Una revisión cuidadosa del Informe Engel permite asegurar que, en definitiva, la Presidenta tomó todas las opciones más radicales de éste, cuando no las ignoró simplemente porque no le gustaban. Esto menoscaba el trabajo de la Comisión, que realizó un análisis muy completo del problema de la corrupción, y desvirtúa su carácter plural.
Publicado el 30.04.2015
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El Informe del Consejo Asesor Presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción no recomendó medida alguna en relación a la Constitución; el principal anuncio de la Presidenta Bachelet el martes, al dar a conocer lo que su gobierno hará con las recomendaciones del Informe Engel, es iniciar un proceso constituyente para modificar la Constitución en el mes de septiembre.

Esta actitud de la Presidenta, que es poco deferente con la Comisión, se repite con muchos de los contenidos del Informe y da cuenta del propósito voluntarista de este gobierno de introducir cambios radicales en nuestro país, desvalorizando de paso una de las riquezas de esta Comisión que era su carácter plural. Pero lo que es más grave: el efecto político de su anuncio es desviar la atención de los temas de corrupción que afectan gravemente a su gobierno y a su entorno más próximo, para centrarla en la reforma a la Constitución, un tema por completo diferente, restando así fuerza a las medidas contra la corrupción, los conflictos de interés y el tráfico de influencias, propósito único y excluyente de la creación de esta Comisión.

La Presidenta también desechó, como lo ha consignado El Líbero, la opinión de Eduardo Engel quien junto a un buen número de consejeros discrepó de la opinión de la mayoría en orden a prohibir absolutamente la posibilidad de aportes reservados a la política. Engel y otros consejeros, valorando la protección que el anonimato da a personas naturales que realicen aportes pequeños, habían propuesto un límite de 20UF por persona a aportes reservados. La reserva del aporte se considera, desde esta perspectiva, como una protección similar al secreto del voto, que impide que las autoridades castiguen a quienes no comparten su visión ideológica.

La Presidenta acogió, por otra parte, la propuesta de la mayoría de los consejeros en orden a prohibir los aportes legales de empresas, contra la opinión de cuatro consejeros e ignorando que el 65% de las democracias de la OCDE permite el aporte de empresas.

Con estas medidas, todo el financiamiento de la política pasa a ser público, desechando así la opción de un financiamiento mixto presente en la mayoría de las democracias. Si los casos que han conmovido a la opinión pública habían dejado de manifiesto que una parte de la política estaba siendo financiada por los ricos, a través de aportes regulares e irregulares, ahora la política será financiada por todos los chilenos, incluyendo los pobres, a través de fondos generales de la nación; sólo que los que financian no pueden decidir a qué políticos va su aporte, tarea que queda a cargo de los propios interesados.

Una revisión cuidadosa del Informe Engel permite asegurar que, en definitiva, la Presidenta tomó todas las opciones más radicales de éste, cuando no las ignoró simplemente porque no le gustaban. Esto menoscaba el trabajo de la Comisión, que realizó un análisis muy completo del problema de la corrupción, y desvirtúa su carácter plural. No conocemos todas las medidas que propondrá en definitiva el Ejecutivo, pero de las palabras de la Presidenta Bachelet el martes se advierte claramente esta lectura sesgada del Informe.

En efecto, la mayor parte de los contenidos del Informe está referida a medidas para atacar la corrupción y los conflictos de interés en el sector público; reconociéndose de esta manera que el origen de los problemas en la relación entre política y dinero es siempre un funcionario del Estado que toma decisiones que afectan patrimonialmente a otros y en tal circunstancia es lábil a la corrupción. Pues bien este problema fue el que captó menos tiempo en la intervención de la Presidenta.

La Presidenta Bachelet  ha visto esta ocasión como una oportunidad para insistir en su proyecto político radical para Chile, saliendo de paso del pantano en que está su gobierno por el comportamiento corrupto de su entorno familiar y político. Está por verse si será este un ejercicio exitoso, sobre todo porque supone que los chilenos simplemente se olvidarán de todo lo sucedido y continuarán impávidos contemplando los rostros de quienes han sido fuertemente cuestionados y siguen conformando su núcleo más duro.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

FOTO:PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

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