¿Habrá un “fin de fiesta” para los “brotes” de irracionalidad económica en Chile, como lo ha habido en otros países? Los observadores externos predicen que si lo habrá.
Publicado el 17.06.2016
Comparte:

El análisis de la situación de América del Sur y sus perspectivas futuras, desde la óptica de los países desarrollados, es esperanzadora, dados los últimos acontecimientos en Argentina, Perú y Brasil. Desde la distancia, se observa a nuestra región con bastante más objetividad de lo que lo suelen hacer quienes participan directamente de la coyuntura. En América del Sur, los analistas ya han esbozado una tendencia, conjugando las perspectivas que se abren en la región en el marco del nuevo escenario económico global y los ajustes que anuncian quienes lideran los nuevos gobiernos, marcando el ocaso de la revolución bolivariana. En el caso de Chile, como veremos más adelante, ya se piensa en un escenario post-Nueva Mayoría.

Tras una década de expansión económica impulsada por el boom de la exportación de materias primas, que en lo político permitió la proliferación de gobiernos populistas, se impone en la región una nueva realidad, que ha sido internalizada en cada país con una alta dosis de realismo (el verdadero realismo, sin apellidos). No fue una mera casualidad el triunfo de Macri en Argentina, así como se hizo inevitable la caída de Rousseff en Brasil. El chavismo en Venezuela se mantiene por el uso de la fuerza, nada más. Pese a las diversas realidades de cada caso, hay un denominador común, representado por la irrefutable validez y vigencia de los principios básicos de la economía para la viabilidad de todo y cualquier proyecto político. Las aventuras populistas del chavismo, la era “K” y del PT solo pudieron desarrollarse y subsistir en la bonanza de un ciclo económico sin precedentes, pero la realidad económica obligó a un fin de fiesta que solo viene a confirmar que todo tiene límites, que nada es gratuito y que, terminado el “carrete”, la cuenta más cara la terminan pagando los que menos tienen.

Debemos agradecer a la vigencia de ciertos principios básicos de la economía, el retorno a la sobriedad en el escenario político regional, que a su vez permite vislumbrar una recuperación de los niveles de crecimiento en los países en los cuales se ha impuesto la racionalidad por sobre la arrogancia, la austeridad por sobre el despilfarro y la sensatez por sobre el voluntarismo. Es la experiencia en Argentina y Brasil, a los cuales seguirá, tarde o temprano, Venezuela. En todos ellos, las expectativas solo tienden a mejorar, pues hay consenso en que la conducción de la economía seguirá un camino muy diferente a los desaciertos que les llevaron a una situación de vulnerabilidad crítica en el pasado reciente, debido a las políticas populistas de sus gobiernos.

Chile es un caso único e inexplicable, en el cual a un mal diagnóstico siguieron peores decisiones, al desconocer uno de los elementos fundamentales del funcionamiento de la economía, cual es la importancia de las expectativas y de las (in)certidumbres, en las decisiones de los agentes económicos. ¿Habrá un “fin de fiesta” para los “brotes” de irracionalidad económica en Chile, como lo ha habido en otros países? Los observadores externos predicen que si lo habrá. JP Morgan hace una proyección de la evolución de la situación actual y anticipa lo que vendría después del gobierno de la Nueva Mayoría. A ese análisis seguirán otros, que muy probablemente a comienzos del 2017 mostrarán un mejoramiento substancial de la expectativas económicas para Chile, mientras más se acerque el fin del actual gobierno, algo similar a lo que sucedió en Argentina apenas se pudo percibir que la “era K” llegaba a su fin. Pese a que la mantención del peronismo en el poder era una probabilidad cierta, el solo hecho de que Cristina Fernández saliera del gobierno ya era motivo de una mejora significativa de las expectativas para la economía, en encuestas tomadas poco menos de un año antes de las elecciones.

El triunfo de PPK en el Perú pone al vecino del norte en una situación expectante, en la cual, a diferencia de lo que ocurre en Chile, el modelo de desarrollo no está en discusión, pues el electorado peruano ha valorado los avances experimentados por la aplicación de medidas económicas adecuadas y racionales. En términos de expectativas económicas para el futuro previsible, el Perú se apronta para atraer importantes flujos de inversión extranjera.

En el manejo de las expectativas de los agentes económicos, de las definiciones que se adopten en Chile en los próximos meses dependerá si se destraban las inversiones en nuestro país disipando las incertidumbres o si, por el contrario, se produce un desvío de inversiones chilenas, así como de terceros países, hacia mejores destinos en la región.

 

Jorge Canelas, Cientista Político y Embajador (r).