Ninguna movida de último minuto le evitará pasar a la historia como la Mandataria que le entregó dos veces consecutivas el Gobierno a la centroderecha. Y eso, para una figura de izquierda recalcitrante como ella, será un estigma que la marcará a fuego. Además, cargará con la mochila de haber liderado la administración con los peores resultados desde el retorno a la democracia, y con haber pulverizado en cuatro años el bloque político que le sirvió de plataforma para postular por segunda vez a la Presidencia.
Publicado el 13.08.2017
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Este es un Gobierno ruinoso, qué duda cabe. Por lo mismo, es incapaz de recomponer -en los meses que le quedan- algo de su desastrosa gestión. Al contrario, la contumacia con que la Presidenta persiste en su equivocada hoja de ruta no permite albergar la menor esperanza de que la situación cambie de aquí a marzo próximo.

Peor aún, en este período final, el Ejecutivo está empecinado en impulsar una agenda legislativa y medidas administrativas que, lejos de hacerse cargo de las prioridades que tiene el país, lo único que buscan es obtener réditos electorales intentando sacar al pizarrón a la oposición. Así, tanto la reforma al sistema previsional como el anuncio del cierre del penal Punta Peuco son iniciativas que tienen el único propósito de mantener con un poco de oxígeno a un Gobierno y coalición oficialista que ya tienen extendido su certificado de defunción después de las elecciones de noviembre.

Creyendo que el clivaje dictadura-democracia sigue teniendo relevancia para una mayoría ciudadana, queda claro que La Moneda utilizará septiembre como un mes simbólico para exacerbar el tema de los derechos humanos, instalando en la agenda la victimización de que se sirve la izquierda para sus fines políticos. En este sentido, la reactivación del proceso judicial por la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva será otro apetecido canapé para seguir alargando este banquete interminable.

Pero a Bachelet parece que se le olvida algo. Es tal el nivel de escombros que ha dejado en estos tres años y medio de gestión, que ninguna movida de último minuto le evitará pasar a la historia como la Mandataria que le entregó dos veces consecutivas el Gobierno a la centroderecha. Y eso, para una figura de izquierda recalcitrante como ella, será un estigma que la marcará a fuego. Además, cargará con la mochila de haber liderado la administración con los peores resultados desde el retorno a la democracia, y con haber pulverizado en cuatro años el bloque político que le sirvió de plataforma para postular por segunda vez a la Presidencia. Pero pese a todo eso, Bachelet continúa ejerciendo el cargo de manera kafkiana.

Ha sido tan nefasto el actual Gobierno, que como en ninguna otra elección realizada desde 1990, su apoyo al postulante presidencial de la Nueva Mayoría representará un lastre que probablemente le pondrá la lápida a esa candidatura. Quizás por eso La Moneda termine optando en esta pasada por mostrarse neutra, aprovechando que el conglomerado enfrenta dividido los comicios.

Como sea, recomponer este desastre será un desafío tanto más grande que el que enfrentó Sebastián Piñera tras la catástrofe natural de 2010. Las demandas desmedidas, los ofertones populistas, las políticas mal diseñadas (y peor implementadas), y la intransigencia ideológica han sido un remezón cuyo costo lo tendremos que pagar durante años. Enmendar el rumbo será posible en la medida que los chilenos demostremos en las urnas tener la sensatez y la voluntad para reencaminar a Chile por la senda del crecimiento y el desarrollo.

 

Carlos Cuadrado Sepúlveda, periodista

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO