No solo es importante que los católicos voten, sino que lo hagan en coherencia con su aproximación valórica.
Publicado el 24.11.2017
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De acuerdo a lo informado por el Servicio Electoral, alrededor de 6.700.000 chilenos ejercieron su derecho a votar el pasado domingo, esto es, un 46% del padrón electoral. O sea, más de la mitad de los chilenos que podía votar, no lo hizo, esto es cerca de 7.700.00 chilenos.

Por otra parte, el día de las elecciones y a diferencia de otras jornadas electorales, se observó una mayor crispación en los chilenos. Algunos discursos muy virulentos y agresivos, problemas y gritos en contra en la votación de algunos candidatos y una odiosidad no vista hace bastante tiempo en el país.

¿Tiene el católico un rol en estos temas? ¿O debemos dejar de mencionar que somos católicos para poder participar/opinar en los temas públicos? Para algunos, de una vertiente llamada “liberal”, sean de derecha o izquierda, la esfera religiosa no debiera tocar la política, bajo la lógica de que las convicciones de la fe solo pueden ser esgrimidas para las decisiones relativas a la propia vida pero no para las vidas ajenas. Y respecto a las “vidas ajenas”, se requeriría de ciertas “convergencias parciales acerca del modo de organizar la vida en común”.

Sin embargo, estas “convergencias parciales” necesariamente requieren de aproximaciones valóricas, las cuales naturalmente pueden estar en un partido político, en una junta de vecinos y también en una confesión religiosa. Y esas aproximaciones valóricas apuntan a la consecución del bien común, el cual nuevamente se basa en una concepción valórica: por algo es “bien” común. ¿Es que no se pueden discutir “valores y principios”? ¿Es que no se puede estar convencido de la aproximación valórica de una confesión religiosa como algo deseable en la esfera política? Pero claro, frente a esta aproximación, se repite una y otra vez que Chile es un Estado laico y que los católicos quieren imponer su visión de la sociedad. Por lo tanto, se exige que quede fuera de cualquier espacio público cualquier tipo de manifestación o dimensión religiosa, lo cual termina siendo en la práctica un nuevo tipo de religión, la de un Estado laicizante que pretende imponer no una neutralidad, sino que una nueva visión del Estado y de la sociedad como algo no-religioso. A tales extremos se ha llegado con esto, que en un colegio público de Providencia, bajo el mandato de la anterior alcaldesa, incluso se llegó a obligar que las secretarias del colegio sacaran de sus escritorios las estampitas de la Virgen y de santos, creándose una comisión a este respecto.

El tema es que la separación de la Iglesia del Estado, el real fundamento del Estado laico desde la Constitución de 1925, significa que el Estado no puede imponer una creencia específica. Pero no solo eso. Tal como lo ha planteado la ex senadora Soledad Alvear y Sergio Micco, esta laicidad negativa de que no exista una injerencia estatal indebida, ha de acompañarse de una laicidad positiva, que en una lógica democrática significa que el Estado ha de garantizar que la manifestación religiosa pueda expresarse. ¿Será democrático que el Estado prohíba las manifestaciones religiosas, incluso en la esfera pública, de una clara mayoría de chilenos que creen en Dios?  ¿Que por ejemplo, no permita la peregrinación pública de más de un millón de chilenos a Lo Vásquez para el día de la Purísima? Evidentemente que no.

Es por esto que los católicos no deben esconderse. Por el contrario, han de participar activamente en política. Y lo primero es votar. El mismo Papa Francisco lo ha señalado claramente: “Involucrarse en la política es una obligación para un cristiano… Nosotros, cristianos, no podemos jugar a Pilato, lavarnos las manos; no podemos. Tenemos que involucrarnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el Bien Común”. Y frente al desprestigio de la vieja política, el Papa nos habla de una política distinta “¿No será la política, la vieja política, demasiado sucia, peligrosa para quien aspira a una vida recta? Pero me pregunto, se ha ensuciado ¿por qué?  Es fácil decir la culpa es de ese. Pero yo, ¿qué hago? Es un deber. Trabajar por el bien común es un deber de un cristiano. Y muchas veces para trabajar, el camino a seguir es la política”.

En este sentido, resulta fundamental que los católicos voten. Para el Padre Hurtado, “nuestra época necesita afirmar fuertemente la responsabilidad de cada hombre en los intereses comunes. Entre los deberes de justicia el cumplimiento de los deberes cívicos es una obligación grave de todo ciudadano”. Pero no solo es importante que los católicos voten, sino que lo hagan en coherencia con su aproximación valórica. En efecto, este deber grave de participar requiere votar de conformidad con los valores que son congruentes con la Doctrina Cristiana, tal como le menciona la Nota Doctrinal sobre Compromiso y Conducta de los Católicos en la Vida Política (2002).