Las relaciones con Brasil son mucho más que las eventuales cercanías ideológicas o personales en las cuales Chile ha basado sus decisiones de política exterior y que serán puestas a prueba en el futuro inmediato.
Publicado el 20.05.2016
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El comunicado emitido por el Ministerio de Relaciones refiriéndose a la suspensión del mandato de la Presidenta del Brasil ha vuelto a poner a la política exterior de Chile en entredicho. Al hacer mención a “la administración de la amiga Dilma Rousseff, con la cual hemos mantenido excelentes relaciones”, después de haberse referido a los asuntos internos brasileños como fuente de incertidumbre internacional, la declaración oficial incurre en errores que solo denotan una carencia preocupante de profesionalismo en la conducción diplomática.

En primer lugar, falta a los propios principios de política exterior enunciados por la Cancillería en sus documentos oficiales, particularmente al principio de no intervención en asuntos internos de otros estados. Y en la calificación de “amiga” que hace sobre Dilma Rousseff, el comunicado confunde los sentimientos de amistad o de solidaridad que pueda tener el gobierno de la Nueva Mayoría con los intereses del Estado, comprometiendo a todos los chilenos en una situación de cercanía personal que no corresponde extrapolar a las Relaciones Exteriores.

El comunicado de la Cancillería no solo declara la amistad de Chile con Dilma, sino que, como si fuera poco, ignora olímpicamente al gobierno que asume transitoriamente (con una alta probabilidad de continuar hasta el término del actual mandato presidencial). En contraste con lo anterior, el discurso del ex candidato presidencial José Serra al asumir la conducción de la diplomacia brasileña es claro: “Nuestra política externa será regida por los valores del Estado y de la Nación, no de un gobierno, jamás de un partido”. En otras palabras, José Serra hace una clara distinción entre amiguismo y política exterior.

Pese a todo, la gaffe diplomática del gobierno chileno no alcanza a competir con las declaraciones de Nicolás Maduro, quien calificó el impeachment a Dilma como un “golpe de estado”, haciendo un llamado a gobiernos y pueblos del mundo entero a salir en defensa de Rousseff, a lo cual agregó la amenaza de retirar al embajador venezolano de Brasilia. La reacción brasileña no se hizo esperar, al punto que el vicecanciller venezolano se vio obligado a dar explicaciones y pedir “que no se tomasen en consideración los dichos de Maduro”. Al gobierno venezolano le quedó claro que si se repetían los insultos de Maduro, el siguiente paso del Brasil será la ruptura de relaciones diplomáticas.

Las relaciones bilaterales con Brasil son mucho más que las eventuales cercanías ideológicas en las cuales Chile ha basado sus decisiones de política exterior y que serán puestas a prueba en el futuro inmediato. Es muy probable que las nuevas autoridades brasileñas no hagan caso omiso del comunicado de Cancillería ni de las declaraciones de tres partidos de la coalición de gobierno chilena, siguiendo la línea de la reciente declaración del Partido Socialista de Chile, (en cuyo origen se ha mencionado una responsabilidad directa del embajador Jaime Gazmuri). De ser así, continuarán incrementándose los costos que Chile tendrá que asumir por la ideologización de su política exterior.

 

Jorge Canelas, Cientista Político y Embajador (r).

 

FOTO: AGENCIAUNO.