Lo que Guillier debería hacer es comprender que los dirigentes de la vieja Concertación siguen teniendo sus afectos con Lagos, que si terminan apoyándolo será con dolor y él tendría que darles el espacio para que ese paso lo puedan dar con dignidad.
Publicado el 19.09.2016
Comparte:

La gran Palmenia Pizarro, una cantante con estilo y cierto sello de placer culpable que interpreta la expresión más genuina del sentimiento latino, se inmortalizó cantando Cariño Malo; con una letra breve e intensa, la canción expresa el desgarro de la contradicción entre el amor y la racionalidad. El primero te impulsa a la unión, la segunda te muestra la separación como la opción inevitable; pero, en el fondo, la agudeza del autor está en mostrar esa colisión entre afecto y razón, que se puede dar en distintas circunstancias, aunque siempre poniendo en juego, en cierta manera, la dignidad de alguna de las partes.

La vida está llena de “cariños malos” y la política especialmente, algo de esto es lo que plantea Alejandro Guillier a la vieja Concertación, lo cual se hizo evidente con sus poco afortunadas críticas al ex Presidente Lagos. El emergente candidato tiene todo para convertirse en el abanderado del oficialismo, hoy por hoy asoma con el mayor potencial electoral, pero tiene que asumir que la política posee sus códigos y, si no se puede ser candidato sin votos, tampoco basta con los votos para ejercer una posición de liderazgo en un proyecto presidencial.

Las formas son fundamentales, porque en ellas se juega la estética de toda relación y, nunca hay que olvidar, en las relaciones humanas la estética forma parte de la ética, porque es esencial para darle sentido y contenido a esas relaciones. Eso es lo que olvidó –o ignoró- Guillier esta semana, cometiendo un error de principiante que no puede repetir si quiere llegar a ser el candidato presidencial de la Nueva Mayoría.

Ser un recién llegado a la política tiene, hoy día, casi puras ventajas: la ausencia de un pasado reprochable, de decisiones de las cuales hacerse cargo, de la cuota en la desilusión ciudadana que a todos los políticos toca compartir en algún grado; son factores que conforman un activo extraordinario. Pero está ese “casi” que nos dice que ser nuevo no trae únicamente ventajas, siguen existiendo pasivos de los cuales hacerse cargo.

La Nueva Mayoría está llena de dirigentes que tienen una larga trayectoria en la defensa del proyecto político que ellos encarnan. Además, se trata de un pacto conformado por las llamadas “dos almas”, una de las cuales –la vieja Concertación- ve en Ricardo Lagos el ícono de su propia historia. Todo político de raza sabe que la pérdida de poder se compensa con honores y que, por el contrario, el que tiene la fuerza tiene que ser austero en las formas.

El camino elegido por Guillier, aunque rápidamente reculó, muestra y demuestra dónde están sus debilidades, su falta de orientación espacial y de control del tono. Dicho en simple: su inexperiencia. En una columna anterior dije de él que tenía “buen lejos”, por primera vez pudimos verlo más de cerca y lo que se apreció no fue bueno.

En mi opinión Ricardo Lagos tiene pocas posibilidades de llegar a ser el candidato presidencial de la Nueva Mayoría, porque no parece tener sintonía con el elector de hoy, porque está parado en una posición en que es “second best” en las dos dimensiones que importan: si el país quiere cambio el mejor es Piñera, si quiere continuidad el mejor es Guillier (el adjetivo “mejor” lo uso en el sentido estrictamente electoral).

Por lo mismo, lo que Guillier debería hacer es comprender que los dirigentes de la vieja Concertación siguen teniendo sus afectos con Lagos, que si terminan apoyándolo será con dolor y él tendría que darles el espacio para que ese paso lo puedan dar con dignidad. Lo que Guillier le dijo al ex Presidente es verdad y precisamente por eso, porque es la verdad, es que no lo debía decir de esa manera. De entenderlo depende la viabilidad de su opción.

Si Alejandro Guillier buscara un viejo disco de Palmenia Pizarro, y escuchara “Cariño Malo”, percibiría lo que le está diciendo esa Concertación que anhela el retorno de Lagos y, junto con ese regreso, del tiempo que se fue:

“Ten respeto por favor,
por mi cariño que aún… no ha muerto”.

Gonzalo Cordero, Foro Líbero.

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL  /AGENCIAUNO.

Ingresa tu correo para recibir la columna de Gonzalo Cordero