La tarea fundamental por la que será juzgado Chile Vamos, en menos de dos años, será su capacidad de recuperar para los chilenos el rumbo de progreso social y económico, la cultura de oportunidades y trabajo, de derechos y deberes; y el camino democrático que reinició el país en 1990.
Publicado el 15.04.2016
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Cada día es más evidente: Chile se enfrentará a dos caminos. Uno es el que iniciaron ya la Presidenta Bachelet y la Nueva Mayoría en marzo de 2014 y del que no se han apartado un solo milímetro, pese al deterioro causado al país en todas las áreas posibles de medir; y no obstante el persistente rechazo ciudadano que esos resultados les ha reportado.

El otro, es el camino que están tomando Argentina y Perú y que, en los próximos años, probablemente sigan Brasil, Bolivia y Venezuela. Tras una etapa con populismos de izquierda, que causaron daños de distintas magnitudes, en América Latina avanza la ola de la centro derecha, como alternativa de progreso social y económico, y de recuperación de la estabilidad política.

La primera opción seguiría alejando a Chile del pleno desarrollo; en dos años ya hemos perdido parte considerable de las ventajas comparativas que nos permitieron ser el país de las oportunidades, los emprendedores, la mejor calidad de vida (por algo miles y miles de familias extranjeras emigraron hasta este precioso fin del mundo en la última década). Y es también la opción de la consigna, como las que oímos durante el año que duró la tramitación de la reforma laboral; del Estado encima de todo y de todos, como lo comprobamos en la reforma educacional; y de la convivencia democrática bajo presión permanente, como la imposición del gobierno a los canales abiertos, esta semana, de transmitir el spot constituyente, considerado por La Moneda “de utilidad pública”.

No es el camino del caos de Venezuela, por ahora al menos, pero sí el de la mediocridad en la que sumió Cristina Fernández a Argentina en la última década. No es el regreso a la pobreza de los 70’, pero es impedirle a dos millones y medio de compatriotas salir de ella en el corto plazo; y a una inmensa mayoría de chilenos de tener aspiraciones, oportunidades y cumplir el sueño de una mejor calidad de vida.

El segundo camino, el que ya tomaron nuestros vecinos del norte y el este, es el que veníamos siguiendo en las últimas décadas, con todas las correcciones que va a ser necesario hacer.

Así las cosas, la tarea de Chile Vamos es enorme. Ya no es solo conformar el principal referente de la oposición, consolidar un proyecto a la altura de lo que exigen los chilenos y trabajar para el éxito electoral de un sector determinado. La tarea fundamental por la que será juzgado Chile Vamos, en menos de dos años, será su capacidad de recuperar para los chilenos el rumbo de progreso social y económico, la cultura de oportunidades y trabajo, de derechos y deberes; y el camino democrático que reinició el país en 1990, que hoy debe renovarse para alcanzar el sano equilibrio entre representatividad y participación.

Es de tanta trascendencia la tarea, no para los siguientes cuatro años, sino para los próximos 20, que es urgente superar ahora, ojalá hoy mismo, la etapa de camarines en la que parece estacionado el referente de oposición en las últimas semanas, para saltar con entusiasmo a la cancha, con todos sus jugadores transmitiendo convicción y, sobre todo, la generosidad que las circunstancias históricas le están exigiendo.

Lo digo con respeto y responsabilidad, como dirigente de uno de los partidos que integran Chile Vamos: desconcierta tanto reproche al déficit intelectual de la centroderecha, la superioridad que transmiten los mismos, en las mismas tribunas cada semana; y la descalificación mutua, para sacar pequeñas ventajas.

Comparto totalmente lo señalado acá por Julio Isamit esta semana, respecto de las condiciones necesarias para construir una alternativa política. Agrego dos, esenciales: voluntad y sentido de unidad. ¿Hay o no interés en los partidos que integran Chile Vamos por recuperar el gobierno en el próximo período presidencial? ¿Tienen el propósito de consolidar un proyecto común, representado por un liderazgo, elegido por un mecanismo democrático, abierto y transparente?

La encrucijada de Chile en los próximos meses se define entre el progresismo sin progreso, que mira al pasado; o el buen rumbo que ya conocemos, el de las oportunidades y que mira al futuro.

Es un partido histórico, definitivo para las siguientes décadas y la pelota está en la cancha de Chile Vamos. Así de importante, así de urgente.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESOCBAR/AGENCIAUNO

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