Todo lo referente al asesinato de su hermano, en cuanto a personaje público, le interesa, sin duda, a la gran mayoría del país. Dejemos atrás las conjeturas e hipótesis. Chile quiere verdad. Y claramente, Rosario Guzmán, puede aportar mucho a ello.
Publicado el 04.04.2016
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Cómo poder expresar la solidaridad con una destacada periodista que ha sufrido tanto en su vida personal, y que, por la reciente carta abierta que ha publicado a su hermano Jaime, deja en claro que esos dolores personales y familiares están lejos de desaparecer.

Pero más allá del aspecto personal relatado en la carta; yo, como periodista -que estudiaba en el Campus Oriente de la UC cuando mataron a Jaime Guzmán-; y que he tomado perfiles humanos elaborados por Rosario Guzmán para analizar y estudiar con alumnos que hoy estudian periodismo, debo decir que la carta publicada por La Tercera, en vez de despejar dudas, presenta contradicciones que confunden aún más. Aquí algunos ejemplos:

En la carta, ella expresa que “al salir Pinochet del quirófano donde te ingresaron se dirigió hacia mí (ya que nuestra madre no estaba en Chile) para decirme que los médicos no habían podido salvarte la vida, mientras su expresión de alivio hacía imposible ocultar su contento”. Recuerdo a Rosario Guzmán, que ella escribió el libro, “Mi Hermano Jaime”, a los pocos meses del asesinato del 1 de abril de 1991.

En la página 17 también se refiere a la situación en el Hospital Militar: “…Isabel y yo nos refugiamos allí para tener un poco de recogimiento en medio del mar de gente que se había reunido en los pasillos de todos los pisos, acudiendo a demostrar su solidaridad. No puedo dejar de mencionar la actitud en extremo afectuosa del General Pinochet esa noche. Y no era de extrañar: Jaime había tenido para con él una lealtad a toda prueba”.

No entiendo el cambio de parecer.

Por otra parte, Rosario Guzmán da a entender que su carta abierta es para pedir perdón por omisión, es decir, haber guardado silencio “en el ánimo de colaborar con la reconciliación de mi país”.

Aquí dos preguntas. Si es así, por qué decidió hablar ahora, 25 años después, más cuando su propio hijo, Ignacio Santa Cruz, en 2013, ya había señalado que “la muerte de Guzmán se cocinó entre Pinochet y Contreras”. Ergo, era algo que ya se había publicado. Claro, ahora lo hace Rosario Guzmán, la madre, pero… ¿Lo que señala es novedad?, no.

Y segundo. El perdón de Rosario es también –según la carta- por haber sabido que lo podían matar, porque se lo había advertido el General Manuel Contreras. Pero, ¡si el propio Jaime Guzmán ya lo sabía! Según lo indica ella misma. Cito la carta abierta. “¿Te acuerdas cuando consiente de que se estaba planeando tu asesinato te preguntabas inquieto qué pasaría con tu partido el día en que te llegara la hora?”.

Ergo, Jaime Guzmán, no sólo sabía que lo iban a matar, sino que hablaba de ello con Rosario, su hermana. Tema que también es tocado en el libro Mi Hermano Jaime, página 19. “En ese trayecto a su casa pregunté a Jaime si alguna vez había pensado en la posibilidad de que alguien atentara contra su vida. Me contestó: “Claro, está dentro de las posibilidades…para luego recordarme que “nadie se muere ni un minuto antes de lo que Dios lo tiene contemplado”. Estábamos sólo a 48 horas de que se cumplieran los inescrutables designios providenciales…”.

Se podría deducir que si lo sabía, al menos, Rosario y Jaime, era un tema que no los tomó por sorpresa. Entonces, ¿por qué el perdón aquí, si Jaime Guzmán sabía a lo que se exponía?, ¿sólo no sabía que la orden vendría de Pinochet como afirma la hermana? ¿Y es eso lo que le produce culpa a Rosario Guzmán?

La sensación es de ambigüedad. No queda del todo claro la razón del perdón.

Luego agrega en la carta abierta, y en tono casi conspirativo que “te condujeron al Hospital Militar y muchos se preguntaron ¿Por qué no al hospital de la PUC, que era tu segunda casa?”. Se debe aclarar que ese día, fue el chofer de confianza de Jaime Guzmán, Luis Fuentes Silva, el que por orden del mismo senador pidió que lo condujeran a la sede de la UDI en la calle Suecia 286; y ahí se decidió llevarlo al Hospital Militar. Cito la página 20 del libro: “Debido a todas estas razones y sinrazones, me atrevo a creer que Jaime murió “a la hora señalada”. Y por lo tanto, ¿por qué él no llamó a la policía en vez de recurrir a Luchito…? O ¿por qué no alcanzaron a protegerlo aquellos que recibieron señales de que era posible que ese día lo mataran…?”.

El llamado a Rosario Guzmán aquí no es de perdón, es de colaboración: y es que dado su carácter profesional, acucioso y ejemplo para generaciones de periodistas, aclare sus juicios de valor y los transforme en juicios de razón y datos duros… Todo lo referente al asesinato de su hermano, en cuanto a personaje público, le interesa, sin duda, a la gran mayoría del país. Dejemos atrás las conjeturas e hipótesis. Chile quiere verdad. Y claramente, Rosario Guzmán, puede aportar mucho a ello.

 

Rosario Moreno C., Periodista y Licenciada en Historia UC.