Lo que importa es que un grupo de chilenos, igual que nosotros, se siente con la libertad de salir a la calle, esconderse en el anonimato más cobarde ocultando sus rostros, para decirnos con su procaz lenguaje de violencia: me siento con el derecho de violarte en lo más sacro de tu ser… porque no me va a pasar nada.
Publicado el 11.06.2016
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El jueves de esta semana, los estudiantes se tomaron la calle nuevamente para protestar por sus demandas por la educación. La marcha, autorizada por el Intendente, terminó una vez más con gravísimos incidentes entre las fuerzas especiales de Carabineros y los encapuchados de siempre, que se dedicaron a generar la destrucción y el caos al que nos tienen acostumbrados.

Pero esta vez fue diferente. Esta vez fue mucho más grave. Esta vez se traspasaron todos los límites de lo que debiéramos, como sociedad, estar dispuestos a tolerar. Esta vez, creo yo, los hechos ocurridos son un claro llamado a que un gran coro de chilenos salgamos a gritarle a los cuatro vientos… BASTA YA.

Cuando un grupo de enajenados se toman las calles y en un acto repugnante de intolerancia están dispuestos a profanar un templo, ingresando a su interior para extraer la imagen más sagrada del catolicismo y mancillarla públicamente, no cabe sino rebelarse para pedir a quienes nos gobiernan, que llegó el momento de decir: esto se terminó. Esto no se va a volver a tolerar. Esto es algo que como sociedad nos es imposible de aceptar y tenemos la obligación de ponerle término.

Y aquí no importa qué religión profesemos, porque este ultraje es a lo más sagrado y profundo que tenemos como seres humanos, es un ultraje a nuestra espiritualidad.  Porque no importa si somos católicos, evangélicos, mormones, luteranos, protestantes, budistas o judíos. Lo que importa es que un grupo de chilenos, igual que nosotros, se siente con la libertad de salir a la calle, esconderse en el anonimato más cobarde ocultando sus rostros, para decirnos con su procaz lenguaje de violencia: me siento con el derecho de violarte en lo más sacro de tu ser… porque no me va a pasar nada.

Basta ya de permanecer impávidos, porque aún estamos a tiempo de detener la barbarie. Basta ya de guardar silencio, porque es hora de impedir que la violencia se instale en nuestro país. Basta ya de ser mudos testigos de cómo una cultura de impunidad absoluta se instala en nuestras calles. Basta ya de tolerar que se siga destruyendo y profanando, agrediendo y violentando, sin que nadie resulte responsable.

Es la hora que las autoridades actúen y envíen al Parlamento proyectos de ley que castiguen a quienes se escudan vilmente tras una capucha para manifestar sus frustraciones por lo que les parece injusto. Pero si queremos tener un país en donde se pueda vivir en paz, armonía y no tengamos que temer por nuestra integridad física y espiritual; si queremos tener un país donde nuestros hijos se sientan seguros, sin duda llegó el momento de decir ¡BASTA YA!

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas.

 

 

 

FOTO:AGENCIAUNO