Escribir es una cuestión personal, pero estas 12 recomendaciones pueden servir para los jóvenes que sueñan con ser escritores.
Publicado el 16.12.2014
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A menudo, al término de mis presentaciones, se me acercan en Chile jóvenes que sueñan con ser escritores. Me preguntan si tengo sugerencias para ellos. No las tenía, pero ahora se me ocurren algunas. Todas son hijas de mi experiencia y por eso de validez restringida. Lo que es válido para mí, no es necesariamente válido para otros, pero ya que me las piden, aquí van y en formato de carta. Ojalá le sirva a alguien:

1.- Márchate cuanto antes del país. Así de claro y simple. El mundo es mucho más que un par de comunas de Santiago, que ahora te parecen el mundo entero. Como decía José Martí: cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea… Busca en Google oportunidades en universidades del mundo, pues hay más oferta de lo que piensas, y usa TripAdvisor para conseguir el pasaje más barato para llegar a tu destino. Escapa de la influencia local sin olvidar la cultura de tu patria, huye de este rincón del mundo donde reinan la promiscuidad y la exclusión literarias, sal a respirar otros aires, a beber de otras fuentes, a aprender otros idiomas, a conocer culturas y enriquecer tu sensibilidad. En esto, los futbolistas –Zamorano, Alexis, Vidal, Suazo o Valdivia- tienen la película más clara que nosotros.

2.- Lee a los grandes autores y a los que te gustan o enseñan, pero no dejes de vivir. La escritura no es la vida sino parte de la vida. Si no vives, faltará vida real en tus libros, y los lectores lo notarán. Lee y escribe, pero vive, observa, compara, y goza y asume la vida, porque en ella, como en la literatura, no hay nada garantizado. Ojo con escribir como los consagrados, porque no serás auténtico ni original. Por eso, vivir la vida te puede ayudar a definir tu identidad y estilo. Lo que es recomendable hoy, no lo será mañana.

3.- Escribe todos los días. Un escritor no es ese personaje que anuncia que escribirá sino el que escribe y publica. No agotes tu energía contando las novelas que has de escribir un día, simplemente escríbelas y deja que los demás hablen después de ellas. Escribe disciplinada y rutinariamente, hazlo a diario, sábados y domingos incluidos, el novelista es hijo del rigor no de la inspiración.

4.- Escribe lo que sientes que tienes que escribir sin que te importe lo que los críticos desean que escribas. Desconfía de los críticos que quisieron ser escritores y no lo lograron, y si no llegas a ser escritor, no termines odiando a los que lo son. Aléjate de los popes y papisas de la literatura, de las cortes y jerarquías que alimentan a su alrededor, recuerda que el escritor no es como las hienas que cazan en manadas sino un tigre que caza solo.  Mira tus libros como simples capítulos de un gran libro, que cerrarás con el último párrafo que escriba tu mano.

5.- No dependas del Estado porque no serás libre como artista. La libertad la ganas cuando vives de tu obra. Ojo con la adicción a los fondos estatales. There is no free lunch, dicen los estadounidenses.

6.- Actúa con modestia frente a tus colegas pero sé exigente contigo mismo. Trata a tus colegas como te gustaría que te trataran. Acepta la diversidad de estilos, enfoques, lenguajes, sensibilidades. No te erijas en juez de los demás escritores, pero dedica toda tu energía a escribir lo mejor que puedas. Nunca critiques a tus pares. Este es un ambiente árido, pedregoso, donde cada uno hace lo mejor que puede y reina la libertad. Un escritor es escritor porque escribe, no porque critica a sus colegas.

7.- No uses el GPS de la academia ni de la asociación de críticos ni de escritores. Oriéntate por tu propio GPS o, mejor aún, por tu propia nariz e intuición a la hora de escribir. No pienses en los críticos, ni los académicos, ni tus colegas ni los lectores en esa etapa. Olvídate de ellos, y escribe lo que te viene de adentro, y al escribir sé tú mismo y punto. La escritura es un pulso, un mano a mano, entre tú y tu texto. Cuando tu libro esté en librerías, juégatelas por él, difúndelo, defiéndelo y acompáñalo en sus inicios. Después, como ocurre con los hijos, déjalo que camine solo pero sin perderlo de vista.

8.- Apártate de lo políticamente correcto. Esa categoría es letal para los escritores, porque los uniforma y vuelve insípidos. Que no te conviertan en cordero. No te pongas a balar con el rebaño. Eso es más fácil, cómodo y conveniente, pero el escritor es un individualista, nadie más individualista que él. Se siente único e irrepetible, y quiere serlo y demostrarlo. Lo difícil es salirse del rebaño, apartarse de lo políticamente correcto y manifestar lo que piensas, aunque a patadas te echen abajo la puerta, como dijo el poeta cubano Heberto Padilla, muerto en el exilio.

9.- Nunca envidies a los colegas que tienen más lectores que tú. Siempre los habrá. Que eso no te quite el sueño ni alimente tu envidia. La envidia mata al escritor y cambia sus temas, impulsos y tono, no lo deja ser él mismo. Si otros colegas se reservan el derecho de ser los mejores, tú resérvate el derecho de ser el peor de todos. No debatas sobre algo que lo definen el tiempo y los lectores. Concéntrate mejor en escribir tus ficciones. “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”, dice Francisco de Quevedo; “La envidia es tomar veneno y esperar a que se muera el otro”, dice un refrán, y “La envidia es el homenaje que le rinde la mediocridad al talento”, afirma Arturo Elías Ayub.

10.- No desprecies nunca a los lectores. Ellos saben más de lo que imaginas. Aléjate de los que despotrican contra los escritores que tienen muchos lectores, y los acusan de “venderse al mercado”. Ellos sugieren que podrían tener igual cantidad de lectores, pero que no lo hacen porque lo suyo es la “alta literatura”. ¡Patrañas! El contacto entre un libro y el lector es como el amor: se da o no se da, y no hay nada más que hacer.  Si hubiese fórmulas para escribir best sellers, todos los escritores serían ricos.

11.- No bebas ni uses drogas al escribir, porque escribir ha de ser una actividad placentera en sí misma. Sé que hay escritores para los cuales la página en blanco es un tormento, pero soy un convencido de que el escritor se enfrenta a solas con el texto, sin intermediarios de ningún tipo.

12.- Vete cuanto antes de Chile, pero regresa a tu país un día a compartir tu experiencia con los escritores jóvenes. Quizás para algunos tus palabras y experiencias serán valiosas, para otros no. Pero así es la vida. A mí me pasó lo mismo y a ustedes les ocurrirá otro tanto. Devuélvele a tu tierra natal, si es que te sigue importando, algo de lo que te dio. Y no busques nada a cambio. Nada peor que los escritores que piensan que Chile les debe algo. Comparte tu experiencia simplemente y serás feliz. Un escritor feliz. Porque de eso se trata cuando uno se dedica a esto, ¿verdad?

Con mis mejores deseos de éxito,

Roberto Ampuero, #ForoLíbero.

FOTO: CARLOS TWOSE/FLICKR

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