La defensa de la Presidenta se querella contra periodistas y a la vez da un tiro de gracia al heraldo designado para difundir los argumentos de Chile ante la demanda marítima boliviana.
Publicado el 05.06.2016
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Como se percibe con sorprendente frecuencia, resulta difícil comprender la racionalidad de ciertas acciones y decisiones del gobierno de la Nueva Mayoría. Tomemos el caso de lo ocurrido con Ascanio Cavallo, que fuera reclutado hace unos meses para integrar el equipo que colabora en la defensa de Chile ante la demanda presentada por Bolivia en la Corte Internacional de Justicia. Debe decirse que lo que se pretendió mejorar con la inclusión de Cavallo no era la calidad periodística de un relato o el nexo entre el equipo jurídico y los medios, sino la necesidad de remediar deficiencias en la difusión que las autoridades deben dar a los argumentos chilenos frente a la demanda marítima boliviana. En otras palabras, equiparar las acciones desplegadas por el gobierno boliviano en el terreno internacional en la difusión de sus argumentos. Con toda la reconocida capacidad de Ascanio Cavallo, su participación en el equipo de la defensa chilena resulta cuesta arriba, pues mientras Bolivia continúa desarrollando difusión de sus argumentos por la acción directa del Presidente Evo Morales, no existe una difusión a un nivel equivalente en Chile. No podría pedírsele al periodista que llene un vacio que no le corresponde.

Pero lo que se ha hecho con Cavallo ahora es algo mucho peor. Al incluírsele entre los testigos de la querella que “la ciudadana Michelle Bachelet” presentó contra el director y periodistas de la revista Qué Pasa, de una plumada se le quita el piso y se le deja en una situación de suma vulnerabilidad ante la prensa internacional, produciendo un efecto inhibitorio y neutralizador en el trabajo que debiera efectuar ante los medios internacionales. Sin duda, el aporte de Cavallo a la defensa de Chile queda seriamente dañado.

La presentación de una querella de tipo penal por parte de la Presidenta Bachelet contra un medio de prensa tiene en sí misma una connotación internacional innegable. No es de extrañar que de inmediato se hiciera un símil con acciones judiciales entabladas por los presidentes Rafael Correa, Cristina Kirchner y Nicolás Maduro contra medios de prensa de sus respectivos países. La inclusión de la Presidenta Bachelet en esa lista no la favorece ni a ella ni a nuestro país, por la actitud persecutoria de esos mandatarios hacia la prensa libre. Pero pocos se habrían imaginado que en esa querella se fuese a involucrar, como testigo de cargo contra un medio de prensa, a Ascanio Cavallo, heraldo de la defensa chilena ante La Haya. El abogado que representa a la Presidenta en la querella mata dos pájaros de un tiro, al pedir prisión por injurias contra periodistas y al mismo tiempo da un tiro de gracia al heraldo designado para difundir los argumentos de Chile en la demanda marítima boliviana, al nombrarlo como testigo de cargo en la querella contra la prensa: notable. Para completar el cuadro, solo faltaría que el agente José Miguel Insulza se hubiera enterado de todo esto, también, por la prensa.

Esta vez se puede afirmar con absoluta propiedad que Chile hace esfuerzos para ponerse al nivel equivalente al del gobierno boliviano, en el verdadero espectáculo que ha dado en los últimos meses en la prensa internacional. Quisiéramos creer que aun no hemos llegado a eso, pero por empeño, por lo visto, no nos quedamos.

 

Jorge Canelas, Analista Internacional y Embajador (r).

 

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO