Al prohibirnos consumir productos como el Kinder Sorpresa, e independiente de las intenciones del legislador, la medida pasa a llevar la autonomía de todos los chilenos. El Estado jamás debe protegernos de nosotros mismos, sino de las acciones coactivas de otros. De lo contrario, podría perfectamente decirnos cómo debemos pensar.
Publicado el 16.07.2016
Comparte:

Los signos “alto en azúcares”, “en sodio”, “en grasas saturadas” o “en calorías” son parte de las nuevas exigencias que la ley impone a la industria alimenticia “para protegernos de nuestra propia ignorancia”. Hace pocas semanas hemos visto productos, que usualmente compramos, con el nuevo etiquetado requerido por el Ministerio de Salud. El proyecto, dicen sus precursores, busca informar a la población. Esta ley es tan absurda como obligar a etiquetar un Barros Luco por ser alto en calorías.

Muchos chilenos toman la decisión de consumir este tipo de productos, ¿y qué? ¿Son los políticos responsables de ser nuestra conciencia? Claro que no. Tampoco debemos permitir que pretendan serlo. La mayoría de los chilenos ya sabemos qué productos son buenos o malos para nuestra salud y no necesitamos este tipo de advertencias. Sin embargo, Guido Girardi, Carlos Kuschel, Mariano Ruiz-Esquide, Evelyn Matthei y Carlos Ominami, creen lo contrario.

Al parecer los iluminados burócratas nos quieren salvar de lo que decidimos comer. A primera vista puede sonar razonable, pero si lo pensamos detenidamente, ¿no es acaso un insulto a la inteligencia de los chilenos? ¿Cuándo pasamos a tener un Estado niñera que cree que debe cumplir el rol de nuestra conciencia? Al prohibirnos consumir productos como el Kinder Sorpresa, e independiente de las intenciones del legislador, la medida pasa a llevar la autonomía de todos los chilenos. El Estado jamás debe protegernos de nosotros mismos, sino de las acciones coactivas de otros. De lo contrario, podría perfectamente decirnos cómo debemos pensar.

Hay programas de televisión que hacen mucho más por informar sobre una buena alimentación que este tipo de regulaciones paternalistas, que siguen una lógica coactiva. Programas como “Súper Alimentos”, que siguen una lógica cooperativa y voluntaria, generan espacios donde explicar los beneficios nutricionales de diferentes alimentos, como el cacao, la quínoa y el cochayuyo. Son las iniciativas de la sociedad civil las que verdaderamente pueden cambiar la cultura alimenticia chilena. Iniciativas que se basan en la persuasión y no en una ley, que es la compulsión y coacción mediante la fuerza pública.

Permitir este tipo de leyes es aceptar cualquier intromisión futura del Estado en otros ámbitos de nuestras vidas privadas. Ejemplos tan absurdos como el chaleco reflectante, la prohibición de los saleros en los restoranes o multas por utilizar aplicaciones de transporte, son el comienzo de un Estado iluminado que cree saber mejor que nosotros cómo debemos manejar nuestras vidas.

Los ciudadanos debemos estar atentos ante este tipo de políticas y ser escépticos del poder que dice ser benevolente. Muchas veces quitarnos la libertad en dosis pequeñas es una estrategia de éste. Por lo mismo, es intolerable que la política se transforme en un alimento con altos grados de control estatal.

Raffaello Criscuoli, miembro del Círculo Alumni FPP.