La más que evidente carencia de interés del mundo político por reponer el tema del crecimiento económico en el centro mismo de la agenda política dificulta ver, e imaginar, cómo la inversión y el consumo se reactivarán.
Publicado el 16.09.2016
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A pesar de que el presidente del Banco Central dejó claro en su último Informe de Política Monetaria (IPOM) que la tasa de política monetaria (TPM), de darse el escenario base, durante el horizonte de proyección no sería necesario concretar los aumentos que se preveían en el informe anterior (junio), ¿cuál es este escenario base? El mismo Central lo específica, y es que la economía crezca el segundo semestre en el rango de 1,8% y que se acelere a 2,25% promedio en el 2017. Sin embargo, lo relevante es que a partir del tercer trimestre y en adelante el crecimiento económico se acelere. Adicionalmente, en materia de inflación, el escenario base es que la “proyección de inflación” del mercado no se mueva del 3% actual. Cabe señalar que durante los 25 meses en que la inflación efectiva superó el techo del rango de 4% del propio banco, las proyecciones de inflación nunca se desanclaron, esto es, los pronósticos de entre 1 a 2 años jamás excedieron el 3% – 3.5%.

¿Por qué entonces el actual presidente del Banco Central tiene una visión distinta a la de su antecesor que ha sostenido públicamente que éste debería reducir la TPM desde 3,5% a 3%? Varias razones. La primera de ellas es que Rodrigo Vergara, en su calidad de presidente, no puede actuar como agente de resonancia del mercado, sino más bien como un agente de contención, realidad a la que José de Gregorio, ex presidente del instituto emisor, no está obligado.

Otra alternativa que pudiera darse, y que el Banco Central debe esperar, es saber cuál será finalmente la decisión del ministro de Hacienda respecto de la ley de presupuesto 2017. Para nadie es un misterio que parte relevante del incumplimiento del mandato constitucional del Banco Central respecto del control de la inflación (rango entre 2% y 4%) se explica por el exceso de gasto fiscal del predecesor del ministro Valdés. Por supuesto que el Central, en su carácter apolítico, no puede decirlo, y argumenta que fue la depreciación del peso la causa del exceso de inflación. Por lo tanto, sería inapropiado para el presidente del Central opinar antes de conocer el aumento esperado en el gasto fiscal, pero no lo sería para De Gregorio que puede opinar con la legitimidad de su experiencia, y dada su cercanía con la Nueva Mayoría, es factible que maneje más información que los analistas.

Tiendo a coincidir con la postura de De Gregorio. Creo que la más que evidente carencia de interés del mundo político por reponer el tema del crecimiento económico en el centro mismo de la agenda política dificulta ver, e imaginar, cómo la inversión y el consumo se reactivarán. La inversión, a pesar de exhibir cierta evidencia de que el deterioro se ha frenado, parecería que se explica por las mantenciones requeridas para mantener el funcionamiento de la actual capacidad instalada, no para aumentarla. El consumidor, por su parte, está cada vez más escéptico del trayecto de la economía asustado por las insensateces políticas internas, no por expectativas externas que además mejoran marginalmente según el último IPOM, situación que empeoraría aún más las condiciones de empleo y salarios.

Con todo lo anterior, es más que probable que la demanda interna sea menor a lo previsto por el Banco Central, como también los es que este crecimiento económico por debajo del potencial, termine por empujar la inflación proyectada por debajo del límite del 3%. Si se da lo anterior, entonces no veo por qué el Central no podría rebajar la TPM medio punto, aunque como lo ha mencionado repetidamente en sus IPOM, es poco o nada lo que la política monetaria expansiva puede lograr cuando la causa de la desaceleración es el desplome de las expectativas de consumidores y empresarios.

Por otra parte, y para evitarse los potenciales cuestionamientos de ciertos grupos políticos que ven en el Central una palanca de contención a sus más que evidentes fines electorales, empaquetados en necesidades sociales, y considerando la debilidad económica, es probable que se adelante y reduzca en medio punto la TPM antes de lo que el mercado espera.

En conclusión, si el Central recortar o no en medio punto la tasa con el objetivo de impulsar a una actividad económica adormecida es, a la luz de lo expuesto, prácticamente irrelevante. En simple, los empresarios y los consumidores gastan y/o invierten dinero porque tienen expectativas positivas sobre el futuro de la economía, y el Central no cuenta con la potestad para variarlo, su rol se acota a adelantar o retrasar dicha decisión. El desplome de las expectativas se debe a la desprolijidad de las reformas del Gobierno (los shock autónomos según el mismo Banco Central) que afectaron el crecimiento económico, así es que si verdaderamente queremos re-acelerar el crecimiento económico habría que esperar un recorte sustancial en la TPNM (tozudez política Nueva Mayoría).

 

Manuel Bengolea, Estadístico PUC y MBA de Columbia, NY.

 

 

Foto:RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO.