De cara a los chilenos, solo podemos agradecer la sinceridad del gobierno y la Presidenta Bachelet. Por desgracia, el derecho a la vida o la posibilidad de que los chilenos progresen por sí mismos no están dentro de sus prioridades. Lamentable, pero cierto.
Publicado el 25.05.2016
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La semana pasada en este mismo medio escribí que había poco que esperar del Mensaje presidencial del 21 de mayo. En efecto, fuimos testigos de un discurso deslucido, que no presentó grandes anuncios y que prefirió profundizar una visión negativa del progreso alcanzado por Chile en los últimos años. En sus palabras, la Presidenta no se hizo cargo de varias urgencias sociales, tales como la derrota de la pobreza, la calidad en la educación o la situación hospitalaria.

Las palabras más aplaudidas por los partidarios de la Mandataria fueron aquellas relativas al “proceso constituyente”. Sin embargo, los aplausos no lograron ocultar la realidad de los hechos: la mínima participación de la ciudadanía en los cabildos convocados por el gobierno. Estiman que hasta el momento han intervenido o intervendrán próximamente cerca de 60.000 personas. Para ponerlo en perspectiva, en el proceso impulsado desde el Ejecutivo participará en torno al 0,5% del padrón electoral, y si consideramos la última elección parlamentaria, la participación de los cabildos no llegaría ni al 1% de los 6.698.524 ciudadanos chilenos que eligieron a nuestro Congreso Nacional. Por eso hemos sido tan claros desde Republicanos: la legitimidad para modificar la Constitución se encuentra radicada en el Congreso Nacional, según la expresa disposición de las leyes y de la voluntad de los ciudadanos.

Pero esto no fue todo. Al iniciar esta semana, el gobierno nuevamente se mostró como el mejor aliado de la oposición. En una entrevista radial, la Presidenta se sinceró sobre tres temas.

Primera confesión presidencial. Consultada si hubiese “pifiado” a alguien que incorporara el derecho a la vida como tema para la discusión constitucional, respondió: “No pues, si todos tenemos derecho a la vida. No sé si en primera prioridad, pero sí…”.

Claramente para la Presidenta el derecho a la vida no es una prioridad. Así queda de manifiesto en la postergación que la política hospitalaria ha experimentado durante su gobierno: han aumentado las listas de espera, sólo se han construido 2 de los 60 hospitales prometidos en campaña y han preferido que los hospitales no se construyan a que los hagan los privados, con un claro perjuicio de los más pobres. Al mismo tiempo, ha sido la mayor promotora de la legalización del aborto en nuestro país, abandonando a las mujeres con embarazos complejos e impidiendo que los niños nazcan.

Frente a eso, solo podemos responder que el derecho a la vida es el primer y más importante derecho que tienen todos y cada uno de los seres humanos, sin distinción por raza, sexo, edad o grado de desarrollo. Es esta visión la que considera que todas las personas son iguales y que merecen llevar y desarrollar una vida digna a lo largo de toda su existencia.

La segunda confesión presidencial tuvo que ver con el derecho a la propiedad. Consultada sobre si lo pondría dentro de los siete requeridos para las actas de los cabildos, la Presidenta señaló que no sabe si lo pondría dentro de los siete primeros porque necesitaba ver el conjunto. Para tener una mínima tranquilidad, señaló que “de todas maneras le importa”.

Esto en medio de un clima de desconfianza económica y de falta de inversión que ha tenido como consecuencia un aumento del desempleo y que ha perjudicado directamente a las mujeres y los jóvenes. Estas frases son, por decir lo menos, desafortunadas.

Muchos en la izquierda ven en la protección del derecho de propiedad la defensa de intereses corporativos o de la propiedad de los más ricos, de esos “poderosos de siempre”. Otros, en cambio, vemos la protección del derecho de propiedad como uno de los mejores instrumentos para permitir que las personas salgan adelante por sí mismas, por su propio esfuerzo e iniciativa, es decir, del modo más humano posible. En ese sentido, nuestra misión política en este tema es hacer que más chilenos sean propietarios, cumplan el sueño de la casa propia o que tengan los medios y el panorama social y político propicio para poder emprender, innovar y crear. No estaría mal partir por esas miles de familias que viven en campamentos, y a las que deberíamos ayudar para que tengan su casa propia.

Por último, la Presidenta terminó reconociendo que la Constitución tenía cosas “estupendas”. Quizás dijo eso recordando el día en que asistió a La Moneda a presenciar cuando Ricardo Lagos firmó la Constitución y declaró que ésta ya no nos dividía y que, por fin, teníamos una Constitución para todos. Quizás hizo esta declaración, pensando en el notable progreso social y económico que un orden institucional como el de la Constitución ha permitido en nuestro país.

De cara a los chilenos, solo podemos agradecer la sinceridad del gobierno y la Presidenta Bachelet. Por desgracia, el derecho a la vida o la posibilidad de que los chilenos progresen por sí mismos no están dentro de sus prioridades. Lamentable, pero cierto.

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO:RODRIGO SÀENZ/AGENCIAUNO

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