La defensa de Jatar por parte de Chile ha parecido débil. Y está aún por verse si dará algún tipo de resultados.
Publicado el 18.09.2016
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“A veces la mejor forma de destruir a un hombre es dejar que él mismo escoja su destino”. El maestro y Margarita, M. Bulgakov.

“Nunca debes pedir algo a alguien. Nunca. En especial si ellos son más poderosos que tú”. El maestro y Margarita, M. Bulgakov.

“Comenzó a darse cuenta que no le sería posible rectificar nada en vida, solo esperar olvidar”.  M.Bulgakov.

La Isla Margarita, en el Caribe venezolano, es el escenario natural y surrealista donde se desarrolla la reunión de los Países No Alienados, movimiento político (siempre lo ha sido) algo añejo que pretende marcar distancias con el primer mundo, “alineándose” alrededor de quienes proveen o del pan o del circo. Hoy en día está presidido por Irán y Venezuela.

Los delegados han llegado a un destino que es paradisíaco solo en el exterior, en la hojarasca.

Una Isla cuyo sistema de agua potable está colapsado, y que para su abastecimiento depende de buques aljibes que transportan desde el continente el vital elemento. En un país donde el desabastecimiento de alimentos básicos y de medicamentos es ya crónico, donde la seguridad es un tema que ni siquiera se comenta, tal es su invasividad en lo cotidiano. Para no hablar del ambiente político, donde Gobierno y oposición se han trenzado en un diálogo de sordos de muy difícil resolución.

Con esta pobre y deslavada escenografía, el contrapunto de esta reunión es aún más  paradójico, recordándonos obras que han salido de las plumas de los más destacados satiristas europeos, como M. Bulgakov o B. Hrabal. Porque… cómo se puede explicar que muchos de los miembros del Grupo de los No Alineados han dedicado sus mayores esfuerzos en llevar a cabo y concluir, de alguna manera, negociaciones con las naciones más poderosas del globo y, en especial, con los Estados Unidos. Es el de Irán un ejemplo reciente y concreto, así como lo fue el de China en su momento, cuando, en 1972, les visitó Nixon, durante el marasmo de la Revolución Cultural.

Hay una divergencia entre un discurso gastado y obsoleto y la cosa práctica, que garantiza la supervivencia y el desarrollo en el siglo XXI. Sacado de las páginas de la Orwelliana “1984” está la práctica del doble discurso. En una era de las comunicaciones instantáneas, sustentar  utopías que solo viven en la imaginación y en las páginas de unos pocos “iluminados” requiere algo más que un discurso florido: las posibilidades del idioma se agotan, y es menester crear universos paralelos.

Hasta Cuba, cercana por lo demás a la Isla Margarita, ha llevado a cabo su acercamiento y negociación con los Estados Unidos. Las vicisitudes de su historia son lo uno, pero la bancarrota de Venezuela, su principal sostenedor, era lo otro y lo más real. Así y todo, se empeña ésta en un discurso que significa una divergencia con la realidad. Y en su caso específico un discurso que en otras épocas se acompañó de un accionar político ideológico que sumió en la pobreza a parte del continente americano. Es que las utopías son difíciles de construir, dirán algunos, mientras que otros, los más prácticos, acotarán que el voluntarismo y la ignorancia nunca son buenos consejeros.

Es, en síntesis, un sálvese quien pueda individual, abrazando al enemigo, a la vez que salvador, y dedicando el lirismo del verbo huero y vaciado de todo contenido, a la amistad con otros países, compañeros de ruta y de presuntas desgracias y agresiones. Solidaridad cero, cinismo diez.

Y esto nos lleva al caso de Braulio Jatar, venezolano de origen chileno que ha sido apresado recientemente en la Isla de Margarita. Su pecado: haber estado allí y haber comentado por redes sociales el cacerolazo que se le brindó a Maduro, en gira inspectiva por el “paraíso” días antes de la Cumbre de los No Alineados.

Las reacciones de apoyo a Jatar tardaron en llegar. La libertad de expresión no se exige con igual intensidad en los diversos puntos del mapa geopolítico del orbe. Y la memoria de quienes alguna vez se beneficiaron de la solidaridad de Venezuela, en tiempos de apremio político, prueba una vez más ser endeble y corta.

Cómo no reparar en el paralelismo histórico del caos de la Venezuela actual. Caos por donde se le mire; con nuestra propia historia y nuestras vicisitudes de la década de los setenta, donde el caos político, económico y social llevó a un quiebre del sistema democrático.

Es que a veces es muy duro, con el paso de los años, mirarnos a un espejo que refleja el presente cristalino y rememora un pasado que creímos imaginar pero que nunca fue.

Al no existir lógica ni estado de derecho claro y definido, es difícil un accionar diplomático decidido. Por ello, la defensa irrestricta y pareja de ciertos principios es la mejor opción. En este caso, han sido rehenes de un doble discurso. La defensa de Jatar por parte de Chile ha parecido débil. Y está aún por verse si dará algún tipo de resultados.

Así como están aún por verse los resultados que arrojará esta Cumbre (¡otra más!). Pero ella, el evento, se mira en el espejo de un pasado que ha sido pródigo en fracasos y sueños rotos. Sin reparar que cuando el discurso se divorcia de la realidad, el hombre, y la sociedad que lo rodea, está no solo, sino que a merced de los inescrupulosos.

 

Enrique Subercaseaux, ex diplomático y gestor cultural.