Para todos aquellos que han salido a criticar a Hernán Büchi, sería bueno que tuvieran en cuenta que, cuando se descubre que un dirigente ha hablado con un árbitro para que determine el resultado de un partido, los hinchas no se ensañan contra los jugadores, sino que contra los dirigentes y contra el árbitro.
Publicado el 05.05.2016
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Cuando dos equipos de fútbol se enfrentan en la cancha, siempre hay una dosis de incertidumbre respecto del resultado final de dicho partido. Si los dos equipos tienen pergaminos similares, como ocurre con un partido del Real Madrid contra el Barcelona, la incertidumbre es alta. Cuando la contienda parece desigual, como en un partido de la selección brasileña contra la de Venezuela, la incertidumbre respecto del resultado es menor, pero no inexistente. Las sorpresas existen y son parte del juego. ¿Quién habría apostado que Brasil jugando de local en el mundial del 2014 iba a perder 7 a 1 contra Alemania?

Los hinchas y los jugadores aceptan jugar bajo estas reglas. Saben que a veces la pelota pega en el palo, como le pasó a Pinilla ante Brasil, o que un jugador puede tener una tarde gloriosa, como Cristiano Ronaldo que marcó tres goles en los cuartos de final de la Champions hace un par de semanas. Todo eso es parte del juego. Sin embargo, cuando el resultado de los partidos termina siendo determinado por los cobros de un mal arbitraje, entonces la furia se apodera de jugadores, cuerpo técnico y hasta de los hinchas. Nadie soporta a un “árbitro saquero”.

¿Qué cree Ud. que pasaría con una liga en que permanentemente los resultados de los partidos terminan siendo determinados por los cobros del árbitro, en vez de por los méritos de los jugadores o incluso por el azar del juego? En un principio veríamos partidos con bastantes altercados en la cancha; discusiones, insultos y expulsiones. Al cabo de algún tiempo, de persistir los malos arbitrajes, los buenos jugadores dejarían de esforzarse por jugar bien, total eso no determina el resultado. Los dirigentes pondrían más esfuerzo en ser amigos de los árbitros que en contratar buenos jugadores y los buenos jugadores probablemente migrarían a otras ligas donde los partidos se ganan o se pierden jugando y no por los cobros de los árbitros. Finalmente, los hinchas probablemente dejarían de ir al estadio y de seguir la liga por televisión y se cambiarían de ver el fútbol internacional u otros deportes.

Todo esto parece bastante obvio, al menos para cualquiera que practique o sea hincha de algún deporte. Por lo mismo, me sorprende que tanta gente haya criticado la decisión de Hernán Büchi de irse de Chile. Algunos lo acusan diciendo que las peleas se ganan compitiendo, otros de añorar un mundo de certezas como el que supuestamente existía durante el gobierno militar. Son pocos los que han reflexionado de la manera como lo harían si un crack de Colo Colo se fuera a jugar a una liga extranjera aduciendo que en la liga local los partidos se pierden o se ganan dependiendo de las decisiones del árbitro y no de los méritos y el esfuerzo del equipo.

Büchi no dijo que se iba porque quería ganar sin competir. Dijo que se iba porque veía que en Chile cada vez con mayor frecuencia el resultado de la competencia dependía de si las autoridades ponían el pulgar para arriba o para abajo. Büchi no dijo que quería un mundo sin riesgo. Competir con los riesgos propios de las actividades que cada uno realiza, incluso con la suerte y la mala suerte, es parte de la vida, y Hernán Büchi ha demostrado de sobra que no le teme a ese mundo. Pero una sociedad en la cual lo que ocurra con tu vida depende de lo que las autoridades decidan hacer por ti o contra ti es una cosa muy distinta. Los cracks no están dispuestos a desperdiciar su talento en esas ligas. El argumento de Büchi es tan válido para él, como lo sería para Alexis o Arturo Vidal. Una sociedad en la cual las autoridades dejan de ser árbitros imparciales que velan porque se cumplan las leyes para todos por igual y pasan a ser árbitros saqueros que deciden el resultado de los partidos, es una sociedad que pierde a sus talentos. Ese es el mensaje de Büchi y es eso lo que nos debiera preocupar respecto del futuro de nuestro país.

Para todos aquellos que han salido a criticar a Hernán Büchi, sería bueno que tuvieran en cuenta que, cuando se descubre que un dirigente ha hablado con un árbitro para que determine el resultado de un partido, los hinchas no se ensañan contra los jugadores, sino que contra los dirigentes y contra el árbitro.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTO: COLIN HUGHES / FLICKR

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