Es de justicia recordar a quien fuera designado integrante de la Corte Suprema por Ronald Reagan en 1986, uno de sus miembros más destacados y definitivamente un referente para los partidarios de la libertad y la justicia.
Publicado el 17.02.2016
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Esta semana murió Antonin Scalia, uno de los más destacados integrantes de la Corte Suprema de Estados Unidos y a quien con justicia se le ha tratado como una de las más “prominentes figuras en la ley”. El año pasado visitó nuestro país en el marco de los 25 años de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes. En esa oportunidad, tuve el honor de conocer al Justice Scalia en el almuerzo organizado por el Instituto Res Publica y el Círculo Legal de ICARE.

A muchos les sorprende la cobertura mundial que ha tenido el fallecimiento de un ministro de la Corte Suprema. La verdad es que no se trata de cualquier corte ni tampoco de cualquier ministro.

La Corte Suprema de Estados Unidos es una de las más importantes del mundo, que ha influido decisivamente en el ordenamiento jurídico e institucional de su país. Por otra parte, Antonin Scalia era simplemente un jurista de talla superior. Su trabajo y aporte al campo del derecho y la filosofía política ha traspasado la judicatura de los Estados Unidos, para permear la reflexión jurídica en los debates más importantes de nuestros días en foros tanto académicos como políticos.

En lo personal, Scalia tenía una formación intelectual de primer nivel. Estudió en la Universidad de Georgetown, en la de Friburgo (Suiza) y cursó sus estudios de derecho en Harvard, donde fue editor en la Harvard Law Review. Era casado y padre de 9 hijos. Como bien dice Robert P. George -otro gran intelectual norteamericano- en su tributo a Scalia, era un católico devoto, que no ocultó ni alardeó sobre su fe. Fanático de la caza y la pesca, lo que se notó en su viaje a nuestro país, en el que no desaprovechó la oportunidad de pescar en el sur de Chile.

En lo propiamente constitucional, fue uno de los mayores exponentes de la corriente denominada “originalismo”, que plantea que la Constitución de los Estados Unidos aprobada en 1787 debe ser interpretada sobre los principios considerados por los padres fundadores y no por los cambios experimentados por la sociedad. Más aún, para Scalia la Corte Suprema federal no debe legislar por encima de los poderes legislativos estatales ni mucho menos imponer cambios sociales a través de sus sentencias.

Estas imposiciones de la Corte Suprema norteamericana quedan de manifiesto en sentencias como Dred Scott con Sandford, en virtud de la cual se sostuvo que los afroamericanos no eran ciudadanos estadounidenses y consagró en los hechos la esclavitud en todo el país, al permitir a sus dueños viajar con sus esclavos por todo el territorio, lo que terminaría siendo una de las causas de la Guerra Civil. Otra caso polémico y ampliamente debatido es Roe vs Wade, en virtud de la cual la Corte Suprema impuso en 1973 el aborto como un derecho en todos los Estados Unidos, aun en contra de la mayoritaria oposición ciudadana. El último caso controversial es precisamente Obergefell contra Hodges por el que se considera el matrimonio homosexual como un derecho en virtud de la igualdad ante la ley que contempla la Constitución de los Estados Unidos.

Scalia se oponía tanto al aborto como al matrimonio homosexual. Presumo que también a la esclavitud. Lideró el cuestionamiento ético y jurídico a Roe vs Wade y desafió agudamente la existencia de un “derecho al aborto” en la Constitución norteamericana. Fue un firme defensor del derecho inalienable a la vida que tiene todo ser humano inocente. Su oposición al matrimonio homosexual se fundamentó jurídicamente no tanto sobre sobre la esencia del matrimonio, sino sobre el rol de la Corte. Sostuvo que la ley podría terminar reconociendo como matrimonio cualquier tipo de combinación sexual o arreglo habitacional, pero que lo realmente importante era quién legisla sobre el pueblo de los Estados Unidos: los representantes electos por el pueblo o los nueve ministros de la Corte Suprema. Por eso, en su visita a Chile, al ser consultado sobre la oposición al aborto o a las uniones gay en la Constitución de su país, respondió con humor que si queríamos defender la vida o proteger el matrimonio no había mejor camino que ganar las elecciones.

Por último, el respeto humano e intelectual por la figura de Scalia ha quedado de manifiesto luego de su muerte. El mismo Bernie Sanders, uno de los candidatos presidenciales más de izquierda que Estados Unidos conociera, sostuvo que “era un miembro del Tribunal Supremo brillante, original y honesto”. Por otro lado, Ted Cruz ha celebrado que Scalia pusiera en “el centro el significado original de la Constitución después de décadas de activismo judicial”.

Si bien hoy las noticias se centran en la posibilidad del Presidente Obama de nombrar a un nuevo supremo de corte liberal y la negativa de los republicanos de aprobar cualquier nominación hasta el próximo período presidencial, es de justicia recordar a quien fuera designado integrante de la Corte Suprema por Ronald Reagan en 1986, uno de sus miembros más destacados y definitivamente un referente para los partidarios de la libertad y la justicia.

 

Julio Isamit, coordinador general de Republicanos.

 

 

FOTO: WEST POINT – THE U.S. MILITARY ACADEMY /FLICKR

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