La llegada del ex Presidente al poder, prolongaría aún más el mantenimiento de un hiperpresidencialismo que exhibe evidentes señales de agotamiento, y cuya fatiga le está provocando un ingente daño al sistema institucional del país.
Publicado el 13.01.2016
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En una reciente entrevista a una revista, Camilo Escalona señaló que Ricardo Lagos “le da seguridad al país”. Y no sólo eso. Atribuyéndose cualidades de brujo con bola de cristal anticipó que una posible candidatura del ex Presidente “se ajusta a lo que la sociedad chilena va a requerir de 2018 en adelante”.

Está bien que el ex senador -actual vicepresidente del PS- no esté hoy en un cargo de relevancia, pero de un político avezado como él se esperaría mayor realismo y menos voluntarismo del que muestran sus expresiones en el mencionado artículo de prensa.

Primero, porque Ricardo Lagos no ha manifestado su interés de volver a postular a La Moneda. Todo lo que se ha dicho hasta aquí sobre su eventual aspiración a la primera magistratura es mera elucubración de quienes ni siquiera forman parte de su entorno más cercano. Es cierto que al ex Mandatario le atrae el hecho de que su figura se revalorice, pero ya demostró en 2009 que no está dispuesto a salir de su “zona de confort” si es que no se le garantiza que será el candidato exclusivo del oficialismo.

Pero independiente de si Ricardo Lagos está disponible o no para una nueva aventura presidencial, la pregunta central es otra: ¿necesita el país un liderazgo como el de Lagos para encarar los desafíos del futuro? Considerando las actuales demandas y los anhelos de la sociedad chilena, la respuesta es no.

Si hay algo que la ciudadanía está reclamando con fuerza hoy, es que sus representantes sean personas cercanas, empáticas y con capacidad de conectarse con sus intereses. Nada más lejos del tipo de liderazgo que cultiva el ex Presidente, marcado por un fuerte personalismo -propio de su carácter autoritario-, que se relaciona con los chilenos desde una especie de “Olimpo” en el cual suele dictar cátedra sobre lo que es bueno y malo para el país.

Es cierto que en las actuales circunstancias los chilenos estamos demandando un liderazgo claro, eficiente y que tome decisiones, fundamentalmente porque el sillón de O’Higgins está vacante, a pesar que en el papel lo ocupa la Presidenta Bachelet; sin embargo, eso no se debe entender como la búsqueda de un liderazgo al estilo Lagos. Así lo interpreta Escalona, y por cierto se equivoca.

Por el contrario, es tal el daño que le ha provocado al país el mandato “lejano” de la Presidenta Bachelet, que un eventual arribo del ex Mandatario a la primera magistratura no haría más que profundizar esa sensación de orfandad y falta de sintonía que sienten los chilenos con la máxima autoridad del país.

La llegada de Lagos nuevamente al poder, prolongaría aún más el mantenimiento de un hiperpresidencialismo que exhibe evidentes señales de agotamiento, y cuya fatiga le está provocando un ingente daño al sistema institucional del país. A partir de este punto, surge una segunda razón poderosa para señalar por qué Lagos no es lo que Chile necesita.

Con su estilo, lo que precisamente hace el ex Mandatario es concentrar gran parte del poder en la figura presidencial, verticalizando de sobremanera la toma de decisiones. Este es justamente el modelo de gobierno que la sociedad chilena está rechazando al exigir una descentralización en la definición y aplicación de las políticas públicas, y una relación más transversal con sus representantes. Nada de aquello sería posible en una segunda administración encabezada por Lagos.

A lo anterior cabe agregar que se trata de un ex Presidente en cuyo gobierno se diseñó la política pública (Transantiago) más desastrosa que se haya llevado a cabo desde el retorno a la democracia -por la que aún estamos pagando las consecuencias-, el cual fue “amado” por los grandes empresarios (sabemos los motivos), y que impulsó una modernización del Estado construida con “cartón piedra”.

No obstante, como reza el refrán, “en el país de los ciegos, reina el tuerto”. Y por lo mismo, frente al actual estado de desprestigio de los actores políticos, una posible candidatura de Ricardo Lagos aparece como una alternativa posible, pero que a la luz de lo expuesto arriba no es necesariamente lo que Chile requiere para los próximos años.

 

Carlos Cuadrado, periodista.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO