¿Cómo se ha posicionado Chile en este nuevo escenario regional? Como ya lo ha hecho, en más de una oportunidad, en otros momentos de la historia: de contrapelo, o “nadando contra la corriente” y además, con errores no forzados en su política exterior, que siempre tienen su costo.
Publicado el 22.04.2016
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El escenario político regional pasa por un proceso de cambio significativo. Compartimos con el resto de los países de América del Sur un entorno económico global complejo que obliga a ajustes y que se presenta como un nuevo desafío, poniendo a prueba las políticas de desarrollo de una región que venía experimentando un progreso notable, facilitado por un extraordinario nivel de precios de sus principales materias primas de exportación. Acabado ese ciclo de expansión, toman más importancia que nunca las definiciones de política económica que se adopten para hacer frente a las nuevas condiciones imperantes en el mundo.

En general, hay una tendencia clara en la región, en cuanto a lo que se busca como respuesta a los nuevos desafíos para lograr el desarrollo económico. La elección de Macri en Argentina, la derrota de Maduro en las elecciones legislativas en Venezuela, y como sea que se decida la segunda vuelta de las presidenciales en Perú, dan cuenta de una cierta relación de causalidad entre la magnitud de los desafíos económicos que se deben enfrentar y las opciones políticas que se estiman como más eficientes para sostener el desarrollo. Las turbulencias por las que atraviesa Brasil tienen, asimismo, un innegable componente económico, que influirá en la manera de abordar la solución de la crisis actual. El único caso atípico parece ser el de Chile.

Hasta hace un par de años, la preocupación por los ajustes necesarios frente a las nuevas condiciones económicas no habría llegado a inquietarnos mayormente. Los fundamentos de un modelo de desarrollo que permitió a Chile crecer a tasas nunca antes vistas y reducir los niveles de pobreza de manera sostenida, constituía la mayor garantía de estabilidad. Pero de la noche a la mañana, se ha instalado la noción de la necesidad apremiante de “un cambio de rumbo”. Mientras los demás países intentan recorrer la misma senda que ha trazado Chile, ¡nosotros nos empeñamos por deshacer el camino avanzado!

Resulta incomprensible para el observador externo, el vuelco político que pareciera buscarse en Chile, teniendo como objetivo prioritario lo que se suele señalar como “el cambio del modelo”. Igual o más dificultoso se presenta para cualquier chileno, exponer un argumento racional que valide la tesis del cambio radical. La explicación sobre la supuesta urgencia en la necesidad de cambios radicales en el sistema económico, tiene un contenido exclusivamente ideológico.

¿Cómo se ha posicionado Chile en este nuevo escenario regional? Como ya lo ha hecho, en más de una oportunidad, en otros momentos de la historia: de contrapelo, o “nadando contra la corriente” y además, con errores no forzados en su política exterior, que siempre tienen su costo. Entregando apoyo expreso al candidato perdedor en Argentina y consintiendo en recibir en una incomprensible visita oficial (con  una semana de aviso previo) a la tambaleante Dilma Rousseff, por nombrar los casos más notorios. Para qué mencionar la política hacia Venezuela. En resumen, todo indica que dedicaremos los próximos años de nuestro accionar diplomático para dar explicaciones poco convincentes, pues mientras más se distancian los demás países de las ideas del izquierdismo sesentero, más se tiende en Chile a retomar el fallido camino del fracaso socialista.

Lo que falta aún por explicar, tarea que le corresponde a quienes propician los cambios drásticos, es cuál sería ese nuevo “modelo” que debiéramos adoptar, sustituyendo a “la oprobiosa economía de mercado”. Los más entusiastas apologistas del cambio de modelo no lo han dicho, pero todo indicaría, por los despliegues retóricos que se les conoce, que su ideal tiene mucho de lo que ya vimos entre 1970 y 1973.

Si se cumplen los deseos de “los nuevos hombres nuevos”, y Chile se embarca en una nueva aventura revolucionaria, con todo y Asamblea Constituyente mediante, el resultado es fácil de prever. Y cuando llegue el momento de deslindar responsabilidades, lo más probable es que se siga el brillante razonamiento del Presidente Correa, del Ecuador, quien responsabiliza el término de “la era K” en Argentina, el desplome del PT en Brasil, la pérdida de Evo en el referéndum boliviano y el desastre político, económico y social en Venezuela… a un misterioso “Plan Cóndor” urdido por el Imperio y las fuerzas reaccionarias del Cono Sur. A ese mismo plan tendremos que responsabilizar por lo que resulte de las urgentes y radicales reformas que se busca hacer en Chile.

 

Jorge Canelas, Cientista Político y Embajador (r).

 

 

FOTO: GOVERNO DO ESTADO DO RIO GRANDE DO SUL/FLICKR