Aquí lo central es que los medios deben tomar una postura firme. No aceptar las invitaciones a las giras. O suben todos o nadie al avión. Lo demás es censura con excusas amateurs.
Publicado el 30.01.2016
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No termina enero y Palacio ya vuelve a sorprender con una medida, que descoloca por lo insólita y torpe. Me refiero al anuncio de que no toda la prensa acreditada en La Moneda podrá acompañar a la Presidenta a sus giras nacionales e internacionales, sino que será la autoridad la que decidirá qué medios podrán ir.

¿La razón oficial? Abaratar costos y tema de logística. Como era de esperar, expertos en libertad de expresión, la Asociación Nacional de Prensa (ANP), el Colegio de Periodistas, políticos, entre otros, salieron a criticar -inmediatamente- la medida. Tanto, que al día siguiente, ya con el disparo en el pie, La Moneda echó marcha atrás para ver si calmaba los ánimos: ahora serán los mismos periodistas acreditados los que elijan qué medios van…, pero seguirán yendo sólo algunos. Quizás qué se decida mañana.

Pero más allá de este relato, hay varios temas de fondo. Aquí algunos:

La carta de lucha de este gobierno ha sido la igualdad. Entonces, si es así, ¿no debiéramos partir por lo primero, que es la igualdad en el acceso a las fuentes de información?; ¿por qué un medio puede subirse al avión y otro no? Es decir, ¿algunos podrán reportear en terreno, y otros sólo acceder al comunicado de prensa oficial que relatará puras buenas nuevas de Presidencia? Viva la igualdad.

Segundo, es una medida torpe. Mientras más se quiera restringir el acceso a las fuentes y tratar de capear las preguntas incómodas, más se fomenta la especulación, los rumores y las fuentes secundarias. Flaco favor. Círculo vicioso y más caras rosadas dando explicaciones.

En este círculo de asesores de Bachelet, quizás hasta pensaron (ya no descarto nada) que con esto podrían desviar la atención (una especie de cometa Halley 2.0) en la semana de la formalización de Natalia Compagnon por el caso Caval, y así mantener a la prensa y redes sociales enfocadas en otra cosa. Pueril al máximo, pero lo dejo, porque realismo mágico hemos tenido de sobra en este gobierno.

Aquí lo central es que los medios deben tomar una postura firme. No aceptar las invitaciones a las giras. O suben todos o nadie al avión. Lo demás es censura con excusas amateurs. ¿Y quién pierde ahí? ¿Los medios o Presidencia? Está claro que el ideal -en democracia- es el mayor y variado acceso a la información; pero también es cierto que si la Presidenta viaja sin medios, no existiría. ¿O usted cree que la gente se querría informar por la página web del gobierno de las actividades que haría la Mandataria?; actividades que estarían redactadas por su misma gente, en un Chile donde reina la desconfianza. Ergo, cero credibilidad. Nula lectura. Está claro quién pierde, ¿no?

El castigar a medios y censurar no puede ser parte del Chile de hoy; tanto que se criticó a la Dictadura con su Dinacos (División de Comunicación Social) y hoy, con medidas como ésta, se vuelve cuarenta años atrás en materia de libertad de información.

El Premio nacional de Periodismo 2015, Abraham Santibañez, no lo pudo decir más claro estos días: “En otro tiempo, a los periodistas de la revista Hoy no nos permitieron entrar de manera permanente  a La Moneda. En marzo de 1990 creímos que esa etapa había terminado para siempre”.

Ha costado avanzar, no se debe renunciar a lo logrado. Y aquí los medios tienen el deber de no dejarse doblegar. No sólo pierden ellos, perdemos todos, pierde Chile.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO