El gobierno de Sebastián Piñera le regaló a su sucesora una reforma que refleja la esencia de lo que debiera ser la derecha chilena, un sector moderno, proclive a los cambios razonables y graduales, defensor de las libertades y consciente de que cuando se avanza con grandes consensos, se llega más lejos.
Publicado el 30.01.2015
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Si bien fueron legisladores de derecha los que inicialmente presentaron la propuesta y un Presidente de derecha quien impulsó parte de su tramitación en el Congreso, el Acuerdo de Unión Civil (AUC) será un nuevo legado del gobierno de Bachelet. Porque nunca se decidió entre los que se oponían a lo que parece ser un primer paso hacia el matrimonio igualitario y los que quieren construir una derecha que defienda las libertades individuales en todos los ámbitos de la vida, el gobierno de Sebastián Piñera le regaló a su sucesora una reforma que refleja la esencia de lo que debiera ser la derecha chilena, un sector moderno, proclive a los cambios razonables y graduales, defensor de las libertades y consciente de que cuando se avanza con grandes consensos, se llega más lejos. Ahora que busca articularse en una nueva coalición —que todavía no tiene nombre—, la derecha debe lamentar no poder convertir al AUC en el símbolo de lo que quiere para Chile, un país donde se amplíen los derechos individuales y se privilegie el respeto a las libertades de los ciudadanos.

Ahora que ha sido desalojada del gobierno, la derecha tiene poco que mostrar como legado de sus cuatro años en el poder. Por cierto que el rápido crecimiento económico es loable —especialmente ahora que, con la izquierda en el poder, el país entra en un ciclo de bajo crecimiento—. Pero, para volver a ganar una elección presidencial, no bastará decir que el gobierno de Bachelet ayudó a empeorar una situación económica que venía mala. Después de todo, bastará que el candidato de la Nueva Mayoría vuelva a poner el énfasis en el desarrollo económico y la creación de empleos para igualar la que será la mejor oferta de la derecha. Además, poniendo el foco exclusivamente en el empleo y el crecimiento, la derecha abrirá la ventana a las acusaciones sobre conflicto de interés, demasiada cercanía con el empresariado y concentración de la riqueza que abundaron durante el cuatrienio de Piñera y que siguen persiguiendo a la UDI incluso hoy.

Es cierto que el gobierno de Piñera logró avances en materia de protección social —postnatal de seis meses y la eliminación de la deducción del 7% para la salud de los jubilados—, pero la derecha nunca va a superar a la izquierda en reformas de protección social. Al intentar pasarse a la izquierda por la izquierda, la derecha sólo da argumentos para que los candidatos de la NM justifiquen sus promesas que aumentan el gasto fiscal y que desincentivan el emprendimiento privado.

El gobierno de Piñera también logró distanciar al sector del legado autoritario. Con él, la derecha chilena sepultó a Pinochet. Es verdad que hubiera sido mejor que también sepultara otros legados autoritarios —como el sistema electoral—. Si en el gobierno anterior se hubiera negociado un sistema electoral proporcional moderado, la representación de la derecha en el Congreso sería incluso mejor que la que hoy tiene.

Pero de todas las reformas que dejó de hacer Piñera, la que más le debe doler a la derecha es el Acuerdo de Unión Civil (AUC). Ya que lo distingue del matrimonio, el AUC satisface a los conservadores que defienden al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Como el contrato puede ser disuelto de forma más expedita que un matrimonio, el AUC no será una alternativa popular para parejas de distinto sexo que deseen formar una familia. No hay razón que explique por qué el gobierno anterior no empujó con más fuerza esta iniciativa para que la hubiera promulgado el propio Piñera.

Es cierto que muchos grupos que defienden los derechos de los homosexuales ahora buscarán la aprobación del matrimonio igualitario. Pero el mejor argumento conservador para bloquear esa iniciativa hubiera sido, precisamente, que al establecer el AUC, la derecha ofreció una alternativa razonable y menos polémica para que las parejas homosexuales formalizaran sus vínculos.

La derecha ha dado señales de querer articular un nuevo referente que le permita volver a ser electoralmente competitiva. Si bien el anuncio realizado por UDI, RN, PRI y Evópoli aborda temas generales de forma razonable, no hay planteamientos que sean propios o exclusivos de derecha. Cuesta pensar que los sectores moderados de la NM discrepen de lo que dice el documento. Pero aunque siempre es positivo que los movimientos aspiren a ser más inclusivos, el solo hecho de que Amplitud haya quedado fuera muestra que el problema de la derecha está en pasar de un discurso de unidad a una realidad que muestre dicha unidad cotidianamente. Porque el Acuerdo de Unión Civil era una oportunidad inmejorable para demostrar que la defensa del libre mercado y de los derechos individuales también puede ser compatible con el progreso, la modernidad, la tolerancia y la inclusión, ahora que Bachelet se dispone a firmar el AUC, la derecha sólo podrá sumar un nuevo “auch” a la seguidilla de traspiés y dolores que han afectado a ese sector político.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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