de delimitación marítima que nosotros llevamos por cuerdas separadas, pensé que tal vez cuando Perú se aproxime a  la performance que ha logrado Chile, comenzará a superar esa barrera que lo ha atado durante tanto tiempo  al pasado.

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO