Precisamente porque el gobierno de Bachelet anda especialmente necesitado de triunfos morales en estos días, el fallo de La Haya en rechazo a la objeción de Chile se suma a la seguidilla de golpes que tiene al gobierno en el piso y al ánimo nacional contra las cuerdas.
Publicado el 25.09.2015
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La decisión de la Corte de La Haya de declararse competente para decidir sobre la demanda que ha presentado Bolivia buscando forzar a Chile a sentarse a negociar sobre una salida soberana al mar constituye una victoria moral importante para nuestro vecino país y en especial para el gobierno de Evo Morales. Aunque la Presidenta Bachelet tiene razón al aclarar que “Bolivia no ha ganado nada”, los rostros alegres en las calles de Bolivia contrastaban con las miradas de decepción en la delegación chilena.

Si bien el reclamo boliviano por una salida al mar es anterior y superior a las coyunturas políticas, la forma en que esa demanda se materializa y avanza o retrocede tiene mucho que ver con las estrategias y tácticas de los gobiernos de turno. El Presidente Evo Morales ha convertido su discurso anti-chileno en uno de sus caballos de batalla más exitosos, incluso antes de llegar al poder. No sorprende entonces que Morales haya hábilmente transformado la decisión de La Haya de declararse competente como un paso significativo —tal vez el más importante hasta la fecha— que ha dado Bolivia en su anhelo por lograr recuperar una salida al mar.

Para el gobierno de Chile, la decisión de La Haya es lluvia sobre mojado. Los últimos meses no han sido fáciles para La Moneda. El gobierno de la Nueva Mayoría y la propia Presidenta Bachelet han sido duramente golpeados por la combinación de errores no forzados, escándalos por financiamiento irregular de la política, cobro de promesas excesivas de campaña, investigación judicial que involucra al hijo de la Presidenta, investigación judicial sobre financiamiento ilegal de la campaña de Bachelet en 2013 y las crecientes divisiones al interior de la coalición de gobierno. Cuando la administración tuvo un pequeño respiro con el terremoto del 16 de septiembre —por más irónico que pueda parecer que un terremoto de magnitud 8,4, acompañado de un tsunami y 13 muertos pueda ser considerado un respiro—, la decisión de la Corte de La Haya vuelve a poner al gobierno de Bachelet en el banquillo de los acusados por la responsabilidad que le puede caber en la forma en que Chile ha ido perdiendo la batalla comunicacional en la arena política internacional ante el reclamo boliviano.

Un día antes de la resolución de la corte, la Presidenta Bachelet, como anticipando las malas noticias, confidenció que la seguidilla de malas noticias en su administración la llevaron a acuñar la frase “cada día puede ser peor”. Para mala fortuna de la Presidenta, la frase puede ser fácilmente utilizada como reconocimiento oficial de que lo peor para el país todavía está por venir: con Bachelet como Presidenta, cada día puede ser peor. Ya que la frase de Bachelet se dio en una entrevista en un matinal de televisión, fue inevitable hacer referencia a otra entrevista, varios meses atrás, cuando Bachelet sorpresivamente anunció en otra entrevista televisiva que le había pedido la renuncia a todos sus ministros y que se autoimponía un plazo de 72 horas (que finalmente incumplió) para nombrar un nuevo gabinete. En la entrevista del “cada día puede ser peor”, Bachelet también desmintió que ella estuviera pensando en renunciar e intentó despejar rumores sobre su estado de salud —reconociendo que toma medicamentos para la hipertensión y confidenciando que ella, como médico, se chequea sola—. El esfuerzo por transparencia fue opacado por la frase del “cada día puede ser peor”, pero también confirmó el problema sistémico que ha tenido la Presidenta en su segundo gobierno. En vez de enfocarse en un solo mensaje, Bachelet habló de demasiadas cosas y terminó desperdiciando la oportunidad de despejar los rumores sobre una posible renuncia y los cuestionamientos a la falta de transparencia sobre su estado de salud. Peor aún, como la entrevista la dio un día antes del fallo de La Haya, la decisión adversa a los intereses de Chile sepultó el impacto de las declaraciones de la Presidenta.

Es verdad que la decisión de la Corte de La Haya no significa más que un triunfo moral para Evo Morales y para el gobierno boliviano. Pero precisamente porque el gobierno de Bachelet anda especialmente necesitado de triunfos morales en estos días, el fallo de La Haya en rechazo a la objeción de Chile se suma a la seguidilla de golpes que tiene al gobierno en el piso y al ánimo nacional contra las cuerdas.

En los próximos días el gobierno de Bachelet debe transparentar sus expectativas sobre la economía con el envío de la ley de presupuesto. Esa ley también deberá explicitar el mecanismo que el gobierno pretende usar para cumplir su promesa de gratuidad universitaria. Y antes de fin de mes, Bachelet deberá iniciar el proceso constituyente o aceptar que, una vez más, realizó promesas que no iba a poder cumplir. Porque el gobierno ha demostrado que “cada día puede ser peor”, es cierto que después de la decisión de La Haya, “Bolivia no ha ganado nada”. Pero reina la percepción en el país de que, en estos últimos meses, Chile sí ha perdido mucho.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO.

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