La autocrítica es descarnada, pues reconoce la incapacidad que tuvo como ministro de Educación de percibir con claridad lo que estaba haciendo, algo así como que se dejó llevar por una dinámica que no comprendía.
Publicado el 09.09.2015
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La entrevista que concedió el domingo recién pasado a El Mercurio el ministro Secretario General de la Presidencia, Nicolás Eyzaguirre, no puede haber sido más brutal y al mismo tiempo más sorprendente. Una descarnada auto crítica en todos los frentes que se ha prestado para las más múltiples interpretaciones. Una autocrítica personal, pero también un profundo reconocimiento de las incapacidades de gestión del gobierno, del infantilismo que significó abrir tantos frentes al mismo tiempo, de la desprolijidad técnica con que se abordaron los proyectos de ley, y finalmente un severo reconocimiento de lo inconveniente para el país que se mantenga un clima tan crispado, tan enfrentado ideológicamente, donde se ha perdido la amistad cívica. Un llamado a los acuerdos, pero no del tipo cupular que él mismo dirigió como ministro de Hacienda del ex Presidente Ricardo Lagos.

¿Es esto la capitulación del sector duro de la Nueva Mayoría, ese que no reconoce los logros de su predecesora, la Concertación, ese que propone refundarlo todo? ¿Es esto una evidencia más de ese gradual pero firme cambio de gravedad en el eje del poder desde el sector refundacional al sector reformista de la Nueva Mayoría? ¿O es solo un acto más de la pugna de poder interno del bloque gobernante entre estos dos sectores? ¿Es esta entrevista un esfuerzo por reconciliar ambos sectores al interior de la alianza gobernante, a la luz de las elecciones del próximo año?

Difícil de responder desde afuera a estas preguntas. La información disponible y las reacciones, sin embargo, permiten aventurar algunas hipótesis. En primer lugar, se trata del ministro más cercano a la Presidenta. Sin duda alguna este movimiento se realizó con el consentimiento de la Mandataria. En segundo lugar, a juzgar por las reacciones algo contradictorias de otros miembros del comité político, al menos los detalles y tono de la entrevista no fueron compartidos ni analizados en profundidad previamente en el seno del dicho comité. Es una iniciativa que probablemente se articuló en forma bastante cerrada entre el ministro y la Presidenta. También es un esfuerzo personal de situarse en un lugar distinto que él mismo ha tenido al interior del gobierno. Es definitivamente un cambio de estilo, sumándose al estilo dialogante y abierto del ministro Burgos, pero ¿es una nueva forma de gobernar hacía adelante o solo una improvisación más?

Claramente el ministro no estaba cómodo con el ninguneo que significó en un principio que todo se centrara en la dupla Burgos-Valdés, y tampoco ha estado cómodo con las esquirlas que ha recibido por el lugar que ha ocupado en el primer tiempo del gobierno. Es también un esfuerzo personal de articular un nuevo eje dentro del bloque, más centrado y que ponga las pausas y los acuerdos que el país requiere para dejar atrás este amargo periodo de desencuentro. ¿Lo logrará? Difícil de decir. En primer lugar, esta pega es del ministro del Interior, no del ministro Secretario General de la Presidencia. Cómo se maneja la rivalidad con el ministro Burgos o cómo se institucionaliza el mando en el comité político tiene diagnóstico reservado.

En segundo, en los hechos, el ministro fue uno de los líderes del ala refundacional y eso le quita credibilidad. Aunque la autocrítica es descarnada, pues reconoce la incapacidad que tuvo como ministro de Educación de percibir con claridad lo que estaba haciendo, algo así como que se dejó llevar por una dinámica que no comprendía. Luego de haber sido uno de los ministros más importantes del reformismo de la Concertación en el gobierno del ex Presidente Lagos, no dudó en cruzar la calle y dirigir la demolición de la industria de colegios subvencionados que es tributaria del gobierno del ex Presidente Patricio Aylwin. Erróneamente asigna a algunos de sus adjetivos, o su estilo pachotero, o algunas de sus metáforas una implicancia que no tienen.

El problema no es que haya dicho que había que quitarle los patines a los buenos colegios para que compitan a pie pelado con los malos. No. El problema es que la política educacional ha estado mal concebida, mal diseñada y no se conecta de verdad con el Chile que hemos construido los últimos años. Eliminó la educación mixta y la continuidad entre colegios privados y públicos a través del copago y la reemplazó por una educación dicotómica: totalmente gratuita para el 90% de la población y totalmente privada para el 10%. Abrazó sin mucha reflexión el error de diagnóstico descomunal que hizo todo el sector refundacional de la Nueva Mayoría, un verdadero wishful thinking: que el movimiento del 2011 era un movimiento popular por el fin al lucro, fin a la selección y por la gratuidad universal de la educación, cuando de verdad era un movimiento de indignados con los colegios y universidades de mala calidad que debían cerrar y por la deuda bancaria educacional que él mismo había impulsado como ministro de Hacienda años antes. Es una buena noticia que tengamos al ministro Eyzaguirre de vuelta en esta vereda, le deseamos suerte y le recomendamos mucha humildad para lograr tan importante cometido.

 

Patricio Arrau, Doctor en Economía, Consejero y Director de Fuerza Pública e investigador asociado .Plural.

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI /AGENCIAUNO