Sin que nos demos cuenta, cada lugar que visitamos, cada mensaje que escribimos, video y fotografía que tomamos, genera una gran cantidad de información que es recopilada, almacenada y procesada por empresas tecnológicas y gobiernos extranjeros.
Publicado el 12.09.2015
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¿Cuál es el nivel de protección que tiene la vida privada en Chile? Ésa es la pregunta que nos plantea el recurso de protección presentado por organizaciones de Derechos Humanos en contra de los globos de vigilancia de las municipalidades de Lo Barnechea y Las Condes.

Pese a los reclamos de los vecinos de dichas comunas, la mayor parte de la erosión de la vida privada que sufrimos todos los chilenos no proviene de las cámaras que nos apuntan desde el cielo, sino que desde nuestros propios bolsillos.

Sin que nos demos cuenta, cada lugar que visitamos, cada mensaje que escribimos, video y fotografía que tomamos, genera una gran cantidad de información que es recopilada, almacenada y procesada por empresas tecnológicas y gobiernos extranjeros. Por defecto, cada vez que tomamos una fotografía el teléfono celular genera lo que se conoce como metadatos. Es decir, información asociada a ese evento que incluye la hora, día y lugar específico en el cual fue tomada la fotografía.

Cuando comentamos algo en las redes sociales, no sólo se almacena el comentario, sino que también los metadatos, que incluyen la hora, lugar, fecha, contactos y dispositivo desde el que se efectuó la operación. Las nuevas versiones de IOSX incluso almacenan información sobre el pulso, tiempo de descanso, cantidad de pasos dados, escalones subidos y calorías consumidas por las personas.

El objetivo de la industria tecnológica es realizar mejores estudios de mercado y personalizar una gran gama de servicios. Lo que se busca es saber específicamente qué es lo queremos cada uno de nosotros para recomendarnos productos, servicios o colocarnos dentro de nuestro perfil de Facebook la publicidad del producto que de verdad necesitamos.

Sin saberlo, cada vez que bajamos una aplicación y ponemos aceptar al texto kilométrico que se despliega al instalar el programa, damos nuestra conformidad para dar acceso a nuestro equipo y se capturen los metadatos que producimos.

Parafraseando a Orwell, el Gran Hermano no está en una cámara montada en un globo que nos observa desde las alturas. Está en nuestro bolsillo y nos acompaña en cada paso que damos, en cada comentario realizado, en cada mensaje de Whatsapp o fotografía que enviamos.

La principal denuncia realizada por Edward Snowden al revelar la existencia de PRISM, fue la existencia de la alianza entre el SNA de los Estados Unidos y la industria tecnológica para montar un sistema de espionaje a nivel planetario, a través de la recopilación de los metadatos que producen los dispositivos digitales.

Este es un hecho que queda fuera de la jurisdicción del sistema jurídico chileno y de nuestro ámbito de regulación. Es un ámbito en donde la ignorancia por parte de las autoridades y la opinión pública ha sido la tónica general.

La toma de conciencia es el primer paso, pero la erosión sobre la vida privada que producen las cámaras de vigilancia aérea es bastante reducida si se compara con el monitoreo constante de cada acción que realizamos en los entornos digitales y reales.

 

Oscar Jaramillo, Académico Escuela de Periodismo Universidad Mayor.

 

 

FOTO: JAVIER SALVO/AGENCIAUNO