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Publicado el 12 de diciembre, 2014

Bienvenidos el lucro, el mérito y la aspiración

No es casual el esfuerzo de la izquierda para deformar la representación mental de ciertos conceptos, hasta convertir sus ideas en “el sentido común de la sociedad”.
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Si en 2011 la izquierda chilena inició su cruzada, con admirable método, para instalar al lucro como sinónimo de abuso, este año el objetivo parece ser transformar la aspiración en arribismo y el mérito en discriminación.

Ministros, parlamentarios, intelectuales y hasta actores de la televisión condenan que en los últimos años el país se ha dejado dominar por la tiranía de la aspiración social, y acusan de discriminación a quienes ponen empeño en sobresalir en sus trabajos o emprendimientos y, peor aún, forman a sus hijos en la disciplina del mérito, que tarde o temprano les permitirá destacar entre sus pares.

Esas enfermedades serían las causantes de que un creciente número de chilenos esté destinando parte importante de su energía a aumentar sus ingresos, buscar mejores alternativas de educación para sus hijos para convertirlos en la primera generación de profesionales de la familia, endeudarse para comprar o agrandar la casa propia, cambiar el auto o comprar celulares y televisores de última generación.

En todo ese discurso, que no tiene pudor por la caricatura, se percibe una cierta irritación. Comprueban que se requiere más que una mayoría en el Congreso, una sucesión de reformas y un plan de comunicaciones para derribar la cultura, basada en el esfuerzo individual que en las últimas décadas ha permitido a miles de chilenos moverse con sus propios pies desde una condición socio económica a otra mejor.

La última encuesta CEP arroja datos que debieran estar desvelando a los autores de El Programa, porque además de contradecir la tesis del malestar con la que interpretaron las movilizaciones del 2011, refleja la valoración de los chilenos por el esfuerzo individual, por sobre el rol del Estado, para mejorar sus condiciones.

Más de la mitad de los encuestados se declara “totalmente satisfecho” con su vida, cree que su nivel de ingresos es mejor que el de sus padres y el 76% que el de sus hijos será superior. Los tres factores que estiman más importantes para el “éxito económico” son la educación (47%), el trabajo responsable (35%) y la iniciativa personal (33%). Y, el dato más freak probablemente para el Gobierno y que extrañamente ha pasado casi inadvertido, sólo un 7% cree que los bonos debieran ser la principal forma del Estado para apoyar a las personas en situación de pobreza.

Es curioso, y desde luego condenable, porque sugiere el desprecio por el derecho ajeno a cumplir los sueños, que quienes gozan hoy de privilegios y descansan en una posición de poder que abre o cierra puertas, pongan una carga ética sobre los hombros de millones de chilenos y cuestionen la legitimidad de sus aspiraciones, nada más ni nada menos, que a mejorar sus condiciones de vida.

Hasta hace pocos años se acusó de siúticos a quienes, desde la clase media o una colonia extranjera, accedían a una mejor situación económica y exhibían sin complejo sus recompensas. Ahora se espera que esa creciente mayoría de chilenos con mejor formación educacional y más oportunidades de ingresos, congele sus aspiraciones y ceda el mérito a una forzada igualdad.

La prédica desde una elite de izquierda por la austeridad, la majadera confusión de la aspiración con el “arribismo” y su preocupación para salvar a la clase media del consumismo capitalista huele, más que a un interés altruista -permítanme sospechar- al íntimo deseo de quienes ya tuvieron la oportunidad de mejorar sus propias vidas, por mantener una cierta superioridad que les asegure una posición de ventaja política y social.

No es casual el esfuerzo de la izquierda para deformar la representación mental de determinados conceptos, hasta convertir sus ideas en “el sentido común de la sociedad”, como me recordó hace poco Roberto Ampuero citando a Gramsci. Lucro, la ganancia legítima por el intercambio de bienes materiales o intangibles; aspiración, el deseo de acceder a una mejor posición; y mérito, el reconocimiento al esfuerzo individual, son las arterias vitales del corazón de una cultura que ha permitido hasta ahora a miles de familias chilenas cumplir los sueños de sus padres. No hay justificación ideológica posible que le impida cumplir los suyos a miles que están aún en el camino.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

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