De entre los 17 millones de chilenos que somos, en teoría, se debiera elegir a la gente más capaz para conducir al país. Pero el ciudadano palpa -con desánimo- el menú que tiene hoy para elegir: candidatos que mienten, que se agreden, y se prestan para shows patéticos. Lo digo sobre todo por aquellos que marcan menos en las encuestas, porque como no tienen nada que perder, buscan hacerse conocidos con un actuar como el de las garras bravas en la galucha del estadio.
Publicado el 05.11.2017
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El candidato comunista Eduardo Artés, que ni siquiera sale mencionado en las encuestas, se da el lujo de decir que en Chile no estamos en democracia, pero que en Corea del Norte sí. También, en medio de un debate presidencial, al no gustarle lo que decía Antonio Kast en su tiempo reglamentario, lo trató de “estúpido” y “fascista”. Y eso que el señor Artés es profesor…

Otro muy virulento ha sido Alejandro Navarro (que tampoco marca en las encuestas), que en un hecho inédito, le lanzó monedas al candidato Sebastián Piñera durante un debate radial. Cómo será que el moderador del encuentro pidió a Navarro “un mínimo de compostura, por favor”. Por supuesto que no hubo disculpas posteriores.

El senador Alejandro Guillier se sintió atacado por lo que se gana en el Congreso, ya que ME-O dijo que los sueldos hay que bajarlos a la mitad. Guillier le respondió: “Yo vivo en Peñalolén, no en Vitacura, ahí está la diferencia, por dónde entra la plata”, en referencia a la millonaria casa de propiedad de Karen Doggenweiler, donde vive ME-O. Esas palabras generaron indignación en la propia conductora de TVN, esposa del candidato: “¡Machista!”, le gritó al senador desde el público. ME-O emplazó a Guillier a que le pidiera perdón a su esposa, pero éste respondió “Un político debe vivir como la gente que quiere representar, esa fue mi apreciación”.

Sigamos. Beatriz Sánchez ha criticado públicamente y en varias ocasiones las colusiones entre empresas, pero resulta que en su programa propone, sobre el cobre, “reunir a los países para consensuar cuotas mundiales”. La periodista le hizo ver que claramente aquello era un cartel al estilo OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Sánchez no fue capaz de defenderse.

Esta semana, luego de que Sebastián Piñera diera a conocer su programa de gobierno (mientras otro lo hará posterior a la primera vuelta para causar un golpe de efecto, según dijo), salieron rabiosos al menos cuatro ministros de la Presidenta Bachelet a decirle al candidato de Chile Vamos que era un copión en varios de sus puntos, y que ya habían sido comenzados por la Mandataria. Lo que duele es que esos ministros saben –perfectamente- que hay obras que entre su licitación e inauguración pueden tardar varios períodos presidenciales. Pero no importa, hay que confundir a la gente y dejar al contrincante como mentiroso.

Y tan falsas son las acusaciones, que en 2013, la candidata Bachelet, en un texto de 198 páginas incluía, por ejemplo, la Autopista Vespucio Oriente (“Se deberá concluir la integración de las autopistas existentes incorporando Américo Vespucio Oriente”), obra que fue licitada en julio de 2013 por el hoy candidato de Chile Vamos. Lo mismo ocurrió con las líneas 6 y 3 del Metro, que también fueron mencionadas en el plan de gobierno de Bachelet, siendo que las obras se iniciaron en septiembre de 2012. Y así hay varios casos más.

¿A qué va todo esto?, se preguntarán. Fácil, a que de entre los 17 millones de chilenos que somos, en teoría, se debiera elegir a la gente más capaz para conducir al país. Con un pequeño botón de muestra, el ciudadano palpa -con desánimo- el menú que tiene hoy para elegir: candidatos que mienten, que se agreden, y se prestan para shows patéticos. Lo digo sobre todo por aquellos que marcan menos en las encuestas, porque como no tienen nada que perder, buscan hacerse conocidos con un actuar como el de las garras bravas en las galuchas de los estadios. Dejo fuera a Carolina Goic, Sebastián Piñera y Antonio Kast.

Nos ha costado construir Chile, señores candidatos. Además, Michelle Bachelet nos dejará un país con bajo crecimiento (no alcanza al 2%) y el gasto fiscal como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) que está cerca del 25%, lo que implica su mayor nivel en al menos los últimos 26 años. Asimismo, con un puñado de reformas, que si bien pudieron haber tenido una buena intención, quedaron pésimamente mal hechas, y el ciudadano de a pie ya lo está notando en su vida diaria.

El llamado a los líderes políticos es que no se sigan arrascando, que no hagan las cosas a medias, y dejen de lado la desidia, los cuoteos políticos, los robos de caja chica y grande; a que sirvan pensando en el ciudadano que lo está pasando mal, y no en esa avaricia de no poder soltar el poder. No estamos en un reality, se nos viene una cruda realidad.

 

Rosario Moreno C., periodista y licenciada en Historia UC

 

 

FOTO: JUAN GONZALEZ /AGENCIAUNO