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Publicado el 09 de mayo, 2015

Bolivia y el corredor: una historia mal entendida

La “buena fe” es un concepto común en el discurso boliviano, pero La Paz debe aclarar sus intenciones.
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Desde la perspectiva de Chile, la entrega de un corredor marítimo a Bolivia podría ser considerada una estrategia exitosa si su principal consecuencia fuera poner término a las reclamaciones territoriales bolivianas, mejorando permanentemente las relaciones con nuestros vecinos.

Lamentablemente es fuertemente probable que la entrega de un corredor, no terminaría con dichas reclamaciones, pues Bolivia estima que la Guerra del Pacífico dio origen a una “conquista” injusta y como consecuencia cree justas sus reclamaciones sobre la integridad del territorio “conquistado”. El Presidente Morales así lo ha insinuado al mencionar permanentemente a Antofagasta, Mejillones, San Pedro de Atacama y Chuquicamata en sus discursos.  En consecuencia, la entrega del corredor es una estrategia destinada a fracasar, que implicaría ceder territorio sin obtener nada a cambio, dañando a Chile y a los chilenos.

El razonamiento anterior no es habitual, fundamentalmente porque en Chile hace falta hacer y justificar algunas distinciones más allá de La Haya y del Tratado de 1904. Por su parte, sin perjuicio de la fuerza jurídica del Tratado de 1904 como instrumento definitivo en la fijación de la frontera Chileno Bolivianas, Evo va más allá de dicho tratado a la hora de justificar sus aspiraciones.

Partamos por el principio. Evo Morales ha hecho famosa la frase “Bolivia nació con mar”, pero la historia opina algo diferente. Bolivia nació el año 1825 con su independencia. El supuesto territorio costero Boliviano se encontró en disputa con Chile hasta el año 1866, o en otras palabras, Chile lo pretendió suyo hasta dicha fecha.

Así, la historia señala que Bolivia no nació con mar. De hecho, fueron 41 años durante los cuales Bolivia no tuvo mar, sino la mera expectativa de hacerse de un territorio disputado con un país vecino. Esto no es una cosa de historiadores chilenos o bolivianos, sino lo que señalan documentos fidedignos y suscritos por ambas naciones como el Tratado de 1866, que señala: “…poner un término… a la antigua cuestión pendiente entre ellas sobre la fijación de sus respectivos límites territoriales en el desierto de Atacama”. Saque sus propias conclusiones.

Entrelazado con lo anterior aparece la legitimidad y justicia de la Guerra del Pacífico. La Guerra es declarada el año 1879, es decir una vez firmado el tratado de 1874, que esencialmente plantea lo mismo que el de 1866, es decir fija la frontera entre Bolivia y Chile en el paralelo 24 de latitud sur (territorio previamente en disputa) a cambio de una serie de contraprestaciones por parte de Bolivia, incluyendo la prohibición de subir o establecer nuevos impuestos. En 1878, el Presidente de Bolivia, Hilarión Daza, decidió establecer un nuevo impuesto sobre quintal de salitre, violando las disposiciones del Tratado y ante la negativa de las empresas chilenas a pagarlo, esgrimiendo las disposiciones del Tratado, decidió expropiarlas y subastarlas.

En consecuencia, Chile puso tropas en Antofagasta, justificando su acción en el incumplimiento del Tratado y en la necesidad de defensa de sus ciudadanos y capitales. Los primeros eran los habitantes mayoritarios de la ciudad, y los segundos, su sustento. Inmediatamente, Bolivia y Chile se declaran la guerra y consecuentemente Perú, pues entre ambas naciones mediaba un tratado de agresión secreto en contra de Chile.

Chile ganó la guerra. Su relato estimó la anexión territorial justa, ya que entendió el Tratado de 1874 resuelto por el incumplimiento y por la declaración de guerra Boliviana. Así, en la lógica de Chile la anexión territorial se trató de una reivindicación de un territorio que siempre pretendió suyo hasta la firma de un tratado. El derecho sobre dicho territorio habría renacido ante la resolución del Tratado. Como consecuencia de ello, para Chile todo el territorio anexado le es propio legítimamente, siendo la eventual entrega de un corredor, una cesión voluntaria y gratuita.

Por su parte Bolivia estimó el ingreso militar chileno como una invasión hostil e injustificada, violatoria del Tratado y que dio origen a la guerra. De hecho Evo, señala públicamente que no se incumplió el Tratado de 1874. Así la entrega de un corredor, no puede significar más para Bolivia que la reivindicación de sólo una parte de un extenso territorio que estima anexado injustamente por Chile y que anhela recuperar en su totalidad. A mayor abundamiento, y como ya fue mencionado, el Presidente Morales así lo implícita en sus discursos.

La “buena fe” es un concepto común en el discurso público boliviano, pero para que ésta subyaga eventuales futuras conversaciones, Bolivia necesariamente requiere aclarar sus intenciones. Si la entrega de un corredor no ha sido más y seguirá siendo sólo el principio de una estrategia oculta que incluiría el anhelo de recuperar hasta Antofagasta, hemos y seguiremos perdiendo el tiempo. Si Chile decide considerar la cesión de un corredor marítimo, debe exigirle a Bolivia declarar de buena fe que de entregarse éste, terminará permanente con sus reclamaciones y hostilidades, permitiendo de una vez por todas, una nueva y positiva etapa las relaciones entre ambos países.

 

Felipe Álvarez, abogado UC y Estudiante de Magíster en Políticas Públicas, Universidad de Oxford.

 

FOTO: AGENCIAUNO/AFKA

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