Lo que se empieza a pedir es más un cambio en el gabinete, que un cambio de gabinete.
Publicado el 07.09.2014
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Simplemente se instaló, nadie sabe de dónde vino, ni quién lo dijo primero, pero apareció. Así como aparece la imagen de un barco en el horizonte, de a poco, delatando la redondez de la tierra, comenzó a deletrearse la frase, a distinguirse claramente cada palabra: cambio de gabinete.

No pude evitar el recuerdo de Mercedes Sosa: “Cambia lo superficial cambia también lo profundo cambia el modo de pensar cambia todo en este mundo”.

Tengo una interpretación paradójica de lo que está sucediendo, lo que está saliendo a la superficie es la expresión de una sociedad que no quería tanto cambio, no quería en realidad “estos” cambios y, por lo tanto, empieza a pedir un cambio para que no sigan los cambios. ¿Se entiende?

Lo que está detrás de esa idea que ronda en el aire es mucho más que una simple alternancia de ministros. Es la petición, a veces difusa y a veces directa, de un cambio de rumbo. Porque a estas alturas es claro que el problema de la economía no es la incertidumbre, sino todo lo contrario, es la certeza.

El año pasado sí que había incertidumbre. ¿Cómo irá a ser su segundo gobierno, cuánto subirá la carga tributaria, tendremos asamblea constituyente, cambiarán las bases de la legislación laboral, la educación privada seguirá teniendo espacio? Esas preguntas provocaron incertidumbre, generaron duda y la duda afectó.

Pero ahora el problema ya no son las preguntas (incertidumbre), ahora conocemos varias de las respuestas (certidumbre) y esas son las que están afectando la voluntad de emprender, de invertir. Ya no se habla de cuándo seremos un país desarrollado, ahora nos preguntamos cuándo volveremos a crecer. Algunos se preguntan algo peor: ¿alguna vez volveremos a crecer como antes?

Entonces el sentido común comienza a pedir un cambio, pero no el cambio superficial, nadie quiere gatopardismo ministerial, sino un cambio más profundo, el cambio de rumbo. Ese es el mensaje que se asoma en el horizonte.

¿Y el programa?, preguntan los ortodoxos. Todo gobierno tiene que cumplir lo que ofrece, dicen. Claro, pero con una pequeña salvedad: que el gobierno está al servicio del país y no de su programa.

Si la aplicación del programa, por las razones que sean, comienza a afectar negativamente el progreso de la sociedad, a disminuir las oportunidades de empleo, a generar divisiones mayores, a ser un lastre que frena y no un motor que impulsa, entonces se cumple con lo que se puede no más.

Y si fuera verdad que el programa es una promesa que obliga, también es verdad que el beneficiario del compromiso puede liberar al que se siente obligado. Eso está también detrás del ruido de cambio de gabinete, la expresión de la mayoría moderada que le está empezando a decir al Gobierno “volvamos al camino conocido”, hagámoslo un poco más ancho, mejoremos el pavimento, pero no lo abandonemos para irnos por un sendero que se empieza a ver agreste y con más problemas que el anterior.

Nada resolvería el Gobierno cambiando al ministro Arenas, o a cualquier otro, para que el reemplazante llegara a seguir haciendo lo mismo. En realidad lo que se empieza a pedir es más un cambio en el gabinete, que un cambio de gabinete.

Porque Mercedes Sosa tenía razón, cambia todo cambia. Pero se puede cambiar para mejor o se puede cambiar para peor y, al final del día, de eso se trata gobernar bien, elegir los cambios para mejor, sin tener miedo a cambiar de opinión.

FOTO: PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

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