No pueden existir excusas para postergar las posibilidades de una amplia región del país: su potencial de desarrollo está allí, pero hay que dotarlo de un marco jurídico, económico y de infraestructuras que posibilite que sus habitantes avancen, también en la senda de desarrollo del siglo XXI.
Publicado el 02.01.2016
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El reciente paro de la DGAC dejó, una vez más, en claro la fragilidad de la región de Aysén, que quedó virtualmente aislada del resto del país. El transporte aéreo es el más eficiente nexo de sus habitantes, y de sus productos, con el resto de Chile y el mundo.

El paro, a pesar de ser ilegal (como otros del sector público) fue tolerado por el gobierno. Y, como agravante, y medida de presión adicional, se llevó a cabo en una fecha crítica del año.

A pesar de los esfuerzos conservacionistas, en Aysén todavía vive gente que ha desarrollado su vida con grandes esfuerzos a lo largo de muchos años. Han comenzado emprendimientos que han posibilitado no solo su subsistencia, sino un incipiente desarrollo de la zona. Conociéndola bien, extraña que la variedad de la actividad económica sea limitada. En una región rica en madera, por ejemplo, extraña que no exista algo tan básico como plantas secadoras de maderas para posibilitar el uso de ésta, de manera sustentable, en la construcción de viviendas, enseres domésticos y usos varios. En vez de esto, la madera es la principal fuente de energía de la zona, habiendo renunciado, por la vía de los hechos y el lobby, a fuentes renovables como la energía hidroeléctrica.

Luego, y aparejado a lo anterior, está el tema de la conectividad terrestre. La Carretera Austral no está terminada, y varios de los tramos en uso no están pavimentados. Esta magna obra de ingeniería fue planificada y desarrollada principalmente durante el gobierno militar, el que veía como necesidad estratégica el desarrollo y conectividad de ésta, una zona apartada, pero muy rica en recursos del país. Luego, a partir de 1990, muchos planes pero pocas obras de real significado.

Contrasta fuertemente con la situación en Argentina, donde Buenos Aires ha tomado muy en serio la responsabilidad de dotar de conectividad y una buena infraestructura la zona austral, posibilitando así el asentamiento y desarrollo de ciudades con actividades económicas que han ido evolucionando en el tiempo y que han permitido la subsistencia de sus habitantes. El poblamiento efectivo, acompañado de un desarrollo de la economía, son pruebas efectivas de ejercicio de soberanía territorial.

Tampoco hay que olvidadar que la actividad económica es fuente primaria para la recaudación de impuestos.

Así las cosas, la huelga de la aviación produjo un grave daño no solo a los habitantes y turistas en la zona, y en todo Chile, sino también en el transporte de carga aérea, en una época donde se transportan, principalmente para la exportación, los principales productos de la zona: flores y pescados. Muchos, por la ausencia de infraestructura adecuada de almacenaje (muy pocas buenas cámaras de frio, por ejemplo), se echaron a perder o simplemente se perdieron. Es decir, se arruinaron los esfuerzos de un año.

Al mismo tiempo, en comercio internacional cumplir puntualmente con los embarques acordados es crítico, ya que para productos como las flores de alto valor, que se requieren en fechas determinadas, cualquier atraso crea el riesgo de que se anulen los pedidos o se reduzca sensiblemente el valor del producto. Son las leyes del mercado que, o bien se aceptan, o bien se desechan y se vuelve a épocas de agricultura de subsistencia.

El tema de la conectividad es no menor. Es irónico que ante cualquier emergencia, los habitantes de la región deban transitar por carreteras argentinas para ir al norte de Chile, Puerto Montt u Osorno, digamos, ya que la Carretera Austral se interrumpe varias veces y hay que hacer transbordos en barcazas que no siempre están disponibles según los requerimientos estacionales de movilidad. Causa extrañeza que para los sucesivos gobiernos el tema de la conectividad terrestre no haya sido un tema absolutamente prioritario a resolver; en especial teniendo en consideración que han existido, en épocas relativamente recientes, conflictos de delimitación fronteriza (Laguna del Desierto) y que aún queda pendiente la delimitación de Campos de Hielo, quizás la reserva de agua dulce más grande de Sudamérica.

Muchas veces se busca inspiración en los países europeos para resolver nuestros propios problemas: en el caso de naturaleza y conservación, basta ver los ejemplos de Suiza o los países escandinavos para ver cómo es posible lograr un equilibrio entre ambos y, al mismo tiempo, lograr un cómodo espacio para un desarrollo económico sustentable y posible para sus habitantes.

No pueden existir excusas para postergar las posibilidades de una amplia región del país: su potencial de desarrollo está allí, pero hay que dotarlo de un marco jurídico, económico y de infraestructuras que posibilite que sus habitantes avancen, también en la senda de desarrollo del siglo XXI.

Para ello, y para seguir con el ejemplo de Suiza, hay que dar la máxima libertad a su gente para crear y pensar: esa es la manera en que surgen las ideas y los emprendimientos que posibilitan el desarrollo de una región o de una nación. Hay que confiar más en la gente y menos en la ideología y la burocracia, las cuales, al final, no hacen más que limitar y poner cortapisas a las posibilidades de sus gentes. Hay que canalizar antes que construir diques, y hay que entender que la globalización no es para algunos, sino para todos.

 

Enrique Subercaseaux, ex diplomático y gestor cultural.

 

 

FOTO: JONAZ GOMEZ/AGENCIAUNO