El error del Gobierno y de la Nueva Mayoría ha estado en no saber leer el triunfo alcanzado por Bachelet en la pasada elección presidencial.
Publicado el 05.10.2014
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El aplastante triunfo de Michelle Bachelet y de su coalición de partidos a fines del año pasado vaticinaba un camino para su gobierno con muchas menos turbulencias y complicaciones que las que éste ha debido afrontar en sólo seis meses. A esto contribuyeron los fuertes cuestionamientos al nombramiento de un buen número de autoridades durante la instalación de su nueva administración. Sin embargo, pese a las críticas su vocero, Álvaro Elizalde, manifestó al respecto: “No nos hacemos ninguna crítica”.

A lo que se sumó la célebre frase del Senador y Presidente del PPD, Jaime Quintana, a comienzos de marzo cuando señaló que pasarían “una retroexcavadora para destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal”. Desafortunadas frases y con un tono de soberbia que terminarían por contribuir a generar un clima político enrarecido no sólo entre Gobierno y oposición, sino que también al interior de la Nueva Mayoría.

Pero sin duda los mayores problemas del Gobierno se han producido durante la tramitación de dos de sus reformas más emblemáticas, la reforma tributaria y la reforma educacional. La primera de éstas fue promulgada hace pocos días, esto tras ser finalmente consensuada con gran parte de la oposición, pese a que el gobierno de Bachelet tenía la mayoría suficiente para aprobarlas en el Congreso. La segunda, que aún se encuentra en tramitación legislativa, no sólo ha generado críticas en la oposición o en distintos actores de la educación, sino que también al interior de la Nueva Mayoría.

En este mismo sentido, los resultados entregados por la última encuesta Adimark no fueron muy auspiciosos para los primeros seis meses del segundo mandato de Bachelet. Según este estudio, la Mandataria y su gobierno alcanzaron los índices de aprobación más bajos desde marzo de 2014, con un 47% y 42% respectivamente. Mientras el rechazo en el caso de la Presidenta ha aumentado en 25 puntos porcentuales.

Otra dato negativo para Bachelet tiene que ver con la aprobación a las grandes reformas de su programa de gobierno. Según los resultados de la Adimark, la mayoría de los chilenos desaprueba la reforma tributaria y la reforma educacional con un 47% de rechazo en ambos casos. En el caso de la reforma tributaria, las cifras son más negativas aún, ya que el 63% de los chilenos señala que ésta va a afectar negativamente a la clase media, mientras el 50% cree que va a disminuir la oferta de empleos, y sólo el 37% cree que va a contribuir a disminuir la desigualdad.

Pese a todo, el discurso oficial desde La Moneda siempre ha estado orientado en reafirmar que “se cumplirá con el programa de gobierno”, esto sustentado lógicamente en el mayoritario respaldo ciudadano que les entregó la ciudadanía en diciembre pasado. Algo que a todas luces parece lógico. No obstante, es ahí donde ha estado el error del Gobierno y de la Nueva Mayoría, al no saber leer el triunfo alcanzado por Bachelet en la pasada elección presidencial.

En este sentido, la última encuesta CEP de julio de este año puede ayudarnos a comprender este punto, que hoy tiene sumido al Gobierno ante una constante caída de su popularidad pese a reafirmar constantemente que está llevando a cabo el programa de gobierno por el cual votó la mayoría de los chilenos. Según los datos de la CEP, el 54% de los entrevistados señala que la gente escogió a Bachelet como presidenta “por la confianza en ella como persona”. Mientras el 26% cree que fue “por su programa”, y sólo el 11% “por la coalición que ella representa”. En ese sentido podemos interpretar que ante los ojos ciudadanos, el aplastante triunfo de Bachelet se debió sencillamente por ella, por el fenómeno político que representa y por su figura, es decir, por sobre su programa o la coalición que representa.

Con todo, hay que reconocer que Bachelet es un fenómeno en nuestra historia política contemporánea, la primera mujer presidenta y además reelecta. Sin embargo, las actitudes de soberbia de autoridades de su gobierno, o la fallida retroexcavadora anunciada desde la Nueva Mayoría, sumado a las malas cifras económicas y de empleo, le están pasando la cuenta a la Mandataria, provocando daños al hasta ahora inexpugnable capital político. Seguramente antes de final de año Bachelet realice algunos cambios en su equipo de gobierno, ya que como dijo un diputado de la DC: “El gabinete va a comer empanadas, pero no pan de Pascua”.

 

Pablo Lira, Cientista Político.

 

 

FOTO: FRANCISCO SAAVEDRA/ AGENCIAUNO