Dependiendo de cómo se lleve a la práctica el cambio de discurso del gabinete entrante, los rangos para el desempleo son que termine el año cerca del 7.5% en el mejor de los casos y por sobre 8% en el peor.
Publicado el 06.07.2015
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Desde hace tiempo que mucho veníamos advirtiendo que el deterioro en los índices de confianza de empresarios (ICE) y de consumidores (IPEC) terminaría por pasar la cuenta al empleo. Esto, por la relación existente entre la confianza y la propensión a invertir de empresarios y a gastar de consumidores y la actividad económica, así es que cuando la primera se desploma, como ha ocurrido en los últimos dos años, no pasa mucho tiempo antes de que la inversión se reduzca y los consumidores se inhiban de gastar. Esto es lo que ha sucedido desde mediados del 2013, con la excepción de un magro crecimiento en el último trimestre del 2014, que dio pie a los famosos brotes verdes, y es muy probable que el segundo trimestre de 2015 la inversión vuelva a caer y el consumo se estanque o se reduzca. Era muy llamativo que una economía con estos síntomas de debilidad no terminara con un incremento importante en el desempleo.

Con este compás de actividad real y el desplome en la confianza de los agentes económicos, las cifras de desempleo deberían andar por las nubes, y la evidencia revelaba que hasta el trimestre móvil (febrero a abril del 2015) anterior, el desempleo no solo desafiaba la lógica y la teoría económica, sino que también la teoría de la gravedad.  Sin embargo, el último dato de la encuesta de empleo del INE, para el trimestre de marzo a mayo, trajo algo más de realismo económico; el desempleo aumentó a un 6.6%.

Gráfico 1

Gráfico 2

La pregunta que surge es qué sucederá en el futuro con este guarismo laboral. Para responder se requieren algunas aclaraciones de por qué el desempleo fue tan renuente a acoplarse con la tendencia negativa exhibida por el resto de las variables macroeconómicas. La primera explicación es que 2/3 de los 92 mil nuevos empleos generados en el último año (marzo a mayo de 2015), corresponden al gobierno o al Estado. El ingente aumento del gasto público durante el 2015, más que compensó la destrucción de empleos en el sector privado en dicho período. Lo relevante es si el gobierno y/o el Estado podrán continuar creando empleos al mismo ritmo en el futuro. La respuesta ya la han expresado claramente tanto el Banco Central como el ministro de Hacienda en varias de sus alocuciones. La expansión del gasto público tiene que adecuarse al crecimiento tendencial del país para no arriesgar nuestro duramente ganado prestigio de seriedad fiscal, con lo cual, para los próximos años esperar más de 4% promedio de crecimiento sería ambicioso y riesgoso, por lo tanto el Fisco no podrá mantener ese ritmo de generación de empleos.

El otro tercio de los cerca de 90 mil nuevos puestos de trabajo generados lo explicaría el sector construcción. Este sector es de los pocos en el ámbito privado en aumentar la ocupación, pues la mayoría del resto los destruye (industria, transporte y comercio). Ha experimentado viento a favor gracias a la promulgación de la reforma tributaria, que entre otras cosas pone IVA a la construcción residencial a partir de 2017, lo que haría subir los precios de los bienes inmuebles. Lo anterior ha provocado que muchos se hayan apresurado a adquirir el bien raíz antes de la aplicabilidad de dicho impuesto, todo lo cual ha mantenido la actividad sectorial por sobre la tendencia. No hay que ser un ducho en materias económicas para darse cuenta de que una vez aplicado el impuesto, la actividad se desplomará y junto con ello lo hará el empleo.

Por último, habría que preguntarse cuál será el efecto de la reforma laboral en la demanda por trabajo. A pesar de que el gobierno y la ministra del ramo han dicho hasta la saciedad que dicha reforma es pro empleo, la verdad es que el “eslogan” es demasiado similar al esgrimido a propósito de la reforma tributaria, que sostenía que sólo afectaría al 1% más rico de la población. Tal cual fue el caso de esta última, los damnificados serán los desvinculados de sus empresas, típicamente aquellos con menos capacitación y redes, muchos de los cuales no pertenecen ni a sindicatos ni trabajan en empresas grandes, es decir, los políticamente mudos.

¿Por qué el gobierno y la ministra no le han explicado al país la razón detrás del notable aumento del desempleo femenino, que en el último año se empinó desde 6.8% a un 7,8%, mientras el masculino disminuyó desde un 5.9% a un 5.7%? Ahí está claro quiénes sufren más en los ajustes cíclicos de la economía. Lo curioso es que para ser un gobierno que como principio enarbola la igualdad de género, pareciera que sus resultados distan bastante de sus objetivos.

En conclusión, el desempleo va a aumentar inexorablemente en los próximos meses, tanto por efectos estacionales como por la desaceleración en la actividad. De hecho lo usual en este trimestre móvil (marzo a mayo), y en base a lo sucedido en los últimos cuatro años, era que como promedio la tasa de desempleo aumentara tan solo un 0.1% respecto de igual periodo del año anterior, no un 0.5% como lo hizo, todo lo cual denota que el ajuste al alza será más rápido de lo normal. Dependiendo de cómo se lleve a la práctica el cambio de discurso del gabinete entrante en cuanto a poner el crecimiento económico en el centro del debate, los rangos para el desempleo son que termine el año cerca del 7.5% en el mejor de los casos y por sobre 8% en el peor. La reforma laboral será una señal importante que tendrá el gobierno para demostrar su verdadera vocación por generar riqueza a través del crecimiento económico y no de repartir pobreza a través de políticas públicas redistributivas apuradas, mal pensadas y mal implementadas.

 

Manuel Bengolea, Economista Octogone.

 

 

FOTO:JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO