¿Será Alejandro Guillier de 2016 el Bachelet de 2005? ¿Será Lagos de 2016 el Soledad Alvear de 2005?
Publicado el 03.10.2016
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¿Bachelet rima con Guillier? La sonoridad y la métrica no parecen perfectas, pero hay cierta armonía bajo forma asonante, diría un trovador. El punto es que los fenómenos, sin ser idénticos, pueden llegar a ser homologables. Veamos los números y el análisis cualitativo de los momentos políticos respectivos.

En relación a las cifras, para entender la emergencia de Michelle Bachelet como presidenciable debemos remontarnos al periodo 2002-2004. En términos de posicionamiento fáctico, Soledad Alvear contaba con el respaldo del partido más grande de gobierno, la Democracia Cristiana, y ostentaba la visibilidad de una tribuna siempre relevante como la del Ministerio de Relaciones Exteriores. Por ese entonces, se hablaba de que Alvear había abierto el camino de Chile para su inserción en el comercio internacional y se resaltaba su gestión a cargo del Sernam, en un momento cultural donde se habían generado las condiciones para el surgimiento de una candidatura femenina -con posibilidad real de triunfo- a la presidencia.

Así las cosas, la tarea de Alvear para su nominación no se veía difícil en un escenario estático, por cuanto bastaba con capitalizar ciertos aspectos de su trayectoria -como sucedáneo a su insuficiente carisma- para configurar un relato atractivo para la ciudadanía. Pero sabemos que la política no es estática, es dinámica.

Las encuestas CEP desde julio de 2002 a octubre de 2005 dan cuenta de que Soledad Alvear jamás logró sobrepasar la barrera psicológica del 10% de las preferencias en las preguntas sobre intención de voto. Alvear fue presa de la emergencia del fenómeno Bachelet, quien, erigida sobre un tanque, fue catapultada -gradualmente- al estrellato político. La propia Presidenta Bachelet ha declarado que “cuando la gente me vio en un tanque (…) y haciendo cosas importantes, se dio cuenta de que podía ser Presidenta“. De este modo, mientras los datos de Alvear se empantanaban, los de Bachelet gradualmente crecían y crecían. En términos de conocimiento en la población, Bachelet creció 20 puntos en porcentaje, en dos años, mientras que en intención de voto pasó desde marcar un 1% en junio de 2002 a un 47% en junio de 2005.

¿Será Alejandro Guillier de 2016 el Bachelet de 2005? ¿Será Lagos de 2016 el Soledad Alvear de 2005? Así como la facticidad de Alvear se diluyó con el pragmatismo electoral de la antigua Concertación, hoy, el pragmatismo de la Nueva Mayoría podría abortar los anhelos de las cúpulas de la antigua Concertación camufladas en la Nueva Mayoría.

Recordemos que en 2005 también estaba en el horizonte de expectativas un escenario de primarias para dirimir la nominación entre Alvear y Bachelet, pero los grandes árbitros de aquel entonces fueron las propias encuestas, y el mismo Ricardo Lagos, quien recordemos, inclinó la balanza por la en ese entonces ministra de Defensa.

Pero las paradojas de la política hacen que hoy la decisión de la candidatura de Lagos no dependa de Lagos, sino que de las encuestas. Sí, las mismas que él usó para tomar la decisión de bajar a Alvear. Sin embargo, ya no hay un árbitro político, porque sabemos que Bachelet no es Lagos; pero quizás Guillier sí pueda ser Bachelet…

 

Jorge Ramírez, Coordinador Programa Sociedad y Política LyD.