Chile se ha pronunciado por el sistema de la prosperidad, la libertad, el buen sentido, la normalidad, la unidad entre personas diversas. En definitiva, por una mayor felicidad, y ha rechazado las estridencias ideológicas y las retroexcavadoras totalitarias que sólo traen miseria y peleas irreconciliables.
Publicado el 24.12.2017
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Y la rana lo hizo el domingo: dio una acrobática cabriola y saltó fuera de la olla hirviente. Habíamos llegado a dudar de su capacidad de sobrevivencia, pero ella nos dio una lección a todos.

Chi-Chi-Chi, Le-Le-Le, ¡Viva Chile!

Chile era como la rana que se estaba hirviendo lentamente en la olla de las políticas equivocadas que han llevado a tantas naciones al subdesarrollo. El sistema de libre emprendimiento, economía abierta, empresas privadas, impuestos moderados, Estado que apoya preferentemente a los más necesitados para darles las mayores oportunidades posibles, que vela por que la clase media tenga seguridades para sus riesgos de salud, cesantía y vejez, y que se concentra en hacer bien sus labores esenciales como regulación de los mercados, seguridad, justicia, etc., recibió el apoyo de 3.800.000 votantes. Ellos dijeron que quieren más oportunidades para valerse por sí mismos. Más empleos, mejores sueldos, más oportunidades para emprender sus propios negocios, y que la economía prospere en libertad. Quieren que el Estado les dé oportunidades de las que carecen, especialmente en educación, pero también quieren que se les respete su derecho a aumentar las oportunidades para ellos y los suyos.

Quieren un país normal y no uno bajo la permanente amenaza de las retroexcavadoras. No quieren que se cambie el sistema que ha hecho prosperar a Chile y lo ha transformado en el líder de América Latina. Y no es que se compren sin críticas el sistema, no. Quieren que éste se aplique en sus líneas fundamentales, porque saben que eso es lo que trae la prosperidad, pero también quieren que se le vayan puliendo constantemente sus imperfecciones y los abusos que muchos hacen de su libertad en perjuicio de otros. En esto se tiene que centrar fundamentalmente el Estado, y no en reducir las libertades sin beneficio para los demás, sino para quienes ostentan el poder, como se hace frecuentemente en los Estados totalitarios.

Lo que los chilenos no quieren es que se le pasen retroexcavadoras a los cimientos de un sistema que es el mejor camino conocido hasta hoy para crear prosperidad, oportunidades, bienestar y, al final del día, mayor felicidad para las personas. El único sistema que ha permitido llegar al desarrollo a los países que lo han logrado. Y menos quieren que esa destrucción se haga sólo por razones ideológicas que pretenden llevar al país a un modelo totalitario socialista, que en todas las naciones en que se ha implantado sólo ha producido pobreza, tristeza e infelicidad. Esa es la olla hirviente de la que la rana chilena se escapó de un salto el domingo pasado. ¡Cehacheí por la rana!

Chile se ha pronunciado mayoritariamente por el sistema de la prosperidad, la libertad, el buen sentido, la normalidad, la unidad entre personas diversas. En definitiva, de mayor felicidad, y ha rechazado las estridencias ideológicas y las retroexcavadoras totalitarias que sólo traen miseria y peleas irreconciliables.

 

Gerardo Jofré

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR /AGENCIAUNO