Pasados los efectos inmediatos del referéndum en Bolivia, se abre una oportunidad para que Chile recupere la iniciativa que perdió hace ya un buen tiempo en el terreno bilateral, sacando la relación futura del ámbito judicial. Un paso indispensable para lograrlo es denunciar el Pacto de Bogotá.
Publicado el 26.02.2016
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A pesar de que la tendencia de los resultados oficiales conocidos hasta el pasado lunes daba un inobjetable triunfo del NO a las intenciones de Evo Morales por eternizarse en el poder, el Presidente boliviano y su gobierno insistieron en declarar durante tres días un inexistente “empate técnico”. Recién el miércoles dijo “hemos perdido una batalla, pero no la guerra”.  Durante la noche anterior, en el Palacio Quemado se vivieron momentos de extraordinaria tensión, al verse divididos los integrantes del gabinete en dos bandos, con visiones opuestas entre los que sugerían reconocer la derrota dejando funcionar la democracia a través del voto, y los que preferían “tirar del mantel”, jugándosela por enredar la situación para producir otra salida, con o sin votos (cualquier similitud con lo que sucedió en el Palacio de La Moneda una noche de octubre de 1988, es mera casualidad).

Todo indica que lo del “empate técnico” fue una consigna preparada por el entorno de Evo  para poner en duda el triunfo del NO si el resultado fuese muy estrecho. Un claro margen a favor del NO desbarató la estrategia del MAS, pero ello no le impidió al gobierno insistir en el “empate técnico” más allá de lo razonable. Al clamar “empate técnico”, Evo pareció confundir error estadístico con ceguera voluntaria.

El repentino “síndrome del empate técnico”, que aqueja a Evo, se aplica a otras circunstancias. Por ejemplo, a la disyuntiva que enfrentaran Morales y su partido, al existir ahora un límite temporal en el ejercicio del poder. Con el resultado desfavorable del referéndum, el líder cocalero tendrá que resolver varios “empates técnicos” que hasta ahora ha evitado abordar. El primero de ellos incide en su propia sucesión y se refiere a la disputa nunca antes resuelta entre las dos fuerzas que dan apoyo a su gobierno. Una, liderada por el Vicepresidente García Linera, le proporciona el marco y los lineamientos ideológicos, con un marxismo sesentero que le nutre de propuestas elaboradas por un puñado de teóricos, que aportan el discurso político al MAS. La otra, liderada por el Canciller David Choquehuanca, es el movimiento indigenista, principalmente aymara, que proporciona la movilización social y los votos, lo que da un sustento al proyecto político de Morales. Estas dos corrientes han estado en pugna permanente, pues en muchos aspectos (culturales, sociales, políticos y económicos) tienen diferencias irreconciliables. Hasta ahora han podido convivir, pero al finalizar el mandato de Morales en el 2019, la nominación del candidato a sucederlo será el resultado de una pugna entre las dos “almas” del MAS, que dejará muchos heridos en el camino.

Los otros “empates técnicos” que deberá dilucidar Morales los constituyen definiciones sobre una gestión de gobierno más (o menos) democrática, más (o menos) transparente y más (o menos) responsable en el ejercicio del poder. Asuntos que hasta ahora se había permitido soslayar, pero que cada vez se convertirán en condicionantes para un apoyo popular esquivo,  que ya comenzó el camino de la decadencia.

Los desafíos de Morales ya se habían evidenciado antes del referéndum y se harán más complejos en el corto y mediano plazo. La drástica disminución de los ingresos por la caída en el precio de los hidrocarburos, fuente principal de financiamiento estatal, ya presenta un escenario muy complejo para el futuro próximo.

En los próximos dos años la situación económica puede evidenciar un deterioro cuya magnitud puede tener efectos decisivos en las definiciones políticas que enfrente Bolivia. Con eso in mente, el líder cocalero deberá esforzarse por recuperar su base de apoyo. Si bien Evo no podrá re-reelegirse, ello no implica que no continuará contando con una cuota de poder que le mantendrá vigente, ya sea como el “poder detrás del trono”, en caso de que logre que se elija a un sucesor de sus propias filas, o como líder de la oposición, en caso de que la actual oposición logre ganar la próxima elección presidencial. (La atomización de las fuerzas opositoras no permiten pensar aún en eso como una probabilidad cierta).     

Bolivia en el mundo; credibilidad y prestigio a la baja

Algo interesante de observar serán las eventuales repercusiones del referéndum boliviano en lo internacional. De partida, la insistencia en el “empate técnico” encendió las alertas a nivel global, especialmente en las democracias occidentales. Los países europeos ya vienen de vuelta de la fascinación inicial que les produjo la aparición de lo que muchos creyeron era un auténtico liderazgo indígena (característica que Evo nunca ha tenido, pues es un dirigente sindical cocalero, no un líder indígena). Todo el mito de lo que en un comienzo parecía representar Evo Morales, se ha venido disipando progresivamente. Sus tendencias autoritarias, la persecución a opositores, el asedio a los medios independientes y, más recientemente la proliferación de situaciones de corrupción, han terminado por minar seriamente la credibilidad internacional de Morales. Con su prestigio dañado, Evo ya no encuentra en el terreno internacional la acogida que tuvo hace una década. Por ejemplo: el aparato propagandístico de gobierno enfatizaba hasta hace poco la difusión de un dicho Aymara que reza “Ama Sua, Ama Llulla, Ama Qhella”, traducido al español: “No seas Ladrón, No seas Mentiroso, No seas Flojo”. Esos eran los principios rectores del gobierno del MAS, según el Ministerio de Información boliviano. Ahora que se conocen los casos de enriquecimiento ilícito de sus más destacados militantes y el ocultamiento de los casos de tráfico de influencia que ha hecho Evo, ni hablar de “Ama Sua” ni de “Ama Llulla”. Con suerte salvaría con el “Ama Qhella”, esto, si se considera que el hecho de viajar muy temprano a remotas aldeas a jugar fútbol califica como “trabajo” para el Mandatario.

Las relaciones con Chile y la demanda marítima tras el referéndum

El resultado adverso para Morales no hará variar la política que ha seguido Evo al utilizar las relaciones con Chile como instrumento en beneficio de su popularidad. Por el contrario, la tentación de intensificar el recurso fácil del chauvinismo anti-chileno será aún mayor, en momentos en que la opinión pública boliviana aparece dividida y polarizada. La efectividad de esa estrategia es asunto aparte. Evo ha sido un vocero más efectista que eficiente en la difusión de la demanda marítima contra Chile. Mientras tanto, el vocero oficial para la demanda, el ex Presidente Carlos Mesa (un habilidoso comunicador), ha caído en desgracia ante el Mandatario, quien le acusa de aprovecharse de la causa marítima para sus propios objetivos políticos. De mantenerse ese distanciamiento con Mesa, la vocería de la demanda volverá a Evo, cuyas habilidades como orador dan buenos resultados en el Chapare y en Oruro, pero no mucho más que eso. Poco ayudará Evo como mensajero de la demanda, con su credibilidad y prestigios tan devaluados como están en estos momentos.

La posibilidad de retomar el diálogo bilateral ha sido considerada por ambas partes en los últimos tiempos, pero con planteamientos y objetivos divergentes. El obstáculo obvio es la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (algo más que un mero detalle). Para el gobierno de la Nueva Mayoría era una probabilidad cierta, al menos hasta el momento de elaborar el Programa de Gobierno, que establece como objetivo  lo siguiente:

“Con Bolivia lo fundamental será retomar el camino del diálogo, iniciado en 1999, y el clima de confianza mutua conseguido durante el período 2006-2010. La plena normalización de las relaciones con Bolivia es un objetivo al que aspiramos”. ¡Con la demanda ya interpuesta en La Haya, la única mención que hace el Programa de Gobierno a las relaciones con Bolivia, ya citada, aparece en… el Capitulo sobre “DEFENSA”! Sea como fuere, el objetivo de “retomar el diálogo” no podrá abordarse muy fácilmente en las actuales circunstancias. Si la sensibilidad de la opinión pública no fuese un obstáculo insalvable, las condiciones para llevar a efecto el diálogo deberán sopesarse teniendo en cuenta los costosos errores cometidos en el pasado reciente y que no pueden repetirse. Por tanto, cualquier paso que se dé en ese sentido deberá tener en especial consideración el evitar crear precedentes como los que hoy utiliza Bolivia en contra nuestra, y no descuidar las lecciones que nos ha dejado la historia, sobre la tendencia permanente de Bolivia a desconocer los acuerdos y no cumplir con lo pactado.

Pasados los efectos inmediatos del referéndum en Bolivia, se abre una oportunidad para que Chile recupere la iniciativa que perdió hace ya un buen tiempo en el terreno bilateral, sacando la relación futura del ámbito judicial. Un paso indispensable para lograrlo es denunciar el Pacto de Bogotá. Pero ello requeriría de visión estratégica, poder de decisión y sentido de responsabilidad histórica, atributos de los cuales quienes conducen la Política Exterior, aún no dan muestras visibles.

 

Jorge Canelas, Cientista Político y Embajador (r).