La realidad tecnológica lleva a uno ―o a Herzog, más bien― a preguntarse qué será pertinente enseñar en nuestros colegios. Y ante esta pregunta, afirman literalmente los humanistas y científicos entrevistados por el cineasta, lo único que valdrá la pena y será necesario enseñar será la cultura griega, a pensar y, finalmente, a filosofar.
Publicado el 03.09.2016
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La hoy famosa Unidad de Currículum y Evaluación del Ministerio de Educación ―la que decide qué y cómo hay que estudiar en los colegios de este país― acaba de proponer la eliminación de la asignatura de filosofía en los colegios y dejarla como electivo. Además, y de una manera igual o más delirante que la anterior, ha propuesto fusionar las ciencias naturales con las ciencias sociales, olvidando la radical diferencia de éstas, tanto en su objeto como metodología de estudio.

Éstas y otras políticas de la Presidenta Bachelet llaman la atención al ver el documental de Werner Herzog, “Lo and Behold, Reveries of the Connected World”, recientemente estrenado en Chile por SANFIC. En él, el cineasta nos muestra por qué internet se encuentra en un estado de desarrollo completamente desatado, sin control ni límites. Sin acudir a teorías conspirativas, sino más bien desde una mirada optimista, Herzog nos hace reflexionar a través de entrevistas a variopintos personajes como empresarios tecnológicos, hackers, adictos a videojuegos y científicos, sobre la alta dependencia del mundo entero de esta tecnología y la fragilidad que esto nos significa. Dividiendo la obra en 10 secciones, nos muestra también sus consecuencias indeseadas y, entre otras cosas, la incertidumbre acerca de sus límites. En entrevistas personales y cautivantes, Herzog conversa con científicos que se muestran a la vez maravillados y preocupados, ermitaños aislados por una ultrasensibilidad a la radiación e incluso familias que han sufrido del morbo humano canalizado por internet, a través del cual se viralizaron las fotos de su hija recién muerta en un accidente. Si bien los protagonistas muestran bastantes disidencias de opinión en cuanto a la bondad o maldad de esta tecnología y su futuro ―incluso uno califica a internet como el “anticristo”―, existe una visión en la que todos coinciden y que hace recordar a las actuales políticas laborales y educativas llevadas adelante en el país: en el mediano plazo, todas las tareas prácticas que hacen los humanos serán automatizadas por robots. Así como en Chile somos testigos de cómo se ha reemplazado al trabajo humano por máquinas en la agricultura, Herzog nos muestra el avanzado desarrollo en que se encuentran los autos sin chofer, la codificación del supuestamente universal “lenguaje cerebral” y cómo un hindú espera fabricar robots capaces de ganarle a la selección de fútbol de Brasil el año 2050.

Llama la atención, entonces, que existan reformas laborales basadas en anacrónicos odios propios del siglo XIX y olviden por completo estos avances. Asimismo, esta realidad tecnológica lleva a uno ―o a Herzog, más bien― a preguntarse qué será entonces pertinente enseñar en nuestros colegios. Y ante esta pregunta, afirman literalmente los humanistas y científicos entrevistados por el cineasta, lo único que valdrá la pena y será necesario enseñar será la cultura griega, a pensar y, finalmente, a filosofar.

 

Fernando Claro V., Fundación para el Progreso.